martes, 21 noviembre, 2017

Estrategia, la corrupción de una palabra (y otra manera de decir “todo vale”)

Estrategia, la corrupción de una palabra (y otra manera de decir “todo vale”)



Me echo a temblar cuando alguien justifica algo diciendo “es por estrategia”. Entonces sé que habitualmente tengo delante a un tonto, a un malo o a ambos.

Estrategia, la corrupción de una palabra (y otra manera de decir “todo vale”)




Esto de la estrategia ha venido a ser otra manera de presentar el viejo adagio del fin justifica los medios


Esa estrategia del “crecimiento” o “sostenimiento” de un partido a cualquier precio, incorporando a indeseables o manteniéndoles en su asiento, es algo habitual en el panorama.

Supongo que el término se ha acabado por corromper y ahora, desafortunadamente, se utiliza como coartada para justificar cualquier decisión que se tome.

Estrategia-de-marketing“Es por estrategia que vamos a hacer… esto”… y ahí el sesudo asesor suele parapetarse como razón de que algo se haga, habitualmente contrario a lo que se dijo o se piensa, ocultando la verdad o simplemente manipulando.

En definitiva, esto de la estrategia ha venido a ser otra manera de presentar el viejo adagio del fin justifica los medios, un modo moderno de volver a caer en lo que a menudo se critica, pero se es incapaz de superarlo.

De la planificación y la fijación de objetivos, que es lo que originalmente comportaba, la estrategia ha pasado así a ser una especie de cortina de humo que sirve lo mismo para tirios que para troyanos.

Un ejemplo, el todo por un concejal (o antes por un diputado): por llegar a sentarse en un ayuntamiento, da igual con quién vayas de la mano, porque lo importante es llegar a sentarse, aunque se siente un impresentable o lo sientes a tu lado. Pero a eso le llaman estrategia, así se regenera la vida política de España. Son “los otros” los que son “los malos”. Así que esa estrategia del crecimiento (o sostenimiento) de un partido a cualquier precio, incorporando a indeseables o manteniéndoles en su asiento, es algo habitual en el panorama. Pero esgrimen la estrategia, hace falta tener cara.

O todo por la pasta. Se confunde la estrategia, resultado de analizar las fortalezas y debilidades de un producto o servicio , así como las oportunidades y amenazas que existen en un mercado, con el engañar como se pueda para conseguir lo que se desea, que habitualmente es pasta. “Si le dijésemos los riesgos que este producto financiero conlleva, no se lo hubiésemos colocado”. Y a eso le llamaban estrategia de ventas, cuando es simple y llanamente un engaño.

Así que yo me echo a temblar con todos los “expertos” estrategas de algo de un tiempo a esta parte. O simplemente, cuando alguien para razonar una decisión tomada cuando se le piden cuentas, dice como un loro “es por estrategia”. Entonces ya sé a quién tengo delante: a un tonto, a un malo o, posiblemente, a ambos.

Es un gran consuelo que Dios no juegue a la estrategia y que la divina providencia, aunque tenga sus planes, no sean los de esos charlatanes habituales de tres al cuarto que utilizan la palabra estrategia como tótem para todo manipulándonos. Podrían ser al menos originales.

Aurora Pimentel
@AuroraPimentel

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