lunes, 24 septiembre, 2018

Cientos de fotos, cientos de muertos


adiciones msolano 20160606 foto1Otra foto de esas que la sociedad tilda de sensacionalista. Un bebé sin nombre yace muerto en los brazos de una de las cientos de personas que otean las costas del Mediterráneo para ayudar a los que huyen de una Costa que solo dista un puñado de kilómetros de la del próspero Occidente. Porque, no nos engañemos, ni en medio de la feroz crisis económica deja Europa de ser radicalmente más próspera que una devastada tierra siria agujereada por más de cinco años de guerra.

Sé que la solución al problema no es abrir las fronteras de par en par. Es de primero de

Economía darse cuenta de que la pobreza se exporta con mucha más facilidad que la riqueza. Recibir a millones de refugiados de forma desorganizada y al unísono supondría el colapso de los sistemas económicos receptores y dejaría muchos más necesitados: los que han llegado, que no mejorarían, y los que están, que empeorarían.

Pero algo tenemos que hacer, porque es intolerable que el mundo amanezca cada día con la imagen de la muerte en una orilla, de la desesperación en una tambaleante patera. Sin embargo, nos queda una labor imprescindible, una labor sin la cual nada funciona, una labor que sirve de lubricante para que todas las piezas del engranaje hagan su función: la labor de evitar que olvidemos, que caigamos en una especie de anestesia permanente que nos lleve a desviar la mirada, a dejar de prestar atención.

adiciones msolano 20160606 foto2En una ocasión, cuando aún iniciaba mis pasos en la profesión periodística, tuve la oportunidad de ir a África para poder contar en vivo y en directo que el término “países en vías de desarrollo” es un triste eufemismo. Estaba visitando a unas familias que vivían de lo que recogían en un basurero. En una de las chabolas, una mujer con un pie en el otro lado sostenía a duras penas a su bebé. Me contaron que el resto de sus cinco hijos y su marido habían fallecido unos días antes, intoxicados por algo de comida que rescataron entre los desperdicios. Ella respiraba a duras penas en la tuberculosis que se la iba a llevar.

Alguien trazó al vuelo las cifras con las que podríamos sacar de la muerte a algunas de aquellas familias. Con la cámara colgada del hombro, me di cuenta de que tan solo el objetivo valía más de lo que aquellas personas necesitaban para sobrevivir un año. No recuerdo haber llorado tanto como aquel día. Agotada por la tristeza, le conté mi dolor al sacerdote que se ocupaba de aquella misión. Con gesto serio me dijo que escribiera mi mejor artículo y Dios haría el resto. Creo que así lo hice. Unos meses después, aquel sacerdote me envió un sencillo mensaje: “hemos multiplicado con creces el precio de tu objetivo con las donaciones recibidas. Gracias por darnos voz, por ponernos rostro”.

No cabe duda de que a veces la sobreabundancia de información provoca que dejemos de prestar atención a las tragedias que nos rodean. Pero cuando un periodista aprieta el botón de su cámara, no busca ganar el Pulitzer, sino transmitir lo que ve y siente como intolerable. Habrá alguno, no me cabe duda, que aspire a su minuto de gloria. Pero los más se juegan el tipo por contar lo que pasa. Y si llegan cientos de fotos de niños muertos, cientos de fotos de pateras volcadas, cientos de fotos de guerras y hambrunas, es porque hay cientos de niños muertos, cientos de pateras volcadas y cientos de guerras y hambrunas. Y tenemos que saberlo, tenemos que querer saberlo.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

Comentarios

  1. Asela Verduras de Mata dice:

    ¡Gracias María!

    Esta mañana, cuando difundí en tuiter una información de Médicos Sin Fronteras que decía “Ya no salen en los medios, pero siguen allí y siguen sufriendo” pensé que llegaban a nosostros con cada oleada de información, pero que al retirarse la marea desaparecían de nuevo, sin dejar apenas rastro y nosotros, los europeos, allí sentados en esa fría arena de la orilla, mirando como las olas van y vienen y olvidando, porque dejan rastro, claro que lo dejan “la imagen de la muerte en una orilla” como bien dices. No puede ser que vivamos a impulsos de información y con la idea de que lo que no está en los medios no existe. Debemos arraigarlo en nuestro corazón y abrirlo a la ocasión que a cada uno se nos presente. Dándoles voz. Presentando su sufrimiento a Dios en nuestra oración. Apoyando las iniciativas sobre el terreno…

    “Tenemos que saberlo, tenemos que querer saberlo” Claro que sí. Y gracias de nuevo!!

  2. Gracias por este hermoso y valiente testimonio. Se nos debería caer la cara de vergüenza ver como desperdiciamos nuestro tiempo y dinero en superficialidades y caprichos. Entre todos podemos ayudar al necesitado. Un abrazo

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