lunes, 23 octubre, 2017

Diez sinfonías para no morir nunca


Las cosas hermosas son una alegría eterna.

John Keats

 

Para mis queridos Fausto Mondéjar y Carlos Rodríguez Acosta

Partitura de la Octava Sinfonía de Anton Bruckner

Partitura de la Octava Sinfonía de Anton Bruckner

¿Qué razón puede llevarle a uno a elaborar listas de sus obras musicales favoritas? En mi patológico caso, la música me hace participar de lo eterno. Cuando escucho la gran música, me contagio de esa plenitud que las obras proyectan y me siento como si no fuera a morir porque mi cerebro toca lo que no se marchita. A diferencia de otros procedimientos que el ser humano ha encontrado para sentir a lo grande, como las drogas o la bebida o la comida o la acumulación de propiedades o el juego o el sexo o el deporte, a la música sólo le encuentro generosidad a lo largo de toda la vida, y uno comprende ciertas cosas relacionadas con la existencia a través de la escucha de las obras capitales que ha producido Occidente.

¿Y qué es lo que uno comprende?: que todo lo importante, lo que tiene verdadero valor y sentido en el mundo siempre está relacionado con la belleza: si algo no es hermoso en alguno de los muchísimos modos que tiene la belleza de manifestarse, eso es señal de que aquello no es conveniente para nosotros y, antes o después, va a perder capacidad de seducción.

Ya sé que la idea de belleza está considerada como algo blando o periclitado o reaccionario o cursi por muchos para quienes lo que debe pretender una obra de arte es remover las conciencias, o subvertir el orden social establecido, o inaugurar una nueva etapa en la historia del arte a criterio de los especialistas, o servir a una determinada causa política o comercial. Sin embargo, al cabo de cuarenta y tantos años de escucha continuada de la gran música occidental tengo la convicción de que sólo el impulso genuinamente estético es capaz de producir realizaciones que resistan el desgaste del tiempo y el paso de las modas porque en ellas reside el espíritu. Los fascinantes Nueve Libros de Madrigales de Monteverdi tienen mucho que decirnos al cabo de cuatrocientos años de su composición.

Acaso sea la sinfonía el género en el que los compositores han realizado los mayores esfuerzos: por su extensión, por los medios empleados, porque en ellas cabe el hombre junto a los mundos. Seguramente conviene que digamos brevísimamente en qué consiste la forma clásica de la sinfonía: Es una sonata que interpreta una orquesta. La sonata, a su vez, consiste en cuatro movimientos contrastantes que de acuerdo con el inventor de esta forma musical, el superlativo Franz Joseph Haydn, se denominan según el tempo de cada uno: Allegro, Andante, Minueto y Allegro. El minué o minueto era propiamente una danza francesa que se bailaba con pasos pequeños —minutos, es decir, diminutos, de ahí el nombre—, luego indirectamente también se refiere a un tempo. A partir de la Segunda Sinfonía de Beethoven, el tercer movimiento de la sinfonía clásica se convierte en un Scherzo, que significa «gracioso» en italiano, es decir, un movimiento más ligero, aunque es Mendelssohn quien sienta cátedra al respecto.

La estructura del Allegro de la sonata, a su vez, es la de Exposición —donde el músico presenta una primera sección A en la tonalidad más importante y una segunda sección B que suele ser más lírica y que está escrita en una tonalidad relacionada—, Desarrollo y Recapitulación, a los que pueden añadirse una Introducción lenta y breve o brevísima al principio y una Coda al final. Lo que los músicos han hecho en el desarrollo y en la recapitulación es enormemente diverso y complejo, pero en general emplean procedimientos armónicos para reelaborar lo que ya ha sido presentado en la exposición. A mi ignorante entender, lo que ha consagrado la forma sonata a lo largo de países, épocas y combinaciones instrumentales es su carácter contrastante: a una cosa le sigue siempre otra distinta. Cuando mi hijo Bruno era muy pequeño, siempre le ponía música sinfónica para educar —con no demasiado éxito— su gusto musical. «¿Por qué después de una canción alegre va siempre una canción triste?», fue su pregunta un cierto día en el coche. «Porque a los Fierro nos gusta escuchar sonatas», fue mi respuesta. Seguidamente propongo al lector de La Mirada Infinita una relación de obras que me hacen sentir inacabable cuando las escucho.

