lunes, 23 octubre, 2017

El fin de la originalidad


No me parece que en la literatura contemporánea haya nada radicalmente nuevo.

Harold Bloom

Tiburón en formol, del británico Damien Hirst

Tiburón en formol, del británico Damien Hirst

A los tres años de la Caída del Muro de Berlín, el politólogo norteamericano de origen japonés Francis Fukuyama publicó «El fin de la historia y el último hombre», un influyente ensayo en el que se afirmaba que la lucha entre ideologías acababa de terminar con la victoria del liberalismo democrático. Dejando aparte el hecho de que el puesto ocupado por el comunismo —en tanto que adversario del liberalismo— ha sido ocupado por varias instancias —el islamismo radical, los movimientos antisistema, el terrorismo internacional, el postcomunismo chino, el rebrote comunista en Hispanoa­mérica—, lo que sí se advertía entonces era que se estaba llegando al final de un estado de cosas derivado de la Segunda Guerra Mundial.

Caricatura de Francis Fukuyama

Caricatura de Francis Fukuyama

El título del libro era equívoco: según Fukuyama, en absoluto iban a dejar de suceder acontecimientos, sólo que en lo sucesivo el motor de la historia y la sociedad iba a ser la ciencia y no la política. Sin perjuicio de que la tesis pueda matizarse —en el sentido de que ahora estamos en manos de iniciativas como internet, la telefonía móvil, las redes sociales y las empresas que ofrecen sus servicios a través de estos nuevos ámbitos, es decir, en manos de la técnica, no propiamente de la ciencia—, la tesis me parece sustancialmente correcta porque, tras treinta siglos de historia, anuncia el declive de la política, que de manera creciente es percibida por los ciudadanos informados como un obstáculo para el progreso, y el ascenso de las empresas.

En este sentido, examínese la demencial oposición paneuropea a la inno­va­dora plataforma Uber de compartición de medios privados de transporte en tiempo real, o el canon que en España pretendía cobrarse a Google News que se ha saldado con la marcha de la compañía de nuestro país. Seguiremos votando periódicamente, pero cada vez será menos importante qué elijamos, ya que una buena parte de lo que se ventila a nuestro alrededor escapará de ahora en adelante al poder de nuestros contumaces políticos. El tiempo dirá si tal circunstancia va a ser buena o no, aunque mi personal concepción de las cosas me lleva a pensar que esta importante transformación histórica será beneficiosa para los que hagan un uso inteligente de ella.

Retrato de Buxtehude por Johannes Voorhout

Retrato de Buxtehude por Johannes Voorhout

Pero el libro de Fukuyama a mí me sirvió de aviso para advertir el final de otra cosa: la originalidad. Intentemos entender este asunto: La originalidad sólo era posible en un mundo lleno de barreras y distancias. Las iniciativas en materia arquitectónica, o científica, o matemática, o artística estaban en manos de reducidos grupos de iniciados que trabajaban aisladamente. A principios del siglo XVIII, el organista alemán de origen danés Dietrich Buxtehude era el más importante compositor alemán desde los tiempos de Heinrich Schütz. A los veinte años de edad, durante el invierno de 1705-1706, el gran Johann Sebastian Bach emprendió viaje a pie desde Arnstadt hasta Lübeck —¡a lo largo de unos 300 km!— para conocer al maestro junto al que permaneció por espacio de tres meses. En opinión de los expertos, nada menos que la Tocata y Fuga en Re menor bachiana, así como la música vocal de juventud de genial transeúnte se deben a la importante influencia de Buxtehude.

