lunes, 16 julio, 2018

El olvidado ‘bien común’


Adiciones msolano 20160516 foto2De entre las miles de pesadas e infructuosas noticias políticas con las que amanecemos cada día, dos me han sorprendido especialmente. La primera, hará un par de semanas, reseñaba que sus señorías, diputados de la frustrada y frustrante legislatura que acabó sin legislar, habían acordado perfectamente unidos con independencia de las siglas que ostentase su partido, quedarse la tableta y el teléfono móvil de última generación que les habían sido entregados en razón de su cargo. Alegaban sin vergüenza alguna la complicación de los trámites administrativos para su devolución, toda vez que es posible que algunos repitan después del 26J.

La noticia no pasaría de la anécdota si no se diera la circunstancia de que, tras tres intensas reuniones, todos los grupos políticos con representación parlamentaria hayan sido incapaces de alcanzar un acuerdo de mínimos para reducir el abultadísimo gasto de la nueva campaña electoral, tan ineficaz, previsiblemente, como la anterior.

Adiciones msolano 20160516 foto1A España le faltan políticos de talla y aquí no hay signos. El detalle de la tableta y el teléfono y la incapacidad para llamar a las cosas por su nombre y reconocer que, en el siglo XXI, el de Twitter y los debates de la tele que mezclan política con lucha en el barro, es sencillamente ridículo seguir empapelando –y ensuciando- muros y farolas con la trasnochada cara del candidato restaurado con abundante Photoshop.

La gravedad del asunto es que nuestros gobernantes no menciona ni una sola vez en sus demagógicos discursos la idea del bien común, idea primigenia que lleva a la humanidad a organizarse según estructuras de gobierno más o menos complejas desde tiempos inmemoriales. La política tiene una parte fundamental de vocación de servicio de la que carecen un buen número de políticos. Pero hay otra parte que es lo que hoy se llama un win-win, una relación simbiótica con la que todos ganan. El político que es buen político se mantiene en su cargo. Y se considera buen político a aquel que favorece al bien común.

Pero hoy la política no persigue el bien común porque una mal entendida gestión del marketing político ha confundido las tornas. El bien común siempre da rédito, pero a largo plazo. Y el asesor contratado con factura multimillonaria necesita réditos inmediatos para seguir comiendo. Por eso se decanta por una política tan basada en las audiencias como la programación televisiva.

Apoyados por el aparataje de la estadística moderna, las decisiones de los políticos se toman a golpe de encuesta. Ya no importa lo que importa sino lo que parece importar, sea bueno, malo o regular. El bien común queda desdibujado si se consigue rascar un puñado de votos con una política imposible pero que deja buen sabor de boca.

Algunos dicen que el ‘bien común’ siempre es el fin que persiguen con estos medios. Pero el bochornoso espectáculo que nos están dando hace pensar que han confundido el bien común con el privativo de su casa.

María Solano
@msolanoaltaba

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