Jueves, 24 Agosto, 2017

Aquello que me llena de esperanza, me sucede en la calle


UnknownNo sé por qué, o tal vez sí, todo lo bueno, ¡no!, lo mejor, o quizás lo extraordinario, aquello que me nutre y me llena de esperanza, me sucede en la calle.

Claro que para eso tienes que ponerte la bata blanca de la escucha y las gafas del mirar atentamente. Una mañana, porque es en la mañana cuando acontece lo importante, dos inmigrantes nigerianos, Koko y Godstime (curioso nombre, que significa “tiempo de Dios”), a los que yo ya conocía previamente, me piden si quiero darles clases de español. No lo dudé ni un momento. El único problema era dónde. Mi casa no me parecía el lugar adecuado por diferentes motivos que luego demostraron ser acertados.

Me fui a mi parroquia y les pedí a los curas que me prestaran un aula, ya que siendo verano no se utilizaban. Les compré cuadernos, bolis y empezamos.
Siempre llegaban antes que yo y me saludaban con un “Good morning, sister”, buenos días hermana. Yo les pregunté si “sister” me lo decían al “african way”, ya que yo no soy monja.

Tengo que decir que jamás tuve alumnos tan puntuales, aplicados y respetuosos, así como agradecidos.

Unknown-1Les iba enseñando frases básicas hechas para que así pudieran comenzar a expresarse, y el vocabulario típico de cuando uno aprende un nuevo idioma: contar, los días de la semana, los meses, las horas, los colores, la familia…. ¡¡¡¡y ahí se montó la mundial!!!! Hacer preguntas normales como ¿tienes hermanos?, ¿primos?, ¿de dónde eres?, ¿dónde vives?, es algo que hago habitualmente con los que se inician en una lengua. Pero para ellos era diferente. Uno se enfada y me dice en inglés, “haces demasiadas preguntas”. Yo no entendía por qué estaba tan molesto, ¡vaya tío más raro!, pensé.

Le expliqué  que al enseñar una lengua es normal hablar de la familia porque es algo muy sencillo, básico y común para todos, y que así podían empezar a establecer un mínimo diálogo con la gente. Pero claro, era sencillo para mí, ciudadana europea, blanca, donde las mafias no te acosan, ni la policía te chantajea y te empapela por cuatro chorradas.

Unknown-2Conseguí que se calmara y entonces me explicó cómo era la vida en Nigeria y por qué habían abandonado su país. El miedo constante a ser parado en la calle y sometido a extorsiones, la indefensión total a la que se enfrentaban, el pavor al daño físico en él o en los tuyos. Qué difícil para nosotros, bien alimentados, protegidos por nuestros derechos constitucionales, entender lo que es vivir en el horror y en el infierno, habiendo perdido toda esperanza de que las cosas mejoren en tu patria, en tu casa. Sabiendo que a las clases dirigentes no les importa nada.

Acabadas las clases me los llevaba a desayunar. Café con leche, tortilla de patata y mucho pan. Así estuvimos dos meses aprendiendo un poquito. Había días que venían agotados, les dolía la cabeza. Sobre todo los viernes, ya que el jueves tenían vigilia nocturna en su iglesia y eso era sagrado. Leían las lecturas en sus Biblias antes de ir y subrayaban los pasajes que les llamaban más la atención.

En las puertas de los supermercados les esperaban largas horas para poder pagar el alquiler de la habitación que compartían con otros inmigrantes. Días de calor abrasador, alcanzando temperaturas de hasta 40 grados secos, sin brisa, a lo que no estaban acostumbrados. O días de frío intenso en invierno, con lluvias y alguna nevada, siempre de pie, tanto sanos como temblando por la  fiebre cuando brotaba la malaria, sin médico y sin osar a ir a un hospital por miedo a ser deportados.

Pero a pesar de todo, no pierden la sonrisa. Ayudan siempre que pueden a llevar bolsas a las ancianas, acarician a los niños y dan los buenos días a todo el que entra. Si están comiendo, te ofrecen de lo suyo. Y yo soy muy afortunada porque me consideran su “sister”, la teacher española.

Teresa Campoamor

Comentarios

  1. me has tocado el corazón, un abrazo fuerte fuerte fuerte lleno de amor para ti en este viernes, guapa guapa y guapa.

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