lunes, 23 octubre, 2017

Una herencia incómoda


Una herencia incómodaY le echó Yahveh Dios del jardín de Edén. 

Génesis 3-23

Acaba de publicarse uno de los libros más polémicos de los últimos años, «Una herencia incómoda», de Nicholas Wade, editor de revistas como Nature o Science y de periódicos como The New York Times. Nada menos que ciento treinta y nueve genetistas han firmado una carta que el lector de la mirada infinita puede leer en inglés aquí en la que señalan que las hipótesis que el libro plantea no están soportadas por la evidencia científica.

Demócrito, según retrato de Ribera

Demócrito, según retrato de Ribera

Pero es que la inexistencia de pruebas científicas no desautoriza en absoluto el libro: Por un lado, la historia está llena de ejemplos en los que alguien formula una hipótesis basándose en una intuición que sólo se refrenda al cabo de mucho tiempo, y la intuición está soportada únicamente por el hecho de que la propuesta proporciona una causa suficiente o más económica para los efectos que se están observando. Citaremos dos casos: Demócrito y Leucipo postularon en el 400 a.C. que la materia estaba constituida por átomos; por su parte, Filolao, Heráclides Póntico y el gran Aristarco de Samos afirmaron en torno a los siglos IV y III a.C. que la Tierra orbitaba alrededor del Sol.

Pero es que —como muy bien señala Wade en el prólogo— todo aquel que investigue en torno a la evolución genética de la especie humana en los últimos 50.000 años se expone a ser tachado de racista por los nuevos inquisidores que pueblan las universidades actuales (p. 4):

Hace tiempo que muchas personas, entre las que se cuentan científicos sociales y gran parte de la izquierda académica, hicieron lo que parece que es una elección desafortunada: la de basar su oposición al racismo no en principios, sino en la afirmación de que la raza es un constructo social, no una realidad biológica. Por ello se oponen rabiosamente, por motivos políticos, a cualquier discusión de la base biológica de la raza.

Edición del libro de Madison Grant

Edición del libro de Madison Grant

Por tanto, es muy difícil que aparezcan pruebas de las inteligentes hipótesis que Wade formula porque en sí mismo es difícil encontrar evidencias irrefutables sobre asuntos que ocurrieron hace tanto tiempo y porque nadie se atreve a investigar. El lector únicamente puede enjuiciar el trabajo de Wade armado con su discernimiento, y a quien esto escribe el libro le parece una obra enormemente bien argumentada.

El capítulo titulado «Perversiones de la ciencia» constituye un repaso a las teorías racistas y eugenésicas más importantes. Destaca en esta amarga relación la extensa nómina de teóricos que buscaron la aplicación de los principios de Darwin a las sociedades. Muchos de los autores fueron norteamericanos. Uno de ellos, Madison Grant (1865-1937) publicó un libro de notable éxito. «The Passing of the Great Race». Escuchemos la espeluznante anécdota (p. 40):

Pero su participación [de Grant] en la Ley de Inmigración de 1924 no fue el menor de sus efectos malignos. Grant recibió un día una carta de un ardiente admirador que había incorporado muchas ideas de The Passing of the Great Race en una obra propia. «El libro es mi Biblia», el admirador aseguró a Grant. El admirador de Grant, el autor de Mein Kampf, era Adolf Hitler.

El primatólogo Bernard Chapais

El primatólogo Bernard Chapais

El capítulo «Orígenes de la naturaleza social humana» aporta un interesantísimo relato de la evolución del architatarabuelo común de chimpancés y humanos del que es autor el eminente primatólogo Bernard Chapais. Al parecer, una sequía redujo hábitat de nuestros antepasados, y algunos se aventuraron a descender de las copas de los árboles mientras que otros permanecieron en las alturas. Este cambio tuvo consecuencias fundamentales que paulatinamente nos fueron alejando de nuestros hermanos chimpancés: los machos empezaron a proteger más a las hembras a causa de los mayores peligros de la vida en el suelo y esto fomentó la monogamia y la identificación del padre mediante un largo proceso que dio lugar a los clanes y la cooperación: en el suelo sólo prosperaron los individuos más altruistas.

El psicólogo Michael Tomasello

El psicólogo Michael Tomasello

Repasemos algunas de las consecuencias de la evolución que examina Wade. Según el psicólogo del desarrollo Michael Tomasello «si niños de dieciocho meses ven a un adulto no emparentado con las manos llenas que intenta abrir una puerta, casi todos intentarán ayudarlo de inmediato». Estos impulsos son innatos, no aprendidos. El deseo de ayudar ha desarrollado en nosotros uno de nuestros rasgos más emocionantes, que es conocido entre los psicólogos con el término «teoría de la mente». Se trata de nuestra aptitud para conjeturar lo que está pensando el otro.