Sinfonía 25 de Mozart. A la hora de elegir una sinfonía mozartiana es habitual decantarse por alguna de las tres últimas gemas de la colección, la nº 39, la nº 40, que era la preferida de Gustav Mahler, o la última, denominada «Júpiter». La nº 25 fue compuesta por el genio de Salzburgo a los diecisiete años según el patrón haydniano clásico y figura en esta excelsa lista a causa del arrebatador inicio del Primer Movimiento, una frenética sucesión descendente de síncopas de apresurado y turbulento dramatismo que preludia el inminente movimiento romántico. Los movimientos Primero y Cuarto tienen forma de sonata y están emparentados estéticamente. Ofrecemos la versión de la Orquesta Philarmonia dirigida por Otto Klemperer.

1er movimiento: Allegro con brio, 0:00

2º movimiento: Andante, 6:44

3er movimiento: Menuetto & Trio, 10:36

4º movimiento: Allegro, 14:17

 

 

Octava de Schubert, «Incompleta». El apelativo de esta inmortal obra es por desgracia aplicable a buena parte del repertorio del genial compositor austriaco. Se cree que padecía trastorno bipolar, y al parecer esto influyó en su aciaga tendencia a dejar tantísimas obras a medias. Por esta razón, el catálogo de Schubert es un complejísimo laberinto reservado para especialistas. La Sinfonía Incompleta, como muchas otras composiciones, no fue estrenada en vida del músico. Los dos movimientos que conforman esta obra excelsa figuran entre lo más escogido que se ha compuesto jamás y deben ser escuchados de rodillas. Tengo la convicción de que Schubert es el compositor máximo que ha producido el género humano y pese a su cortísima vida —falleció con treinta y un años—, sus problemas mentales, la sífilis que padeció y el tifus que lo llevó a la muerte, ha dejado un catálogo cercano al millar de obras. Algo patético: jamás consiguió un empleo. Por alguna razón que desconozco, las máximas creaciones schubertianas me parecen profundamente consustanciales a la música, como si el desdichado compositor fuera el médium elegido por las musas para obsequiarnos el arte sonora. En la preclara producción del músico vienés encontramos nosotros contenidos todos los posibles estados del alma humana que merecen la pena. Schubert demuestra que era posible proseguir la senda que abrió Beethoven.

La Sinfonía Incompleta sólo tiene un par de movimientos. El Primero tiene una brevísima y tenebrosa introducción descendente de ocho compases a cargo de los cellos y los contrabajos seguida de un ostinato de la cuerda aguda que sobrevuela un tema conmovedor expuesto por el clarinete y el oboe. El segundo tema, enunciado en primera instancia por la cuerda grave, es de una nobleza y una serenidad incomparables. Los principales recursos retóricos empleados por Schubert en este misterioso movimiento son los constantes énfasis en sforzando, los crescendi y el magistral y expresivo contraste piano-forte trufado de silencios. El Segundo Movimiento alterna pasajes melódicos y dramáticos con una soberana fluidez. Ofrecemos la versión de la Filarmónica de Berlín dirigida por Claudio Abbado.

1er movimiento: Allegro moderato, 0:33

2º movimiento: Andante con moto, 16:07

 

 

Octava de Beethoven. Todo el repertorio orquestal de Ludwig es revolucionario. Su Sinfonía Heroica inaugura el romanticismo, y qué decir de la Quinta, de la originalísima Sexta o de esa cumbre de la creación artística que es la titánica Novena. Sin embargo, la Octava Sinfonía es la más ligera, la más amable y llena de gracia de las creaciones sinfónicas beethovenianas. A diferencia de todas las demás sinfonías clásicas, carece del movimiento lento que normalmente va en segundo o tercer lugar. El tema que abre el Primer Movimiento me encanta porque es optimista y rebosa energía. El Segundo Movimiento es un delicioso homenaje al creador del metrónomo. Está marcado Allegretto scherzando y, como corresponde a su denominación, es un movimiento jovial y bromista. En el Tercer Movimiento Beethoven recupera el minueto, una danza francesa que se caracteriza por ser bailada con pasos breves —como la música hace ostensible— y que el músico había sustituido desde su Segunda Sinfonía por un Scherzo. La orquestación de este movimiento fue muy elogiada por Stravinski. El Allegro vivace final tiene un tempo fulgurante y se estructura en forma de rondó, es decir, el material sonoro se expone en tres ocasiones. En opinión de Chaikovski, este movimiento es una de las mayores obras maestras sinfónicas del compositor de Bonn.

1er movimiento: Allegro vivace e con brio, 0:40

2º movimiento: Allegretto scherzando, 10:00

3er movimiento: Tempo di Menuetto, 14:22

4º movimiento: Allegro vivace, 20:12

 

 

Cuarta de Mendelssohn, «Italiana». Pese a su número de orden, es la tercera sinfonía que Mendelssohn compuso, aunque estuvo revisándola hasta su muerte constantemente. El sobrenombre se debe a que el compositor se inspiró en la música folklórica durante un viaje que realizó a Italia al comienzo de su tercera década de vida.

