Jueves, 24 Agosto, 2017

La antieconomía del singobierno 


En esta semana en la que el verano astronómico viene a visitarnos, aunque el climático llegó hace tiempo, en la que las noches son cortas en horas pero largas en calores y en mosquitos, se habla de política tanto como de fútbol. El fútbol, bien lo sabemos los españoles que nacimos antes de la Roja, da tantas alegrías como tristezas. La política últimamente se ceba con las tristezas.

eleccionesAl principio del fin del bipartidismo se notaba una cierta ilusión por romper con el poder establecido, con las corruptelas y los cliente leíamos. Pero ahora que se pasa el primer enamoramiento descubrimos desilusionados que no está nada claro si navegamos hacia buen puerto porque las urnas, una vez más, nos pintan un panorama que requiere del entendimiento de quienes se niegan a entenderse.

Nos esperan semanas de arduo debate, de reuniones con luz y taquígrafos, de otras secretas, de búsqueda de mínimos para un pacto de gobierno, o de legislatura, o de mentira, hecho solo para poder seguir andando.

Pero la gravedad de la situación no estriba solo en la falta de altura de miras de nuestros políticos. Aún es más grave el que se hayan olvidado de por qué tenemos gobierno, que no es otra razón que el hacer la vida más fácil a los gobernados. Uno de los candidatos decía en campaña que no podemos estar más de seis meses en funciones. Se equivoca, se puede, somos tristemente capaces de demostrarlo. Eso sí, el coste es muy elevado.

No sólo nos sale caro porque seguimos pagando a unos diputados y senadores que poco han hecho en estos meses. El mayor de los costes es el de la oportunidad perdida para avanzar en muchos temas que necesitan el impulso del Gobierno -sea cual sea- para salir adelante. Llevamos paralizados desde diciembre de 2015 y, por muy bien que vayan las cosas, es poco probable que echemos a andar antes de septiembre de 2016.

El problema de fondo es grave. Explican Perelman y Olbrechts-Tyteca, los grandes rescatadores de la retórica clásica en el siglo XX, que para que una conversación tenga frutos, es imprescindible partir de unas bases mínimas de acuerdo sobre las que articular la argumentación posterior. Y aquí es donde la brecha entre políticos y sociedad se torna infranqueable.

Hay dos valores en juego: todos queremos que gane aquel partido que ideológicamente se acerca más a nuestra concepción y todos queremos un Gobierno que, como su propio nombre indica, gobierne y además lo haga con el bien común como norte. El drama radica en que para los políticos el primer valor prima sobre el segundo en orden jerárquico y para la sociedad, el segundo prima sobre el primero. Nunca llueve a gusto de todos, pero los políticos tienen la capacidad de que llueva más a su gusto que al nuestro.

Las cientos de encuestas que han llenado nuestras páginas muestran la indecisión de un elevado porcentaje de españoles respecto a su voto. Pero donde hay un marcado acuerdo es en el reproche general a nuestros líderes políticos por su incapacidad para llegar a un acuerdo y gobernar. Y retomar tantas tareas que se han quedado en el aire. Y promover mecanismos que nos ayuden a salir de la crisis. Y ocuparse de quienes más lo necesitan. Y organizar un sistema financiero y fiscal que no ahogue siempre a los mismos. Y, en resumen, resolver el problema de la antieconomía del singobierno.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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