Otro rasgo esencial que hemos desarrollado por selección natural es el control de la agresión, que se ha conseguido fomentar o inhibir a voluntad en poblaciones de ratas. Se debe a un gen que recibe el nombre de MAO-A (acrónimo de monoamino oxidasa) descubierto a raíz de que un grupo de mujeres holandesas se propusiera encontrar una explicación para la conducta antisocial de los hombres de su familia. Se sabe positivamente que es heredable y se correlaciona con la delincuencia. Los nuevos modos de vida fomentados por la agricultura —que es otro de los hitos históricos que Wade examina en su libro— favorecieron el que prosperasen las estirpes menos agresivas.

De modo que multitud de asuntos que tenemos por culturales resulta que asimismo son resultado de la selección natural. Llegamos a la que para mí es una de las grandes tesis del libro (p. 48):

Todos los tipos de sociedad humana, desde la cuadrilla de cazadores-recolectores hasta la nación moderna, se fundamentan en una serie de comportamientos sociales. Tales comportamientos, que con toda probabilidad tienen una base genética, interactúan con la cultura para producir las instituciones que son características de cada sociedad y la ayudan a sobrevivir en cada entorno particular.

Nicholas Wade

Nicholas Wade

En otras palabras: según Wade, las costumbres de las distintas sociedades son producto de la evolución genética. Y también lo son las razas. Uno de los problemas para su estudio, como ya comentábamos, es la oposición de una parte significativa del mundo universitario, pero otro de los problemas es la enorme complejidad del asunto. Se sospecha que las oleadas de emigrantes comenzaron a salir de África hace unos 500.000 años y el éxodo se prolongó durante otros 40.000 hasta que la especie terminó de expandirse. Desde entonces, es fundamentalmente cierto que hasta la época histórica las poblaciones han permanecido asentadas de manera estable en determinadas regiones donde la evolución ha continuado de manera divergente.

El libro se interesa por los rasgos genéticos que determinan las características físicas. Al parecer se trata de un asunto que sólo ahora empieza a conocerse con profundidad, ya que muy raramente los rasgos se deben a una única posición concreta del genoma, lo cual dificulta enormemente las investigaciones. Por el contrario, una característica tan definitoria como ser alto está determinada por unos tres centenares de posiciones del genoma, cada una de las cuales tiene su pequeña contribución. Desde un punto de vista genético, hay muchas formas distintas de ser alto. Otros rasgos como el color de la piel o la inteligencia asimismo están determinados por un enorme número de genes cada uno de los cuales contribuye en una pequeña medida.

En el caso de las razas, los especialistas han seleccionado un conjunto de 128 «marcadores informativos de alcurnia» en el genoma que bastan para asignar a la gente su raza continental de origen —europeo, asiático, indio americano, africano o aborigen australiano—, y si se amplía el conjunto por encima de los 326 marcadores es posible diferenciar entre etnias emparentadas estrechamente.

 

INSTITUCIONES Y EVOLUCIÓN

Como decíamos, una de las grandes cuestiones que debaten los genetistas es, si la evolución se detuvo o no hace 50.000 años. Wade señala que la resistencia a la malaria es una característica genética que se presenta entre la población africana actual, ya que está expuesta al mosquito portador de la enfermedad. Sin embargo, los africanos que fueron llevados como esclavos al Nuevo Mundo han ido perdiendo esta característica genética, que no es necesaria en América, y la han ido reemplazando por la resistencia a la gripe, por cuanto sí están expuestos a esta enfermedad, de modo que con sólo unos pocos siglos de evolución desde que los esclavos fueron deportados ya es posible diferenciar genéticamente a un individuo de raza negra americano de uno africano. Un par de cifras útiles: se considera que un 85% de la variación genética humana se da entre individuos, mientras que el 15% restante se da entre poblaciones.

Familia de judíos askenazíes

Familia de judíos askenazíes

La gran tesis del libro aparece desarrollada en el capítulo «Sociedades e instituciones». Según Wade, lo que verdaderamente distingue a las razas —y expresa la influencia del medio y las adaptaciones genéticas que en cada lugar del mundo han tenido lugar— son las instituciones propias de cada sociedad, que surgen como resultante de la influencia mutua entre genética y cultura: religión, comercio, leyes y guerra son objeto de atención junto con los dos grandes hitos históricos que han influido en la evolución genética reciente a criterio de Wade: la institución de la agricultura y la Revolución Industrial. Asimismo es interesante la relación que se establece entre la creación del Estado a consecuencia de la formación de las primeras aglomeraciones urbanas que actúa como debilitador del tribalismo.

Un capítulo se dedica a estudiar al pueblo judío. ¿Por qué un 0,2% de la población mundial tiene aproximadamente un tercio de los premios Nobel? Como es lógico, Wade atribuye esta superioridad intelectual a causas evolutivas. Hace 3000 años los judíos no eran diferentes de unos vecinos que modernamente han dado lugar a turcos, árabes o armenios, pero su fuerte propensión a la endogamia por causas religiosas los ha mantenido prácticamente aislados y por esa razón han evolucionado de manera distinta. Dejamos la fascinante explicación de por qué el cociente intelectual de los judíos askenazíes —y no el de los judíos sefardíes— es en promedio dieciséis puntos superior al de los europeos para los que se adentren en las páginas de este libro ejemplar.

