lunes, 23 octubre, 2017

Mandarinas


el veneno y la calavera de los teatros
Federico García Lorca

En la secuencia histórica que se ha desarrollado en Occidente hay tres etapas que son fundacionales: Grecia, Roma y el cristianismo. Las relaciones entre estas sucesivas instancias civilizadoras son a su vez enormemente ricas y complejas. Por ejemplo, quien verdaderamente enseñó el latín a la población no fue propiamente Roma sino —una vez derribado el imperio— la Iglesia, cuyas actividades eran legales a raíz de la promulgación en el año 313 del edicto de Milán, que admitía la libertad religiosa y que firmaron Licinio y Constantino, los emperadores de Oriente y de Occidente.

Teatro de Epidauro

Teatro de Epidauro

La huella de Grecia es esencial en las artes —directamente o a través de su influencia en la propia Roma—, en la matemática, en la ciencia, en el idioma y en la filosofía. Hoy deseamos referirnos en concreto a la literatura y, particularmente, a la influencia ejercida por el ciclo tebano, una serie de poemas arcaicos que se han perdido en su versión original pero cuyos personajes y tramas fundamentales han permanecido insertos en las obras de los tres grandes dramaturgos Esquilo, Sófocles y Eurípides.

En el teatro griego únicamente intervenían actores, que representaban tanto papeles masculinos como femeninos. En un principio tan sólo había un intérprete, pero ya Esquilo introduce un segundo histrión y Sófocles añade un tercero. En opinión de Aristóteles, la función del teatro es servir de catarsis a través del sufrimiento. Leamos lo que dice en el capítulo tercero de su Poética:

La tragedia es la representación de una acción memorable y perfecta, de magnitud competente […] y que no por modo de narración, sino moviendo a compasión y terror, dispone a la moderación de estas pasiones.

Los tres dramaturgos griegos máximos

Los tres dramaturgos griegos máximos

Luego el propósito último del autor dramático es servirse de una acción determinada para influir en la audiencia. Los temas fundamentales de la tragedia griega son siempre tremendos: el destino, la culpa, el castigo, la venganza, el dolor, el error. A este angustioso cóctel el cristianismo le añade una de las grandes invenciones intelectuales de todos los tiempos: la libertad, que permite tramas aún más patéticas: Pudiendo obrar bien, el hombre actúa mal, lo que argumentalmente es mucho más demoledor que el punto de vista griego, según el cual el hombre actúa mal porque le impulsa a ello su destino y, por tanto, es inocente.

El teatro es estimulante porque nos va mejor que al protagonista —que etimológicamente significa «primer luchador»— a quien le devoran los buitres las entrañas o que decide arrancarse los ojos al descubrir que ha asesinado a su padre y ha desposado a su madre. Y es burgués: al acabar la representación y salir del teatro, nos aguarda más o menos lo mismo que teníamos cuando entramos, lo que está muy bien a la vista de lo que acabamos de presenciar.

En el universo teatral de Sófocles existen dos clases sometidas a reglas distintas: la de los dioses es la clase preeminente, y la de los seres que sufren y se equivocan, que somos nosotros. Eurípides pertenece más al mundo. Siempre se ha dicho que representa al hombre que es, frente a lo que debería ser el hombre que encontramos en Sófocles. Acaso el origen acomodado del dramaturgo nacido en Colona y la extracción modesta del autor de Salamina estén detrás de esta antropología. Es todo un síntoma de cómo pensamos en Occidente que quien haya tenido mayor repercusión y éxito sea Sófocles.

 

MANDARINAS DE ESTONIA

Fotograma de «Mandarinas»

Fotograma de «Mandarinas»

Mapa político de la región del Cáucaso

Mapa político de la región del Cáucaso

Abjasia es una región autónoma situada al oeste de Georgia que intentó reincorporarse a Rusia a raíz de la independización de la antigua república soviética y que en la actualidad goza de un estatuto internacional poco claro: para Rusia es un país independiente, mientras que según Georgia es una región autónoma. En 1992 estalló la Guerra de Abjasia en la que se enfrentaron fuerzas prorrusas y georgianas según un patrón bélico que con toda clase de variantes se ha repetido en la zona a causa de la descomposición y súbita desintegración de un Imperio Soviético que integraba más de cien nacionalidades distintas. En el Cáucaso han tenido lugar en los últimos años la guerra entre Armenia y Azerbaiyán por el control de la región de Nagorno Karabaj entre 1988 y 1994, las dos guerras de Chechenia —la Primera, entre 1994 y 1996; la Segunda, entre 1999 y 2009—, la guerra de Osetia del Sur de 2008 o bien la actual guerra de Ucrania.

Ivo y Markus

Ivo y Markus

Acaba de estrenarse entre nosotros la impresionante película «Mandarinas», del realizador Zaza Urushadze. Resumo el argumento: Ivo es un carpintero estonio que vive en el avispero del Cáucaso. Decide quedarse en la región pese al estallido de la guerra de Abjasia para ayudar con sus cajas de madera a su vecino Markus, que es propietario de una pequeña explotación agrícola en la que cultiva mandarinas. En el transcurso de una escaramuza que tiene lugar frente a sus casas salvan las vidas de un combatiente de cada bando: el checheno Ahmed, de religión islámica, y el georgiano Niko, de religión cristiana ortodoxa. La más elemental cortesía nos lleva a no relatar aquí cómo continúa este soberbio guion del propio Zaza Urushadze en el que, a la manera griega, sólo actúan hombres y observa dos de las tres reglas aristotélicas: la unidad de acción y la unidad de lugar.

Zaza Urushadze

Zaza Urushadze

El otro gran asunto clásico, el destino, es el verdadero motor de estar poderosísima tragedia neogriega de la que quedará para siempre el colosal personaje de Ivo, un hombre simultáneamente frágil y titánico encarnado de manera emocionante por el soberbio, por el legendario actor estonio Lembit Ulfsak. La película es realmente breve —dura tan sólo ochenta y siete minutos— pero tenemos la impresión de haber visto una película mucho más larga a consecuencia de la enorme tensión creada magistralmente por Urushadze sin efectismos de ninguna clase.

Un joven Lembit Ulfsak

Un joven Lembit Ulfsak

Según la ley no escrita de la narración, la trama fundamental debe trufarse con acciones secundarias que den amenidad y proporcionen perspectivas nuevas a la acción. Urushadze ha conseguido construir sin apenas medios —el presupuesto fue de seiscientos cincuenta mil euros, fue escrita en catorce días y se rodó en treinta— una pequeña magna película en la que no consigue encontrar uno nada que no sea esencial.

Álvaro Fierro Clavero
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Alejandro Moreno Romero dice:

    Tan lúcido como siempre. Gracias, Álvaro.

  2. Muchas gracias. Tan interesante como siempre.

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