El Primer Movimiento, en forma sonata, es una de las piezas más alegres de todo el repertorio. El talento sobrenatural del joven músico para la orquestación brilla en este insigne movimiento. Según la tradición, la idea del Segundo Movimiento le vino al compositor mientras era testigo de una procesión en Nápoles. El maravilloso Tercer Movimiento, que tiene el característico encanto cantábile de las secciones melódicas mendelssohnianas, es un minueto. El Cuarto Movimiento es una orgía rítmica inapelable en ostinato donde la obra evidencia su origen popular procedente de dos danzas: el saltarelo romano y la frenética tarantela napolitana. Ofrecemos la versión de Gustavo Dudamel con la Orquesta Filarmónica de La Scala de Milán.

1er movimiento: Allegro vivace, 00:10

2º movimiento: Andante con moto, 8:09

3er movimiento: Con moto moderato, 14:42

4º movimiento: Presto y Finale, Saltarello, 21:12

 

 

Música y locura - La vida y las obras por número de opus de Robert Schumann

Música y locura – La vida y las obras por número de opus de Robert Schumann

Tercera de Schumann, «Renana». El ciclo sinfónico de Schumann ha sido con frecuencia minusvalorado, y el gran Gustav Mahler reorquestó las preciosas cuatro sinfonías del compositor alemán. En el gráfico adjunto mostramos la productividad medida en número de obras a lo largo de los años y los distintos hitos de la enfermedad psiquiátrica que padeció el compositor. La sinfonía que comentamos fue terminada en 1850, una etapa de bonanza mental, según se ve en el gráfico. El espléndido Primer Movimiento de la sinfonía acaso sea el momento más exultante y comunicativo de toda la magna obra del compositor sajón. Pese a que se abre con un salto descendente de Cuarta, la sección es de una alegría y de una fe que nos resultan conmovedoras a la vista de la biografía del músico, que acaso se trasluzca en la característica articulación sincopada del movimiento y que tan frecuente se encuentra en su música. El segundo tema, de nuevo iniciado con una cuarta descendente llena de intención, es un maravilloso regalo de este genio melódico.

Los tres movimientos centrales son breves y conforman, de algún modo, un único movimiento central de naturaleza lírica —más solemne en el caso del Cuarto—, lo cual exige un Quinto Movimiento rápido que retorna al mundo expansivo, sincopado y optimista que abre la sinfonía. Ofrecemos la versión de la Orquesta Filarmónica de la Radio Holandesa bajo la dirección de Philippe Herreweghe.

1er movimiento: Lebhaft, 0:05

2º movimiento: Scherzo, Sehr mässig, 9:35

3er movimiento: Nicht snell 15:25

4º movimiento: Feierlich, 20:12

5º movimiento: Lebhaft, 24:56

 

 

Primera de Brahms. Al compositor de Hamburgo le llevó cerca de veinte años terminar esta compacta composición a causa de la responsabilidad que sentía ante la obra para orquesta de Beethoven. El conjunto de las cuatro entregas del catálogo brahmsiano es uno de los pilares del género y es de una perfección y un equilibrio inmortales. Desde pequeño he escuchado incansablemente esta obra mayúscula y no es para mí fácil decir qué es más admirable, si ese potentísimo, dramático, amenazador y obsesivo Primer Movimiento, si ese remanso de delicadeza que es el Segundo Movimiento, la encantadora miniatura del Tercero o esa descarga final con que se cierra la sinfonía y que incluye una de las melodías más nobles de la historia de la música, que es sometida por Brahms a unas sorprendentes transformaciones que la trocan en algo sencillamente colosal y catastrófico que se precipita en la apabullante Coda con que esta pasmosa página concluye. Ofrecemos la versión del gran Leonard Bernstein al frente de la Filarmónica de Viena.

1er mov: Un poco sostenuto—Allegro — meno Allegro, 0:52

2º mov: Andante sostenuto, 18:33

3er mov: Un poco allegretto e grazioso, 29:45

4º mov: Adagio — Più andante — Allegro non troppo, ma con brio — Più Allegro, 35:25

 

 

Octava de Dvorak. La Novena Sinfonía, «del Nuevo Mundo», acaso sea la obra más popular y perfecta que ha seguido el molde de la sinfonía. Cada movimiento es un compendio de feliz inspiración y por ello goza del favor del público. Mucho menos conocida es la sinfonía anterior del músico checo, que cuenta con dos movimientos excepcionales, el Primero, Allegro con brio, cuya introducción es, en unos pocos compases, una confesión conmovedora, y el Tercero, marcado como Allegretto grazioso, una inspiradísima sucesión de melodías inolvidables. En mi mitología particular, este movimiento es la quintaesencia de una Centroeuropa nobilísima y legendaria que ya no existe más que en esta sinfonía y en el magno Segundo Concierto para piano y orquesta de Brahms. Ofrecemos la versión de Herbert von Karajan y la Filarmónica de Viena.

