lunes, 23 octubre, 2017

Barataria


Alfredo Landa como Sancho Panza

Alfredo Landa como Sancho Panza

Sólo unos pocos estamos capacitados para gobernar,
pero todos somos capaces de juzgar una política.

Pericles

Debemos a un tal Alonso Fernández de Avellaneda la redacción de un Quijote apócrifo que se publica en 1614, a los nueve años de la aparición de la Primera Parte de la obra de Cervantes. La obra tuvo cierta aceptación y se cree que fue una de las causas que impulsaron al autor madrileño a rematar la sensacional Segunda Parte —editada en 1615— con multitud de referencias al Quijote impostor. En el Prólogo, Avellaneda llama a Cervantes nada menos que «viejo, manco, orgulloso, deslenguado». En el Quijote de Avellaneda, el ilustre hidalgo llega a la ciudad de Zaragoza, lo cual explica que Cervantes opte por conducir a su protagonista a Barcelona y cambie su decisión inicial de llevarlo a la capital aragonesa para enfrentarlo con Sansón Carrasco. El escritor, en el elogio de la ciudad catalana que pronuncia durante el diálogo con Álvaro Tarfe —personaje que había creado Avellaneda—, muestra su enfado al tiempo que realiza una originalísima fusión entre la realidad y la literatura que es antecesora en muchos siglos de la moda actual de la autoficción:

—Yo —dijo don Quijote— no sé si soy bueno, pero sé decir que no soy el malo. Para prueba de lo cual quiero que sepa vuesa merced, mi señor don Álvaro Tarfe, que en todos los días de mi vida no he estado en Zaragoza, antes por haberme dicho que ese don Quijote fantástico se había hallado en las justas desa ciudad no quise yo entrar en ella, por sacar a las barbas del mundo su mentira, y, así, me pasé de claro a Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los estranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y en belleza, única; y aunque los sucesos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre, los llevo sin ella, solo por haberla visto. Finalmente, señor don Álvaro Tarfe, yo soy don Quijote de la Mancha, el mismo que dice la fama, y no ese desventurado que ha querido usurpar mi nombre y honrarse con mis pensamientos. A vuestra merced suplico, por lo que debe a ser caballero, sea servido de hacer una declaración ante el alcalde deste lugar de que vuestra merced no me ha visto en todos los días de su vida hasta agora, y de que yo no soy el don Quijote impreso en la segunda parte, ni este Sancho Panza mi escudero es aquel que vuestra merced conoció.

Edición de El Quijote de Avellaneda

Edición de El Quijote de Avellaneda

En 1568 Cervantes se había hospedado en la villa aragonesa de Pedrola en la casa del duque de Villahermosa mientras estaba al servicio del cardenal Julio Aguaviva. A un par de leguas se encuentra el pueblo de Alcalá de Ebro, donde hay una extensión de terreno que durante las crecidas del río casi se convierte en una isla. De aquí le vino la idea de uno de los episodios más justamente célebres de la Segunda Parte: el de la ínsula Barataria.

Palacio de los duques de Villahermosa

Palacio de los duques de Villahermosa

Sancho recibe el encargo ficticio de gobernar la pequeña isla tras el encuentro con los duques de Villahermosa en la ficción, los cuales tienen el propósito de divertirse con la estrafalaria pareja y los someten a toda clase de chanzas y tejemanejes —la aventura del caballo Clavileño, la llegada de la falsa condesa Trifaldi, el supuesto combate con el gigante Malambruno:

Mirad amigo Sancho, respondió el Duque, lo que puedo dar os doy, que es una Insula hecha y derecha, redonda y bien proporcionada y sobremanera fértil y abundosa, donde si vos os sabéis dar maña, podréis con las riquezas de la tierra granjear las del cielo.

