lunes, 23 octubre, 2017

Una ventana de autobús


La ficción es una forma de resistencia. 

Eduardo Sánchez Rugeles

En psicología cognitiva existe una herramienta muy clarificadora porque es de aplicación en multitud de aspectos conectados con las relaciones interpersonales y la comunicación que fue desarrollada por Joseph Luft y Harry Ingham: la «Ventana de Johari», llamada así por las letras iniciales de los nombres de sus promotores. La idea consiste en descomponer el espacio intelectual y psicológico entre nosotros y los demás en cuatro secciones:

Área libre

Área libre

El «área libre» está constituida por esa parte de nuestra personalidad que tanto nosotros como nuestros interlocutores conocemos y es la más explotada en el ámbito profesional porque es la más interesante desde un punto de vista económico: un experto en impuestos nos habla del IVA, un cazador nos cuenta los secretos de la temporada de perdiz, un cirujano habla de nuevos retos en materia de trasplantes. El periodismo o el aprendizaje no existirían sin el aprovechamiento de este ámbito en el que habitualmente se desarrolla la comunicación entre seres humanos.

Área oculta

Área oculta

El «área oculta» engloba todo lo que nosotros conocemos pero los demás ignoran. Se trata de lugar en el que radica el progreso del mundo. Todos los grandes artistas, los grandes matemáticos, filósofos y físicos en un cierto momento han sido los primeros en ver algo en su interior que, posteriormente, han hecho público. Se trata de la zona en que trabajan algunos de los grandes tesoros de la mente humana: la creatividad, la imaginación, las iniciativas.

Placa-conmemorativa-de-la-medición-efectuada-por-Gauss

Placa conmemorativa de la medición efectuada por Gauss

No todo lo que desarrolla el creador emerge de su área oculta y pasa al público. Razones de muy diversa naturaleza —legal, alimenticia, histórica, social— nos dejan sin conocer lo que sospechaban los grandes hombres: Se sabe que el insigne Carl Friedrich Gauss intuía la existencia de las geometrías no euclidianas treinta años antes de que su discípulo Riemann, Bolyái y Lobachevski publicaran sus trabajos en la materia, pero al parecer no se atrevió a publicar sus descubrimientos. Cuenta la leyenda que se dedicó a medir el triángulo formado por los picos Hoher Hagen, Inselsberg y Brocken para contrastar si la geometría del espacio en que nos encontramos era o no euclidiana. También se trata del área donde bulle lo inconfesable, lo vergonzoso, lo culpable, lo terrible, lo íntimamente heterodoxo, lo que no nos gusta que se sepa de nosotros. Es muy posible que la inteligencia artística consista simplemente en el eficaz aprovechamiento de todo lo que palpita en esta vastísima y secreta sección del alma humana.

Área ciega

Área ciega

El «área ciega» abarca todo lo que los demás saben de nuestra personalidad pero nosotros desconocemos. Las convenciones sociales nos impiden decirle a una persona lo mal que le sienta una determinada prenda de ropa, o lo inconvenientes que resultan tales o cuales rasgos de su manera de producirse. Otro obstáculo que nos impide acceder a esta área de la conciencia es la negativa a aceptar nuestras limitaciones que tan a menudo acompaña a la soberbia. Buena parte de lo que podemos mejorar estriba aquí, y la modestia y la consulta a nuestros interlocutores son las principales herramientas que pueden ayudarnos en la exploración de este ámbito de la propia identidad.

Área desconocida

Área desconocida

Por último, el «área desconocida» abarca todo lo que ni nosotros ni los demás conocen. Aquí anida lo patológico pero también lo maravilloso. En buena medida, la educación consiste en exponer al niño a diferentes experiencias para que se pueda rescatar cuanto de aprovechable existe en este no mundo que también constituye a la persona. Un buen día se descubre que el pequeño tiene una aptitud espacial, o aritmética, o verbal que lo hace diferente a los demás, y es por ahí por donde debe encauzar su vida. El problema, como ya hemos expuesto en otras ocasiones, estriba en que consideramos cerrado el periodo educativo en torno a la mitad de nuestra tercera década y continuamos viviendo sin saber si somos unos grandes cocineros, o artistas conceptuales, o poetas, o micólogos. Una de las tragedias de la existencia es que renunciamos a la mayoría de los alter egos que nos otorgaron nuestros padres y nos conformamos con seguir siendo lo que hemos sido. Las personas que han vivido verdaderamente han intentado a lo largo de su vida un montón de cosas radicalmente distintas.

