lunes, 23 octubre, 2017

Sobre la muerte (I): Los amantes de Saint Morrell


Y el hombre… Pobre… pobre!

César Vallejo

Eros y Psique, de Alberto Canova

Eros y Psique, de Alberto Canova

Llevamos toda la historia —y cada uno de nosotros, toda la vida— intentando entender el significado y el sentido de la muerte. Gracias a la arqueología y a la antropología, sabemos que los enterramientos rituales y el culto a los muertos son algunas de las señas de identidad más importantes de nuestra especie. Cuando se ha amado, cuando se ha creído en alguien verda­de­ra­mente, resulta difícil de aceptar que esa criatura magnífica, que esa isla de belleza y de sagacidad, que ese lujo de la bioquímica por el que sentíamos tanto pueda perecer y regresar al desorden y la inexistencia.

No sabemos ver que, gracias a ese horizonte fúnebre, somos una especie que construye, que idea, que investiga porque la muerte es nuestro gran motivo, nuestro gran argumento, lo que ocurre es que está convenientemente escondido para que podamos vivir como si nada de esto fuera a terminar algún día. Todo lo que hacemos a lo largo de nuestra biografía está motivado por la necesidad de plantarle cara. Porque somos frágiles debemos procurarnos refugio y sustento, tenemos hijos, proyectos, imaginamos, inten­tamos, nos levantamos por las mañanas y nos acostamos por las noches, fracasamos, tenemos éxitos: somos.

Asurbanipal-cazando-un-león

Asurbanipal cazando un león

La naturaleza ha encontrado una buena solución para nosotros, los seres de este mundo, ya que lo mismo regresan al polvo los grandes personajes como Keops, o Asurbanipal, o Pericles, que el último de sus esclavos o el más insignificante o el menos capaz de los seres vivos o la estrella más brillante. Los hombres, al menos, tenemos el privilegio de ser conscientes, y por eso mismo se nos puede pedir que comprendamos que nos faltaría algo central si a nuestras vidas les quitaran el límite, no seríamos del todo nosotros porque, en tal caso, participa­ríamos ligeramente de la sustancia íntima de Dios, y para entretenernos durante tantísimos siglos acaso buscaríamos el modo de crear algo que se viera obligado a luchar constantemente, algo que, ante la amenaza de perecer, fuera conmovedor o genial.

Philía

Philía

En nuestra imperfecta y pequeña visión de las cosas, hemos realizado innumerables intentos de trascender la muerte. Uno de ellos son nuestros hechos: Cervantes escribió El Quijote, Miguel Ángel pintó la Capilla Sixtina y Beethoven compuso su Novena Sinfonía para la posteridad. También hay cosas que trascienden sin que nadie se lo proponga: cierto bisabuelo de mi madre escribió una carta con una letra preciosa hace más de cien años que el otro día tuve ocasión de examinar. No queda nadie que conociera a quien la escribió, salvo quizá mi tía Maruja, que acaba de cumplir ciento un años, ni sabemos nada de las personas a las que esta entrañable carta hace referencia, sin embargo aquello, por la simple razón de tratarse de un mensaje escrito tanto tiempo atrás, tiene unas implicaciones y una profundidad que a mí me resultan emocionantes: al parecer, la hija de quien firma la carta habla con su novio por el balcón, y el autor de la misiva argumenta que habría que tapiar ese canal que los sufridos novios emplean para comunicarse con el fin de que semejante indecencia no tenga lugar. No puede permitirse que los novios dialoguen sin que haya alguien de confianza presente.

Recuerdo también el objeto expuesto que más me ha conmovido jamás: En el museo romano de Zamora se exhibe un único patuco de cuero de un niño romano. Este tipo de creaciones o de objetos remotos son como penínsulas del pasado que tienen capacidad para situar lo que estamos viviendo en su verdadera dimensión. Todo lo que nos rodea podría ser de otra forma. Por la razón que sea, a mí me recuerdan lo poquísima cosa que somos pese a que, paradójicamente, seamos tan importantes en nuestro entorno inmediato. Vistos de cerca, somos muy grandes pero, vistos de lejos, pertenecemos a la categoría de los microorganismos.

