Jueves, 17 Agosto, 2017

Christian Bobin: “Lo ideal sería tener, al mismo tiempo, un alma contemplativa y guerrera”


Christian Bobin

Christian Bobin

Aquí está usted verdaderamente apartado del mundo. ¿Desde cuándo vive en este lugar?

Mis imperfecciones son numerosas, y una de ellas es que el calendario arde en mi cabeza, mezclo las fechas. He vivido hasta los treinta años con mis padres, después me mudé a una casa cerca, en la avenida De Gaulle, durante otros treinta años. Después emigré del Creusot al Creusot, a una calle que se llamaba Traversière, donde me dejé tutear por un tilo que tenía delante de la ventana. Por último, con mi amiga escritora Lydie Dattas, vinimos aquí. Hace seis o siete años que vivimos en el bosque, a diez minutos del Creusot. Lo que nos decidió más que la casa, fue el camino.

bobinchristian09c_heliegallimard1Dice usted que no ha viajado mucho, que ha ido del Creusot al Creusot. En el fondo, su patria es la página en blanco ¿no?

Sí, cada vez más mi patria  es la escritura. Es una  patria que se puede comparar con la Tierra Prometida. O sea, que no llegamos nunca. Existe y no existe. Es un país ingrávido, una patria  que esperamos. Es pasado y futuro. Es más futuro que pasado. No tengo nostalgia.

Pero cuando dice: “me acuerdo del 12 de mayo de 1944”, refiriéndose a Jünger, es el pasado, ¿no?

No, en ese momento no es el pasado. Cuando leo un libro que me emociona, la persona no está muerta. Está ahí, sentada a la mesa. Ayer leía a un poeta ruso que se llama Mandelstam. Cada poeta tiene su propia singularidad, igual que cada champiñón tiene su forma, su color. Hay una variedad  innombrable  y no están todos catalogados. Lo específico de Mandelstam, que es sin duda el poeta ruso más grande y que murió  en un campo en Siberia en 1938, es que sus poemas consiguen atrapar algo que yo consideraba inatrapable. A saber, el aire que respiramos. Califica lo invisible que acontece entre la gente, que está secretamente teñida por el aire  del tiempo, los átomos del aire. Sus poemas son aire para el lector. Cuando le leía, él  estaba sentado en la silla. Estaba en su lugar.

1_bobin-dscn7343Hicimos bien en no venir ayer….

(Risas) Hubiéramos puesto un cubierto y una taza más. Hay sitio para todo el mundo. Espero a mis amigos gitanos, mi amiga les va a acoger.

Cuando lee a Mandelstam, ¿lo hace en una traducción?

Sí, no sé ruso, escojo varias traducciones y, evidentemente, se pierden cosas. Pero, cómo decirlo, la palabra poética es la mano en el fuego, es la mano que busca la brasa. No tiene tiempo de enfriarse cuando nos llega, aunque esté traducida. Por lo tanto, veo brillantez, resplandores originales. No creo que un ruso que sólo conoce su propia lengua se pierda mucho al leer a Rimbaud. Veo diferentes traducciones. Algunas son un poco ampulosas. Algunas quieren llegar a lo poético de lo poético. Esto es la definición de lo horrible. Y hay otras, que siento son más libres, hablan de la vida que pasa. Llego a ver, a través del intérprete, al fantasma que hay detrás de él, fantasma o ser viviente.

2-osip-mandelstam5¿En qué está trabajando ahora?

Estoy trabajando desde hace unos días en un texto sobre mi padre. No está aquí desde 1999. Pero no hay separación. No vivo separación entre los vivos y los muertos. Para mí el límite no está donde lo ponen, con algo de mármol y de olvido. En absoluto. Jünger, Kierkegaard, Jean Grosjean son personas vivas. Han rozado algo que llamamos espíritu. Y el hecho de haberlo rozado les ha nimbado, ha protegido para siempre  sus palabras y sus libros. Si pensamos que estamos vivos, ellos también lo están. Desde el momento que abrimos sus libros, nos sacan de nuestras rutinas. Estos seres vivos nos hablan.

¿A través de nosotros?

Es más fuerte que eso. Hay personas que viven hoy día. Cuando veo a muchos hombres de negocios en el tren, veo cada vez más rostros que disminuyen en lo humano. Lo terrible es que son ellos mismos los que retiran lo humano de su rostro. Retiran lo humano como antes se quitaban las máscaras. El problema es que detrás ya no hay nada. Está alguien muy correcto, muy educado y que tiene sobre su piel unos reflejos azulados de la  electrónica. A veces, un contemporáneo me es diez mil veces más lejano que Ronsard u otros.