Edición de la Segunda Parte de El Quijote

Edición de la Segunda Parte de El Quijote

Y en esta ínsula el pequeño escudero demuestra su sagacidad en una de las transformaciones intelectuales más conmovedoras que haya experimentado personaje literario alguno. La mayor parte de los habitantes de la isla están en el ajo y conocen de qué va el asunto. Quieren probar el temple del escudero y empiezan ensalzándolo por el procedimiento de darle el tratamiento de don. Tras acreditar su modestia, Sancho Panza empieza a administrar justicia con sensatez e inteligencia ante vecinos que vienen a exponerle difíciles casos que el discreto escudero va solucionando. He aquí algunas de las medidas que relata Cervantes en la conclusión de la aventura:

Moderó el precio de todo calzado, principalmente el de los zapatos, por parecerle que corría con exorbitancia; puso tasa en los salarios de los criados, que caminaban a rienda suelta por el camino del interese; puso gravísimas penas a los que cantasen cantares lascivos y descompuestos, ni de noche ni de día; ordenó que ningún ciego cantase milagro en coplas si no trujese testimonio auténtico de ser verdadero, por parecerle que los más que los ciegos cantan son fingidos, en perjuicio de los verdaderos.

Hizo y creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese, sino para que los examinase si lo eran, porque a la sombra de la manquedad fingida y de la llaga falsa andan los brazos ladrones y la salud borracha. En resolución, él ordenó cosas tan buenas, que hasta hoy se guardan en aquel lugar, y se nombran «Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza».

Estatua dedicada a Sancho Panza en Alcalá de Ebro

Estatua dedicada a Sancho Panza en Alcalá de Ebro

La lección que proporciona Cervantes —una de las muchas— en el episodio de la Ínsula Barataria es opuesta a la frase de Pericles que encabeza el artículo, y cualquier persona sensata y prudente puede acertar en el gobierno de los asuntos públicos, especialmente los municipales. Dándole la vuelta a la frase, si hemos llegado a la situación actual es porque personas insensatas e imprudentes han ocupado puestos que no debían y no han sabido estar a la altura de las circunstancias, lo cual ha situado a nuestro país en una arriesgadísima situación económica, política e institucional.

Festín de Sancho Panza en la ínsula Barataria, de José Carbonero

Festín de Sancho Panza en la ínsula Barataria, de José Carbonero

Es falso que gobernar sea difícil si se cuenta con los políticos adecuados, aunque la empresa de encontrarlos no esté exenta de complicaciones. En ello nos encontramos ahora los españoles, y da la impresión de que no pocos votantes se proponen sustituir los malos políticos de toda la vida por nuevos políticos aún peores.

Joseph Beuys

Joseph Beuys

Hay un segundo asunto de este episodio cervantino que me llena de esperanza. Existe la posibilidad real de que, como le ocurrió a Sancho, seamos sin saberlo excelentes en determinadas ocupaciones que no hemos tenido todavía ocasión de desempeñar. La gran pregunta es en cuál de todas las Baratarias imaginables que nos rodean podríamos ser lo que no estamos siendo en la vida real. Adónde tendríamos que dirigirnos. El gran Joseph Beuys opinaba que todo ser humano era un artista. A mí me complace pensar que, en algún ámbito, todo ser humano es un genio.

Álvaro Fierro Clavero
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Comparto totalmente tu mirada sobre este asunto.
    Bien lo supo contar el genio de Cervantes con ternura y un sentido del humor maravilloso.
    Es cierto que el ser humano puede dar muchísimo más de sí, pero no nos lo terminamos de creer.
    Muchas gracias por plantear este tema de una forma tan bonita.

  2. María Jesús dice:

    Me ha encantado, Álvaro, ya había olvidado esa descripción de Barcelona.
    Un abrazo,
    MJ

  3. Me ha gustado recordar este pasaje, muchas gracias.

  4. Gracias Álvaro y larga vida a Sancho Panza.

  5. No sé. El punto es que la Ínsula era de alguien, tenía dueño, no era “pública” (como ese dinero público que según los políticos no es de nadie). Yo creo que el no reconocimiento de que somos criaturas y no seres autónomos y creadores conduce al caos irreversiblemente, por mucho que las personas concretas en el poder sean ora mejores ora peores. En realidad los reaccionarios sabemos que el “nuevo régimen” no tiene salvación.
    Pero la comparación me ha resultado muy interesante, mucho me temo que en los próximos meses el nivel de la discusión política no va a ir por ahí. Y no, no todos los seres humanos podemos ser artistas aunque podamos todos ser algo mucho más importante.

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