Grigori Perelman explicando su demostración de la Conjetura de Poincaré

Grigori Perelman explicando su demostración de la Conjetura de Poincaré

Sin embargo ahora las cosas son bien distintas. Una somera pesquisa con la ayuda del ordenador permite estar al corriente de las últimas novedades iconográficas, discográ­ficas, literarias, científicas y técnicas. Por ejemplo, la universidad de Cornell aloja la colosal biblioteca de artículos científicos «arXiv», que en la actualidad contiene unos 600.000 documentos y que fue escogida por el insigne Grigori Perelman para dar a conocer su demostración del que en 2002 acaso fuera el resultado pendiente de demostrar más importante de toda la matemática y que había sido considerado por el Instituto Clay como uno de los siete problemas del milenio: la conjetura de Poincaré.

Corren buenos tiempos para la enseñanza y la difusión del conocimiento: una persona que tenga un dominio razonable del inglés puede cursar estudios universitarios a distancia sobre cualquier materia imaginable en las universidades más prestigiosas del mundo dentro del marco de admirables iniciativas como por ejemplo Coursera, fundada por la universidad de Stanford en octubre de 2011, o edX, fundada por el Instituto Tecnológico de Massachusetts y Harvard en diciembre del mismo año.

Artur Ávila, primer brasileño que gana una medalla Fields

Artur Ávila, primer brasileño que gana una medalla Fields

Se me ocurren al menos dos consecuencias de que exista esta formidable inter­re­lación a escala mundial: por un lado, la matemática y la ciencia en general avanzan como nunca lo habían hecho antes, ya que en virtud de esta disponibilidad universal del cono­ci­miento prácticamente gratuita, apenas existe ya esa tradicional desventaja geográfica para los investigadores y se malogran menos inteligencias. Resulta ilustrativo que dos de las cuatro medallas Fields de 2014 hayan recaído en investigadores nacidos en países tradicionalmente alejados de la vanguardia matemática: la iraní Maryam Mirzakhani y el brasileño Artur Ávila.

La iraní Marian Mirzakhani, primera mujer que gana una medalla Fields

La iraní Marian Mirzakhani, primera mujer que gana una medalla Fields

Quizá por esto, la creatividad en el ámbito de lo numérico se está viendo potenciada por el actual estado de cosas. Tenemos tendencia a pensar que la creatividad es patrimonio de los artistas, pero nada hay menos cierto. Cuenta la leyenda que el matemático David Hilbert estaba dando un curso y, un buen día, se dio cuenta de que uno de los asistentes había dejado de acudir. Le contaron al maestro que el alumno había abandonado la matemática para dedicarse a la poesía. La respuesta del genio fue elocuente: «Siempre pensé que le faltaba imaginación para ser matemático». La base de inteligencias creativas que se está incorporando a la investigación matemática y científica no deja de aumentar y los resultados están siendo espectaculares.

Harold Bloom

Harold Bloom

Sin embargo, en línea con la frase de Harold Bloom que encabeza el artículo, la creatividad en el ámbito de las artes y la literatura se está viendo gravemente erosionada por este mismo fenómeno. La gigantesca intercomu­ni­cación que existe en el mundo actual está perjudicando el que surjan hallazgos estéticos verdaderamente originales, y la nueva literatura, la nueva música, la nueva pintura, el nuevo cine parecen tener menos cosas que ofrecernos, como si el ámbito estético estuviera siendo víctima de la ley de los rendimientos decrecientes de David Ricardo.

Robert Langlands

Robert Langlands

Tal cosa podría deberse a que el mundo estético sea más pequeño o más sencillo que el mundo matemático-científico y, simplemente, ha terminado por agotarse antes. O bien las claves creativas fundamentales en el ámbito artístico han sido desveladas ya por los artistas del pasado, mientras que los físicos todavía siguen investigando a la busca de la Teoría del Todo, y los matemáticos aún tienen ante sí el colosal reto unificador equivalente que se conoce como «programa Langlands».