1er mov: Allegro con brio, 0:05

2º mov: Adagio, 9:50

3er mov: Allegretto grazioso, 21:20

4º mov: Allegro ma non troppo, 27:06

 

 

Séptima de Bruckner. Anton Bruckner era organista en la iglesia de San Florián, y trata la orquesta de una manera única, como si de un órgano se tratara, a base de monumentales bloques sonoros. Es muy frecuente que se elija la sensacional Octava del compositor austriaco, o la mística Novena, cuyo misteriosísimo arranque se asocia en mi mitología personal al nacimiento de algún titán — ¡esos metales!—. Pero la Séptima Sinfonía de Bruckner se inicia con la que para mí es la frase más hermosa de la historia de la música. Las cuatro o cinco veces que he escuchado la obra en vivo las guardo en el lugar más pacífico de mi corazón. La inspiración suprema y la increíble longitud que tiene esta melodía sublime justifican la existencia del arte sonora y el paso del melómano que esto escribe por el mundo. El tutti orquestal que cierra la primera sección es de una majestuosidad definitiva. El Segundo Movimiento, un Adagio con un colosal crescendo que culmina con un golpe de címbalos que el compositor rechazó pero que es frecuentemente mantenido en las interpretaciones por su efecto sensacional, prorroga la mística suprema de esta gloriosa sinfonía. Ofrecemos la versión de Georg Solti y la Orquesta Sinfónica de Chicago.

1er mov: Allegro moderato, 0:00

2º mov: Adagio. Sehr feierlich und sehr langsam, 22:35

3er mov: Scherzo. Sehr schnell mit Trio, 47:23

4º mov: Finale. Bewegt, doch nicht schnell, 57:33

 

 

Novena de Mahler. He dudado hasta el final entre esta sinfonía y la Segunda, denominada «Resurrección», por su incomparable Finale para coro y solistas. Pero quizá sea la Novena Sinfonía del compositor bohemio su obra definitiva. En opinión de Alban Berg, el bellísimo Primer Movimiento es lo mejor que compuso Mahler nunca, y ese sobrecogedor movimiento final en el que la música se evapora e ingresa poco a poco en el silencio es sencillamente sublime: el compositor consigue infundirle a la música el sentimiento de desolación que presentía a consecuencia de la pérdida de su hija, la separación de su mujer Alma y el problema cardiaco que terminó con él. Al parecer, Mahler se inspiró en el Finale de la Sexta de Chaikovski para concluir su última sinfonía completa con este inefable pianísimo que conduce el sonido hasta las puertas de la muerte y lo sumerge en el acabamiento y la nada. Podría construirse una antropología del género humano a partir de esta quintaesencia del arte y de la sensibilidad.

Si ante un tribunal la especie humana tuviera que justificar su existencia sobre la tierra no habría mayor argumento que el Finale de esta creación suprema. Ofrecemos la versión de Bernard Haitink al frente de la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam. Ver al diminuto Haitink en el podio dirigiendo en vivo a su orquesta de toda la vida ha sido una de las mayores experiencias biográficas y espirituales de este pobre aficionado a la música. Al final, en un precioso gesto, deja caer la batuta.

1er mov: Andante comodo, 2:15
2º mov : Im Tempo eines gemächlichen Ländlers. Etwas täppisch und sehr derb, 32:44
3er mov: Rondo-Burleske: Allegro assai. Sehr trotzig, 50:45
4º mov: Adagio. Sehr langsam und noch zurückhaltend, 1:05:15

Segunda de Sibelius. Se han conservado siete sinfonías del compositor finés, aunque se cree que escribió y destruyó —las causas no están claras, aunque se sospecha de la influencia que sobre él ejercieron las críticas— una Octava Sinfonía que espero escuchar a mi salida del Purgatorio. Sibelius es un originalísimo compositor que desarrolló un tipo cíclico de sinfonía en el que los mismos materiales sonoros aparecen constantemente en la obra. Acaso sea la segunda entrega de su corpus sinfónico la que mejor muestre su soberano talento para la melodía y sus personalísimos procedimientos compositivos, que muestran los temas inicialmente de manera fragmentaria y sólo se escuchan íntegramente al final del movimiento tras un proceso de elaboración incremental que se produce mientras la sección se desarrolla.

