miércoles, 17 octubre, 2018

El árbol


4313779ab90cc1b83b960cc36fe69dd9La editorial Impedimenta suele seleccionar cuidadosamente sus títulos. Uno de los más recientes es un tratado sobre los árboles escrito por John Fowles, algo así, porque de los árboles deriva a su filosofía. Algunos de los lectores lo reconocerán por ser el autor de “La mujer del teniente francés”, de la que se hizo versión cinematográfica con Meryl Streep a la cabeza del reparto. Al autor inglés se le despertó muy pronto la pasión por la historia natural y por el campo, pero lo único que de niño podía ver desde su habitación, era una reducidísima colección de frutales que su padre cuidaba como si pusiera la vida en ello.

Fowles-padre había combatido en la Gran Guerra, y frente al desorden de un conflicto que pone boca abajo las relaciones humanas, buscó cierto equilibrio, una forma de sosiego en su casa, por eso plantó los frutales. Pobre Sr. Fowles, sólo pensaba en los árboles porque le daban beneficios, igual que pensaba en sus acciones o sus participaciones. El mayor cumplido que él mismo hacía de su cosecha era “lo mucho que la fruta habría costado en el mercado la semana pasada”. Aquel era un espacio que el padre podía controlar.

Pero Fowles-hijo quería otra cosa, el mar abierto de los árboles en libertad, y una aproximación más humanista. El quería entrar en el bosque, porque el árbol es una criatura nacida para vivir colonialmente, y anegarse en su silencio, su enclaustramiento, su aura. Todas las palabras que usa en este librito, proceden de cualquier diccionario religioso. Fowles dice que nunca tuvo una religión que seguir, nadie le enseñó, “pero hallo cierto sentimiento religioso en mi devoción por los bosques, es el silencio, esta constante sensación de espera que invade este lugar, lo que me resulta más inquietante”. Le doy la razón, la espera es el tercer brazo que todos esperamos tender a quien responda a nuestras inquietudes ocultas. De hecho, se recuerda en el libro que los primeros espacios sagrados del Neolítico consistían en arboledas artificiales hechas de troncos talados.

Me gusta este escritor hastiado del hombre y su técnica, “cuando los científicos se refieren a los procesos biológicos que se llevan a cabo en el laboratorio, utilizan el término “in vitro”; en el vidrio, no en la naturaleza. La evolución de la mentalidad humana ha hecho que ahora estemos todos in vitro, detrás del cristal de nuestro propio ingenio”

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. El azar es un caos imprevisible…por eso es imposible, Javier que el azar se tomase tantas molestias en crear la vida.El equilibrio de la naturaleza en la que cada elemento tiene una función y se predispone “mágicamente” para cumplirla…cada vez que uno observa una flor con dibujos y formas geométricas casi perfectas..flipa…y lo inconcebible es que la flor de al lado también sepa dibujar la misma simetría…cuestión de genética?…sí…pero quién la escribe, quién compacta los microscópicos paquetes de información como si fuesen una creación de ingeniería….el azar?…oh no…para qué iba a hacer algo así el azar que todo lo desordena? Observar y profundizar en las maravillas del universo es abrir una puerta a una nueva dimensión del arte. Observar y comprender la fuerza de cada pincelada nos acerca a la palpitación del artista haciendo aflorar sentimientos que desconocíamos que poseíamos.Olvidamos con frecuencia que la palabra está escrita en cada óleo del ala de la mariposa, en la música del río, en el olor a tierra después de la tormenta, por eso la intuición aún no oculta por la tímida técnica Neolítica…les permitía a estos seres humanos aún sentir que formaban parte de algo extraordinario a lo cual se le debía un hondo agradecimiento. El hecho de hallarse , plastificados al vacío, in vitro,como tú apuntas nos ha hecho seres asépticos que han perdido toda sensación e intuición,desconectados de la misma vida que nos sustenta pasamos de largo aplastando su belleza…no somos capaces ya descubrir su grandiosidad.Por eso nos creemos dioses.Hemos olvidado que la vida no ha sido originada por nosotros…que nosotros no hemos sido sus arquitectos. Lo siento, Javier,por ser siempre la chapas de a pie de página…me he pasaaaaooopero es que es bellísimo lo que dices y me resulta imposible permanecer impasible.

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