Tiendo a pensar que ambas hipótesis son ciertas. Pese a que la innovación que supuso el arte abstracta de Mondrian y Kandinski es fabulosa, la idea subyacente es sencilla, y se constata que el agotamiento de los métodos para combinar formas, materiales, soportes y colores sin intención de reflejar la realidad era una cuestión de tiempo. La comparación de la complejidad y las posibilidades de estos recursos artísticos con lo que encontramos en cualquiera de las grandes áreas de la matemática o la física es una ingenuidad. Pero es que también la revolución rítmica de Stravinski, o la revolución armónica de Schönberg, o la revolución tímbrica y dinámica de Boulez agotaron multitud de posibles innovaciones, y los músicos posteriores se han quedado sin territorios que explorar.

Sin embargo, las implicaciones de la Segunda Ley de la Dinámica expuesta por Newton en su magno libro «Principios matemáticos de la filosofía natural» no han terminado al cabo de más de tres siglos de su formulación. En cada rama de la física, en buena medida el trabajo consiste en ver cómo se aplica este profundo principio del universo. De manera semejante, toda la Química en realidad consiste en encontrar, para cada grupo de átomos, las soluciones que la naturaleza ha encontrado según la pauta que establece la Ecuación de Onda de Schrödinger, la cual, a su vez, procede en último término de la citada ley de Newton.

El economista Jeremy Rifkin

El economista Jeremy Rifkin

El fin de la originalidad al que aparentemente hemos llegado es el que tiene que ver con lo artístico. ¿En qué otros ámbitos da la impresión de que el género humano esté produciendo actualmente resultados creativos?: El sociólogo y economista norteamericano Jeremy Rifkin es el heraldo de la Tercera Revolución Industrial científica y técnica en la que nos encontramos inmersos. Parece que la electrónica, las nuevas tecnologías informáticas, los desarrollos en energías renovables y los avances en materia de almacenamiento energético han abierto un enorme campo a la originalidad en todo lo relacionado con lo empresarial y lo industrial.

Pese a que pudiera parecer que las artes están en vía muerta, mi opinión es la contraria: lo único que ocurre es que hemos sobrevalorado la originalidad, cuando lo que habría que apreciar más bien es la efectividad. Sencillamente, hemos entrado en una época histórica en la que ya no se trata tanto de encontrar modos de expresión originales ni de inventar movimientos nuevos como de emplear con maestría los recursos expresivos existentes para lo que siempre pretendieron los grandes maestros: suscitar la emoción.

Damien Hirst junto a una de su creaciones

Damien Hirst junto a una de su creaciones

La primera línea intelectual de nuestro tiempo ya no pasa por el arte ni por la literatura ni por la música ni por la arquitectura. Ya es hora de que artistas, escritores, músicos y arquitectos comprendan su verdadero papel —que, como nos enseñaron Velázquez, o Cervantes, o Haydn, o Miguel Ángel, es nada menos que satisfacer a sus clientes y patrocinadores— y se coloquen junto a los médicos, los economistas, los maestros, los filólogos, los tenderos, los albañiles o los ingenieros en el sitio que les corresponde tras estas últimas décadas de extravagancia, insolencia intelectual, preten­cio­sidad y egocentrismo.

Miguel Hernández y Josefina Manresa

Miguel Hernández y Josefina Manresa

En la conmovedora correspondencia de Miguel Hernández con Josefina Manresa encontramos una sagaz observación del poeta que desde la cárcel se refiere a uno de los hijos que tuvo la infeliz pareja: «que no se me acostumbre el niño a llevar melena como los malos poetas».

Artistas del mundo, dejad de aparentar de una santísima vez: necesitamos que volváis a emocionarnos.