Como ejemplo, obsérvese cómo construye Sibelius el Segundo Movimiento a partir de un pizzicato inicial de los cellos al que se van gradualmente incorporando —como en un mecano— las restantes familias de la orquesta hasta enunciar por primera vez el tema principal de manera esquemática en el minuto 14:25. Algo semejante hace con el segundo tema a continuación, y así sucesivamente, en busca de un clímax tras otro en una secuencia maravillosa escrita en estado de gracia en la que los temas íntegros o sus partes reaparecen constantemente, como si Sibelius nos presentara el crecimiento de un ser ocultamente vivo. Sólo a la conclusión de la página orquestal, en un fabuloso crescendo, termina esta emocionante sinfonía de crearse. El último movimiento es un conmovedor derroche de talento, facultades y generosidad. «Es como si el Todopoderoso hubiera arrojado trozos de un mosaico del piso del Cielo y me hubiera pedido que los armara», escribió el genio que componía didácticamente. Ofrecemos la versión de Gustavo Dudamel, un director que está llamado a hacer grandes cosas a lo largo de su carrera, al frente de la Orquesta Sinfónica de Gotemburgo.

  1. Allegretto – Poco allegro – Tranquillo, ma poco a poco ravvivando il tempo al allegro 00:20
  2. Tempo andante, ma rubato – Andante sostenuto 10:54
  3. Vivacissimo – Lento e suave – Largamente 25:19
  4. Finale (Allegro moderato)

 

Álvaro Fierro Clavero
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Esto requeriría un tratadillo o al menos una temporada de programas de De Benito; con mi habitual inconsciencia dejaré estas líneas apresuradas. La música no se ha hecho para que usted se sienta bien o pierda el miedo a morirse. De hecho Jesucristo no murió en la cruz y resucitó luego para que JS Bach pudiera escribir sus Pasiones.
    Las drogas, la bebida, la comida….no son para “sentir a lo grande” ni mucho menos, si algo consiguen es embotar el sentimiento, ayudar a dejar de sentir lo que nos angustia.
    Sorprende que se limite usted a 140 años de música (tiene que precisar esa muletilla suya de “gran música occidental” porque hoy día ya no significa nada) y también sorprenden algunas versiones, tal vez primadas por ser fácilmente hallables en youbube. ¡Klemperer para Mozart! ¿Abbado para Schubert estando Carlos Kleiber? Tal vez mucho Dudamel…En fin de la selección no hablaremos porque “sobre gustos…” Gracias en todo caso por no incluir al insoportable Shostakovich

    • De acuerdo con la “muletilla”( según el Dr.J ) de los 140 años. A mí no me sorprende en absoluto. Y creo que “gran música occidental”es una expresión que lo dice todo.
      De acuerdo con casi todas las obras, aunque la Cuarta de Brahms es mi favorita. También, aunque sea un tópico, me gustan mucho la primera( con ese arranque pastoril ) y la segunda de Malher.

  2. Josefo el aprostata dice:

    Ante todo gracias por este y otros artículos dedicados a la música. Para mi la música “culta” o “clásica”, como la han denominado otros, me gusta a pequeñas dosis, quizás ha influido mi niñez, pues en aquella época, al llegar Semana Santa, por mucho que buscase en la radio algo más profano, sólo se transmitía música clásica, primando la de carácter “triste” por respeto a los hechos que se rememoraban. El caso es que El Zapateao, de Sarasate, fue para mí como una resurrección y la tengo como una de mis piezas favoritas.

  3. Cómo nos haces esto, Álvaro, ofrecernos algo así es una maravillosa ‘perdición’, al menos para los que amamos la música. Compartir algunas de tus sinfonías predilectas es un hermoso acto de generosidad.
    Sobran las palabras – las mías, claro está – así que sólo queda añadir ¡Gracias! y que nos acaricie un ‘pedazo de cielo’ como cantaba Nat King Cole…

  4. Miguel Garrido. dice:

    Excelente selección musical, a mi juicio, que comparto casi por completo. Acercándonos en el tiempo yo hubiera citado a Prokofiev: su primera sinfonía, clásica, como continuación a Mozart. Y la quinta, en prolongación a Brahms.
    (En relación al comentarista que cita al “insoportable” Shostakovich, yo le rogaría oyese el oratorio “El canto de los bosques” que le redime de sus quince sinfonías)- Miguel

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