 

EL TELESCOPIO Y OCCIDENTE

El historiador Mark Elvin

El historiador Mark Elvin

El invento del telescopio en 1608 y las resistencias a su adopción encontradas en Mongolia, Turquía, el Islam o China le sirve a Wade para indagar en las causas de la preeminencia occidental en materia científica y artística. Wade rechaza el consabido determinismo geográfico como única causa explicativa: Europa y las civilizaciones de Asia Oriental tienen una latitud parecida. Tampoco la economía parece explicar el asunto. Según el historiador Mark Elvin, todos los factores que contribuyeron a desencadenar la Revolución Industrial en Inglaterra también estaban presentes en China. Otras explicaciones, como la apertura de las sociedades europeas, el respeto a la ley o la existencia de diversos centros de poder —que acaso expliquen la cuestión según el historiador Niall Ferguson— dejan intacta la causa última de por qué esto es así.

El historiador Niall Ferguson

El historiador Niall Ferguson

Wade compara las cinco grandes evoluciones de la especie humana y toma como referencia a los aborígenes australianos, unos seres humanos asentados en sus actuales dominios desde hace 46.000 años que han repelido a todos los extranjeros hasta el siglo XVII y que no han producido la rueda ni el arco y las flechas. La penuria demográfica no creó ciudades ni, mucho menos, imperios. En África únicamente llegaron a formarse estados primitivos sin competidores semejantes a los que tuvieron Mesopotamia, los imperios del valle del río Indo o los imperios mesoamericanos. No desarrollaron la rueda ni, por ausencia de excedentes, un comercio importante o un derecho de propiedad. La llegada de los conquistadores europeos, al igual que sucedió en América, abortaron la modernización de los incipientes estados autóctonos.

Posible mapa de las migraciones según Saitou y Nei (2002)

Posible mapa de las migraciones según Saitou y Nei (2002)

¿Qué llevó a una China unitaria, muy poblada y muy bien organizada, o al Islam, a perder la carrera histórica frente a una Europa que hace 10.000 años vivía en el atraso más absoluto, que experimentó una enorme confusión a raíz de la caída del Imperio Romano y que hacia 1200 —e incluso hasta 1500— estaba muy atrasada? Desde un punto de vista tecnológico o filosófico, Europa asimismo estaba atrasada ante los inventores del papel, la brújula y la pólvora y los traductores de la filosofía griega. Wade articula una respuesta coherente a estos enigmas históricos sobre la comparación de las instituciones europeas, que son las verdaderas artífices de la preeminencia occidental, y las instituciones chinas o árabes. El secreto ha sido el modo de organizarse.

La agresividad de los primates

La agresividad de los primates

Terminamos aquí este incompleto recorrido por la apasionante pesquisa que Wade establece en su polémico libro y no entraremos en la clarividente sección dedicada a lo que, en su opinión, está por venir. Por influencia de los modernos inquisidores, siempre habíamos experimentado una (absurda, persistente) sensación de malestar por el conflicto interior que se nos crea a los que tenemos una concepción unitaria de la especie humana en lo relativo a los derechos y al mismo tiempo constatamos las enormes diferencias de desarrollo que se han producido a lo largo de la historia y que nos han traído hasta la situación actual.

El discurso de Wade aleja cualquier tentación de superioridad racial blanca occidental, y al mismo tiempo explica de manera convincente por qué los seres humanos que se asentaron en occidente se volvieron blancos y pusieron en marcha mecanismos evolutivos, culturales, científicos e institucionales que han influido benefi­cio­sa­mente en su genética. Asimismo proporciona claves fundamentales que otras civilizaciones importantes podrían adoptar si es que hubiera en ellas un poder central verdaderamente interesado en el progreso de la especie. Por último, desenmascara a los bienpensantes (me niego a escribir el engendro «biempensantes») de lo políticamente correcto que afligen nuestra vida científica, universitaria y cultural con discursos dogmáticos y notoriamente deficientes, por cuanto no articulan una explicación de lo que ve cualquiera que no tenga prejuicios.

Álvaro Fierro Clavero
 www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Soledad Cavero dice:

    Todo cuanto argumentemos sobre la evolución de las especies es relativo, a no ser que nos introduzcamos en el fondo interior, no exterior, de la supuesta evolución. El espacio cósmico, intemporal, es imprescindible para tratar de comprender los niveles evolutivos.

    Enhorabuena, Álvaro, por tu magnífico trabajo durante tanto tiempo. Siento que lo dejes. Soledad Cavero

  2. Ciertamente interesante esa interrelación entre mecanismos evolutivos, culturales, cientificos e institucionales y la genérica.

    Siento sinceramente que suene a despedida. La mirada infinita ha sido muy estimulante e interesante.¡Muchas gracias!

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