Álvaro Fierro Clavero
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Espléndido artículo Álvaro. Análisis, propuesta, posibilidad de debate posterior… todo lo que se puede pedir a la Literatura de pensamiento. No solo hablas de la originalidad… sino que haces un repaso exhaustivo a las claves de la sociedad en tiempo y espacio. Sobre la originalidad… he de decir que, en primer lugar, no estoy de acuerdo con Harold Bloom, nunca he estado de acuerdo con los profetas del canon como él, ni con la autoridad indiscutible. Entre otras cosas, aunque él se crea lo contrario, le falta mucho por leer – a todos nos faltan cosas por leer, por conocer, dado el ritmo de producción literario y artístico – pues es imposible abarcar todo y en tantos idiomas y diferentes lenguajes. Para mí la originalidad no se basa en la producción “ex-novo”, pues todo parte de códigos de expresión y comunicación pre-existentes. Para mí la originalidad es el enfoque diferenciador a partir de esos códigos. Y en ese aspecto se están produciendo obras originales constantemente. Y más ahora, donde el conocimiento es más amplio y permite mayores variaciones de comunicación y elección de herramientas, también en lo literario. Pero, como digo, el tema lleva a un debate apasionante… donde lo menos apasionante para mi son las opiniones de Bloom. Me interesan y me gustan mucho más las tuyas. Gracias por este magnífico pequeño gran ensayo.

  2. Gracias por la exposición de ambos. Muy interesante. Estoy de acuerdo en que lleva a un debate apasionante.

    Aporto pues mi reflexión a lo que planteáis, por la parte que me toca.

    Estoy de acuerdo en que la creatividad no solo es patrimonio de los artistas. El emprendedor que imagina un nuevo negocio que ofrece un servicio a la sociedad, no cubierto hasta ese momento, es un individuo creativo, tanto como el que inventó el clip o el que enseña a abrir la mente y el espíritu.

    Si en el mundo científico se avanza con creatividad tal vez sea porque los individuos que lo desarrollan estén pertrechados con aquello de lo que tal vez escasea la realización artística: una reflexión sobre la visión del mundo que nos rodea y la postura ante el mismo.

    El arte comunica ideas y emociones pero para generarlas el artista debe buscar en su interior, abrir su mente a las dudas y preguntas, no prejuzgar, mirar más allá de sí mismo, de lo que llega por los sentidos, más allá de lo inmediato, proponer posturas o respuestas.
    En fin parar. Pensar. Tomar tiempo. Tomar conciencia.

    La emoción que genera la obra de arte mueve en uno u otro sentido, lo que nos lleva a posicionarnos. Y eso es enriquecedor y bello. Merece la pena el esfuerzo.

  3. ¡Bravo, Álvaro! Creo que Bloom se pasa de rosca (¿o es que lo ha leído todo?) En efecto, la originalidad o la creatividad, que es su madre, ha estado siempre en combinar dimensiones ya existentes de manera distinta a la recordada. Ayer leí que lo opuesto a la verdad no es el error ni la mentira sino el olvido. Por ese camino creo que pueden ir los tiros, más que por otro. Gracias de nuevo por tu trabajo.

  4. ¡Enhorabuena! lástima que esta vez no se haya remontado, como suele, hasta los griegos…Me interesaría que nos explicara cuál es para usted el “fin” es decir el objetivo, el propósito de la originalidad más que el “final” mera cuestión de tiempo. Gracias también a los comentaristas

  5. La originalidad existe y seguirá existiendo, en todas y cada una de las profesiones y en todos y cada uno de nosotros, pues cada día en nuestros respectivos trabajos, aportamos, en algunas ocasiones, ideas nuevas en forma de novedosos procedimientos para lograr objetivos, por mínimos que estos sean. Sin embargo, el tema de la originalidad, o quizá de su aparente ausencia, se ha suscitado no por que no exista, sino porque se nota menos, ya que las grandes ideas originales en forma de grandes inventos ya los tenemos, quizá porque eran los más necesarios o porque parecían imposibles (el avión, el submarino, el tfno., el email…) pero no es menos cierto de que el mundo no dejará de sorprendernos con nuevas creaciones y nuevas ideas.

  6. fe de erratas: donde digo “no es menos cierto de que”, omítase el “de”, ja, ja. Lo siento.

Deja un comentario