Storge

Storge

Como decía al principio, también existe comunicación entre el momento actual y el pasado cuando recordamos y tenemos presentes a los que se marcharon. Los seres humanos hemos superpuesto al sexo una maravillosa constelación de símbolos y de ritos cuya expresión más alta es el beso. Los griegos acuñaron cuatro términos para referirse al amor: «ágape», que designa los buenos deseos hacia el ser querido —la «benevolencia»—, y también al amor entre Dios y el hombre. «Eros», el amor relacionado con la sexualidad, que podríamos traducir aproximadamente como «deseo». «Philía» o amistad, que se profesa hacia personas de parecida condición, y «storge», que se dirige hacia padres e hijos y que con frecuencia se hace corresponder con «cariño».

“Vistos de cerca, somos muy grandes pero, vistos de lejos, pertenecemos a la categoría de los microorganismos”

Retrato de Menendez Pidal del pintor checo Bruno Beran

Retrato de Menendez Pidal del pintor checo Bruno Beran

El amor perfecto, el amor absoluto es aquel que reúne los cuatro amores clásicos y cifra en una sola persona el sentido de la existencia. Esta magna creación sentimental y sensorial, este ápice de lo que puede ser experimentado intelectual y corporalmente ha cristalizado en diversos lugares literarios de nuestra tradición: el amor fogoso, el amor que lleva a la muerte a los enamorados, el amor loco, el amor místico, el amor cortés y tantos otros. Hoy nos interesa el amor que no acaba con la muerte porque la trasciende. En la célebre «Flor nueva de romances viejos» —esa benemérita compilación anotada de romances recogida por don Ramón Menéndez-Pidal a lo largo de toda su vida—, encontramos un «Amor más poderoso que la muerte» en el que se narra la devoción que se tenían una princesa y un conde infantiles. Ambos mueren y ella es enterrada en el altar, y el niño conde, «unos pasos más atrás». Veamos con qué elegancia resuelve el autor anónimo el asunto:

De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar;
las ramitas que se alcanzan
fuertes abrazos se dan,
y las que no se alcanzaban
no dejan de suspirar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar;
della naciera una garza,
dél un fuerte gavilán
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan a la par.

El magno poema que todo el mundo conoce sobre el asunto lo escribe el gran Quevedo. A mi pequeño entender, la fama de este soneto sobrenatural, de este hito conceptista del Heráclito cristiano se fundamenta en el excelso terceto que cierra la composición:

Su cuerpo dejará, no su cuidado;

Serán ceniza, mas tendrá sentido;

Polvo será, mas polvo enamorado.

Retrato de José Cadalso

Retrato de José Cadalso

La poesía del siglo XVIII no es muy apreciada actualmente, pero podemos encontrar de nuevo el asunto del amor que prosigue tras la muerte tratado de manera prerromántica y un tanto retórica por José Cadalso:

Todo lo muda el tiempo, Filis mía,
todo cede al rigor de sus guadañas:
ya transforma los valles en montañas,
ya pone un campo donde un mar había.

Él muda en noche opaca el claro día,
en fábulas pueriles las hazañas,
alcázares soberbios en cabañas,
y el juvenil ardor en vejez fría.

Doma el tiempo al caballo desbocado,
detiene el mar y viento enfurecido,
postra al león y rinde al bravo toro.

Sola una cosa al tiempo denodado
ni cederá, ni cede, ni ha cedido,
y es el constante amor con que te adoro.

Bécquer retratado por su hermano Valeriano

Bécquer retratado por su hermano Valeriano

Y en el siglo XIX, Gustavo Adolfo Bécquer le dedica al tema una de sus rimas:

Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.

José Ángel Valente

José Ángel Valente

En el siglo XX, José Ángel Valente parte de la inspiración quevediana y en su libro inicial de 1955 «A modo de esperanza» incluye el poema «Serán ceniza»:

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.

LOS AMANTES DE St. MORRELL

Los-amantes-de-St.-Morrell

Los-amantes-de-St.-Morrell

Hallaton es una pequeña ciudad del condado de Leicester, en la zona central de Inglaterra. Allí, un equipo de arqueólogos voluntarios de la universidad ha excavado los restos de la cercana capilla de St. Morrell y ha encontrado evidencias de que el enclave ha sido objeto de consideración especial al menos desde los tiempos de la dominación romana, ya que en lo alto de una colina próxima hay restos de un templo así como diversos objetos de la Edad del Hierro. La referencia más antigua a la capilla data de 1532 y es posible que su destrucción se debiera al decreto de supresión de los monasterios promulgado por Enrique VIII cuando fundó la Iglesia de Inglaterra.