Pero, estábamos hablando de su padre…

Mi padre es omnipresente. Sigue haciendo su trabajo educándome. He sido engendrado por el sol. Soy como el hijo del sol. Mi padre era una persona simple y profunda. Tenía la más bella inteligencia, la que viene del instinto y del corazón. Era un obrero, más tarde enseñó dibujo técnico en las fábricas Schneider. Ésa era su función social. La esencial, aunque esté mal que yo lo diga era una confianza irrazonable y maravillosa en la vida, que me transmitió, no mediante la palabra sino por lo que le vi hacer.

¿Él leía sus libros?

Sí.

Y, después ¿hablaban?

¡¡Ah!! Qué bonito era. Era bello porque hacia el final, por ejemplo, cuando esta enfermedad posó la  mano en su espalda…

3-alzheimer-manEl Alzheimer

Sí. A menudo en este tipo de enfermedad, no se aprecia de repente lo que está pasando. Se sienten, se escuchan cosas un poco extrañas, se ven cosas un poco particulares. Mi padre leyó “La Folle alure”, una historia que acontece en un circo. Después de leer el libro se giró hacia mi madre y le dijo: “pero qué cuenta Christian, ¡no hemos crecido en un circo!”. Había tomado la historia, una historia inventada, por algo real. Bastante divertido, ¿no? Hay otra cosa que me ha llamado la atención con esta enfermedad. Es mucho más profunda y extraña de lo que se cuenta, mi padre se maravillaba cada vez más con todo. Estaba sorprendido, con esa sorpresa que es para mí la misma raíz de la poesía. Es posible que la poesía, que es para mí la santidad absoluta, sea como un tipo de enfermedad, pero una enfermedad luminosa. Mi padre iba siempre a los mismos sitios a hacer la compra, siempre con los mismos comerciantes, atravesando las mismas calles, y de repente venía a casa y decía: “no comprendo, todo es nuevo. Miro, y donde quiera que yo mire, es la primera vez. Los árboles, los lugares, todo es nuevo. Encuentro todo maravilloso”. Después comprendí que el barco de su cerebro había comenzado a romper las amarras. Podría hablar de mi padre hasta el infinito.

4-blog2.6¿Y su madre?

Era un poco más enigmática.

Era centenaria cuando falleció…

Sí, murió el año pasado. A punto de cumplir 101.

Habla menos de ella en los libros.

Puedo daros una respuesta. A Jünger, que es un escritor que me gusta mucho,  alguien le dijo: “no habláis nunca de vuestra madre”, y contestó: “¿acaso se habla del aire que respiramos?”.

Me extraña que le guste Jünger. Quizás sus últimos libros, pero “Orage d´acier”…

Cuando me gusta alguien, no hago excepciones. Le tomo en mis brazos y le llevo siempre conmigo. Le abro una pequeña habitación en la mansión roja de mi corazón. Con sus defectos, con su juventud, las cosas imprecisas, lo torpe, todo. “Orage d´acier” también me gusta. Jünger, de joven, era muy valiente, estaba como embriagado. Escribió un libro muy divertido: la guerra como experiencia interior. Hace falta entender bien el título. Es un libro estilo Nietzsche, enamorado del combate. Con el tiempo, su espíritu se dulcificó. Para mí, es un escritor tan grande como Montaigne. Es un Montaigne del siglo XX. Posee la misma virtud que Montaigne. Cuando abro uno de sus libros, pienso particularmente en los periódicos parisinos, cuando estaba en el París ocupado, cuando su espíritu vagaba como ha hecho siempre, cuidaba  lo material, cuidaba a las personas, a las nubes, a los libros, el mismo cuidado profundo, humano. Es el soldado menos militar que conozco. Es el hombre más fraternal para una vida frágil. Cuando se cruza con una mujer que lleva la estrella amarilla, en las calles de París, le hace un saludo militar. Ése saludo que sólo se hace a los vencedores, les da tratamiento de mártires. Su libro “Sobre los acantilados de mármol”, es sin duda un libro contra Hitler, anti totalitario total. Le pudo costar caro. Es un hombre que si está embriagado, es de sueños, no de sangre. Es un hombre maravilloso y es muy buena compañía. Aunque yo estoy en paz, el tejido de la vida es una guerra, pero no la guerra que se está llevando a cabo en Siria.

5Quiere decir….

El tejido de la vida es una confrontación. Se puede decir que es una guerra pacífica. Es una confrontación sin fin. Alguien o algo viene a vuestro encuentro y usted tiene que hacerle algo a esta persona. Hace falta que algo emerja, si puede ser, algo puro, algo luminoso- Si es una flor o un árbol lo que viene a vuestro encuentro, es más fácil, pero hay que tener ojos para verlo. Lo eterno  está un poco cautivo en este mundo. Es necesario extraerlo. Por esto, hay que ser un poco guerrero. Lo ideal sería tener, al mismo tiempo, un alma contemplativa y guerrera. Un guerrero contemplativo, si a usted le parece bien. Es lo que a mí me gustaría ser.

Entrevista a Christian Bobin para la revista Esprit
Traducción: Teresa Campoamor

Comentarios

  1. Es totalmente compatible

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