Se me ocurre que podrían examinarse los escritos de una persona a la luz de este concepto de la ventana de Johari para acceder a su personalidad oculta. ¿Qué escritos? En principio, los más adecuados parecen ser los poéticos. En prosa, el escritor elige o le viene dado un tema y la frecuente pretensión de coherencia encorseta lo que dice. Sin embargo, en un poema es más habitual que el escritor pueda expresarse con algo de libertad. Pero se trata de una libertad no exenta de cortapisas métricas, sociales, estilísticas y convencionales que no todos los creadores aciertan a sortear, de modo que seremos cautos a la hora de buscar lo que el escritor no ha querido o sabido decirnos: debemos prestar atención prioritaria a la parte inconsciente de la expresión escrita.

Aceptemos en primera aproximación que el poeta se concentra en los sustantivos, en los verbos y en los adjetivos ya que piensa, no sin razón, que en estas tres categorías gramaticales se ventila principalmente lo que un escrito transmite a sus lectores. Como es natural, los sustantivos, verbos y adjetivos que se salen de la expresión estándar asimismo pueden ser significativos a los efectos que propongo, pero siempre nos quedará la duda de hasta qué punto no se trata de palabras impostadas o auténticas. Por tanto, prescindamos de ellas, al menos por el momento.

Afirmo que hay un resquicio en el que asimismo aflora el alma del escritor sin que éste se dé cuenta: todas las palabras no comprendidas en las categorías anteriores. Afirmo que los adverbios —con reservas—, las preposiciones y las conjunciones, los determinantes, junto con las estructuras sintácticas que el escritor emplea son una herramienta valiosa para efectuar catas en la parte de su temperamento que no pretendía mostrarnos porque pertenece a alguna de las tres secciones de la ventana de Johari sobre las que planea la oscuridad.

 

33 poemas y una ventana de autobús

33 poemas y una ventana de autobús

33 POEMAS Y UNA VENTANA DE AUTOBÚS

Conozco a Inés González Zarza desde hace más de veinte años, pero he tenido la suerte de tratarla menos de lo que me gustaría, ya que esta circunstancia me brinda la inapreciable oportunidad de saber más de ella de ahora en adelante. Es una mujer muy literaria, quizá demasiado. Conjeturo que piensa que todo lo relacionado con lo novelesco y lo poético es fundamental, aunque no sé cómo decirle que tal cosa es verdadera únicamente en otras épocas y en otros planetas, no en el recinto espaciotemporal que le ha tocado vivir.

Es fantástico que la literatura sea poco importante para la mayoría. Por eso podemos asomarnos a ella los indocumentados y los incautos, los insensatos, los inocentes, los irrelevantes, los insolventes, los insolentes, los que vamos de un fracaso a otro. En este ámbito subterráneo e infraordinario que a nadie interesa, una metáfora es un éxito que está a nuestro alcance.

De sus planes para convertirse en una magnate da una idea el que estudiara filología inglesa y se haya dedicado a la traducción simultánea, como si fuera posible reproducir lo que otro ha dicho como vía para entender lo que piensa, ¿habrase visto mayor ingenuidad?

Tras probar suerte con una novela —«La mujer olmo»— y redactar una segunda que se titula «Lobos en flor», ahora comparece ante los lectores con el libro «33 poemas y una ventana de autobús».

Un somero recuento de las palabras —nombres, adjetivos y verbos aparte— que Inés ha utilizado para escribir su libro nos permite esbozar algunos rasgos de su personalidad. Por ejemplo, utiliza el adverbio «no» cuarenta y ocho veces. Si incorporamos los adverbios «nunca» —que aparece en tres ocasiones—, y «nada» —con cuatro comparecencias—, y sumamos la preposición «sin» tenemos un total de sesenta y cuatro palabras que indican negación, carencia u oposición en un libro de 448 versos, es decir, un promedio de una palabra negativa cada siete versos.

“Es fantástico que la literatura sea poco importante para la mayoría”

Al amor de un fuego

Al amor de un fuego

Las conjunciones adversativas «pero» y «aunque», y el adverbio «casi» aparecen respectivamente en cinco, tres y dos ocasiones, con un total de dieciséis nuevas palabras que indican falta de plenitud. Nuestra autora emplea la conjunción condicional «si» en seis ocasiones y el adverbio «quizá» otras dos veces, más un caso de la locución adverbial «tal vez». En coherencia con todo lo anterior, la última palabra del «Ulysses» —un libro muy apreciado por ella—, el adverbio afirmativo «sí» no aparece en absoluto, y la conjunción disyuntiva «o» lo hace en diez ocasiones. Es decir, cuando la actitud de nuestra autora no es de oposición o negación, lo que hace es mostrar dudas o considerar hipótesis alternativas. En este contexto, es coherente que las palabras que intensifican la expresión —«tanto», «muy», «mucho», «demasiado»— aparezcan en total diecisiete veces.