Excavación arqueológica de Saint Morrell

Excavación arqueológica de Saint Morrell

 

Los amantes de Módena

Los amantes de Módena

Una posible etimología del nombre de la ciudad —«Holy Town»— sugiere que podría tratarse de un lugar al que acudían a morir los enfermos de la época. Al norte de la capilla, en el cementerio, por el momento han sido encontrados once esqueletos dispuesto en dirección este-oeste, como es preceptivo en la tradición cristiana. La datación según el carbono-14 revela que tienen una antigüedad de setecientos años. Una de las preguntas que se formulan los arqueólogos es por qué fue elegida esta pequeña capilla para el enterramiento en lugar de la iglesia de la ciudad.

Los amantes de Valdaro

Los amantes de Valdaro

Según la estudiosa Vicky Score, tal cosa podría deberse a que la capilla fuera un lugar de peregrinación especial o debido a que se hubiera negado el permiso de enterra­miento en la iglesia principal porque se tratara de extranjeros o criminales o bien de enfermos. Uno de los esqueletos corresponde a un adulto que falleció a consecuencia de una herida de hacha en la cabeza. Otro de los esqueletos pertenece a un adolescente que fue enterrado con las piernas dobladas sobre el pecho, quizá víctima de alguna enfermedad según sugiere el nombre de la población.

Primer plano de los amantes de Valdaro

Primer plano de los amantes de Valdaro

Lo que ha situado a St. Morrell más allá del reducido mundo de los especialistas en arqueología es una emocionante pareja de esqueletos pertenecientes a un hombre y una mujer que yacen juntos con los brazos entrelazados. Se conjetura que debieron de morir en fechas próximas, aunque se desconoce qué relación personal o familiar llevó a que fueran enterrados juntos. Por algún motivo, pese a que los huesos están muy bien conservados, en el extremo del brazo a ambos esqueletos les faltan las manos, como si se las hubieran cortado.

Retrato de Quevedo, según copia del retrato original perdido de Velázquez

Retrato de Quevedo, según copia del retrato original perdido de Velázquez

La pareja de Saint Morrell no es el único caso de parejas de esqueletos encontradas en disposición que sugiere alguna clase de vínculo de amor o de amistad. Aún más expresiva es otra pareja encontrada en 2007 en la necrópolis neolítica de Valdaro, cerca de Mantua. En esta ocasión, los esqueletos están abrazados y se miran a la cara desde hace seis mil años. En Módena ha sido encontrada en 2009 otra pareja que se coge de las manos datada entre los siglos quinto y sexto de nuestra era.

Como muy bien supo ver Quevedo en su altísimo soneto, estas personas abandonaron sus cuerpos, pero no dejaron por ello de cuidarse. Ya casi son ceniza, pero siguen teniendo sentido, todo el sentido.

Álvaro Fierro Clavero
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Arcadio Pardo dice:

    Un texto estupendo, Alvaro. Muchos, como yo, lo apreciarán, por su senbilidad su sabiduría. Gracias, Arcadio.

  2. María Jesús dice:

    Me resulta admirable tu modo de administrar el tiempo. La reflexión es magnífica. Somos “presentes sucesiones de difuntos”, pero no nos habíamos dado cuenta hasta ahora, pese a que don Francisco lo dejó muy claro.
    ¡Chapeau!
    María Jesús

  3. Teresa heredia armada dice:

    Por una mirada un mundo, por una sonrisa un cielo……..
    Gracias, el artículo precioso.
    Un abrazo

  4. Amar es el secreto de la vida, más conocido y mejor guardado.
    Amar es la mayor de las fortunas que en el mundo se han dado.

    Frente al amor no hay muerte, ni destrucción humana,
    todo queda a la suerte -de morir- con la persona amada.

    Lola Vicente

  5. Sin palabras… absolutamente magnifico!
    Gracias!

  6. Que emocionante. Lo eterno se hace materia, pero luego la abandona y los restos se tienen que quedar aquí.

  7. Me encuentro ahora con este regalo… Seguiré sus artículos.

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