Pienso que Inés es una mujer poco práctica o concreta —emplea la palabra «ahora» tan sólo en dos ocasiones y «aquí» en una—, aunque vive en el presente —emplea «hoy» siete veces— y es inquieta desde un punto de vista intelectual, ya que se formula diez preguntas.

El-poeta-es-un-fingidor

El poeta es un fingidor

Pero el caso es que lo que conozco de Inés no encaja del todo con el retrato de que estos análisis de frecuencias proporcionan. Aunque es cierto que tiene inquietud intelectual, en absoluto se trata de alguien negativo, sino todo lo contrario, ni tampoco me parece una mujer dubitativa. ¿A qué puede deberse esta incoherencia? Ha llegado el momento de invocar unos inmortales versos de Pessoa para recordar un hecho que con frecuencia se olvida.

El poeta es un fingidor,

finge tan perfectamente

que hasta finge que es dolor

el dolor que en verdad siente.

Fernando Pessoa

Fernando Pessoa

La poesía es un género que se inscribe dentro de la ficción aunque sea auténtico y biográfico lo que el poeta expresa en sus textos. La forma y el contenido de lo que aparece finalmente escrito en el papel ha atravesado el tamiz de la literatura y se convierte en algo que tiene pretensión de eternidad a la manera de las perspectivas venecianas de Canaletto, que alteran sutilmente la disposición de los elementos arquitec­tónicos con la finalidad de hacérselos más atractivos al espectador.

El Gran Canal y la Iglesia de la Salud, según Canaletto

El Gran Canal y la Iglesia de la Salud, según Canaletto

Inés pertenece a la estirpe de los fabuladores, de los cuentistas, de los ficciona­dores, de los sinceros que de puro inteligentes se valen de una mentira para contarnos la verdad, de todas esas personas que deforman lo que nos ocurre desde el Neolítico, cuando al amor de un fuego los más sabios de la tribu relataban historias que eran aún más verdaderas y más ciertas que todo lo que habían presenciado cuantos se quedaban dulcemente dormidos escuchándolas.

Álvaro Fierro Clavero
 www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Inés G. Zarza dice:

    Magnífico texto que después de escuchar ayer en directo, he disfrutado aún más hoy en el detenimiento del silencio y una taza de café. Gracias Álvaro, brillante, como siempre.

  2. ¡Qué interesante! La frase “he tenido la suerte de tratarla menos de lo que me gustaría…” atrapa la atención del lector.
    Tengo entendido que el acto fue un éxito “a pesar” del presentador. ¿Qué opina de la política editorial sexista de Torremozas? ¿hay algo similar “del otro lado” que admita solamente hombres?

  3. Lioba S.Sch. dice:

    Entrañable y, por supuesto, bien documentado y argumentado. Enhorabuena, Álvaro, y también a la autora del poemario. Un abrazo, Lioba

  4. ¡Gracias por abrirnos esta sorprendente ventana!

  5. ¡Que bueno! Y me explico: Que me ha gustado mucho la manera de conocer a alguien por sus escritos, y las conclusiones que sacas al final, yendo aún mas allá.

  6. Bueno, cuando el presentador de un poemario se extiende más que la presunta poetisa, malo, conviene desconfiar. También es muy interesante que un amigacho se deshaga en halagos sobre tu obra. La presentación que hace no es objetiva. Esta también raya lo barroco y pedante. La obra totalmente prescindible, por cierto. ! Ni siquiera es poesía !

  7. Desconozco si el lector que me antecede estuvo o no en la presentación del poemario, yo si estuve allí y no escuché halagos gratuitos hacia la autora, tampoco los leo aquí, por cierto. Y en cuanto a la objetividad, considero que aplicar la “Ventana de Johari” a los escritos de una persona constata, como mínimo, alguna intención al respecto, ¿no te parece? Son recuentos, datos al fin y al cabo. Lo interesante, como siempre, son las conclusiones a las que cada uno llega, y ésas, me temo, si que son subjetivas! Un saludo.

  8. Mas larga la introduccion de la obra, que tenia que haber publicado MiraLes, que el experimento poetico en si, para empezar. Alvaro hubiera sido mas autentico si hubiera hablado de las tres protagonistas de los poemas en lugar de pasarlo por alto

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