lunes, 23 octubre, 2017

La creatividad según Isaac Asimov


El arte no es imitación ni representación, sino expresión; cuando más verdaderamente soy yo mismo es cuando creo. Ésa, y no la capacidad de razonar, es la capacidad divina que hay dentro de mí.

Isaiah Berlin

Isaac Asimov

Isaac Asimov

Entre las lecturas de mi primera juventud —voy ya por la sexta o la séptima— ocupan un lugar predilecto los escritos de divulgación científica de Isaac Asimov. Quizá sea el autor del que he leído más libros todavía hoy, con la excepción de Salgari, la enormemente prolífica Enyd Blyton —cuyas novelas de «Los Cinco» y los «Siete Secretos» leí de cabo a rabo— y los escritores Robert Arthur y William Carey, que son autores de buena parte de la serie de novelas juveniles de «Los Tres investigadores». Mi devoción por el escritor ruso-americano empezó a raíz de la lectura de «El Universo», un libro que me obsequiaron en el colegio a raíz de cierto concurso para el que escribí mi primer relato, que estaba inspirado en los personajes de Sandokán.

Enid Blyton

Enid Blyton

Asimov había nacido en la URSS, pero a los tres años sus padres se trasladaron a Nueva York. Aquí estudia Bioquímica, aunque lo que hizo famoso a nuestro escritor fue su enormemente prolífica producción literaria, tanto en su faceta de divulgador como en su faceta de novelista de ciencia ficción. Su coeficiente intelectual se estima que era de 132, una cuantía que a menudo se corresponde con excepcionales cualidades. Acaba de aparecer un texto suyo en el que diserta sobre el que acaso sea el mayor de los misterios de la inteligencia: la creatividad.

Los tres investigadores

Los tres investigadores

Según Asimov, la creatividad es algo semejante en todas las ramas del conoci­miento. Una posible vía para investigar su naturaleza es la de analizar el proceso por el que se llegó a las grandes ideas del pasado. Desafortunadamente —sostiene Asimov—, tal cosa no es posible porque incluso para los propios generadores de una idea el mecanismo resulta misterioso. En mi modesta escala personal, detecto que las mejores ideas a mí me vienen o bien a primera hora de la mañana o bien por la noche, y en ambos casos tal cosa sucede al poco de empezar a trabajar. He perdido la cuenta del número de veces que abandono una tarea porque no sé cómo seguir y, ¡zas!, al volver sobre ella de pronto todo está meridia­na­mente claro. Es como si el cerebro perdiera capacidades a medida que persevera en algo y nos viniera bien dejar que el cerebro descanse antes de someterlo a retos importantes.

Alfred Wallace y Charles Darwin

Alfred Wallace y Charles Darwin

Para conocer el futuro viene bien conocer el pasado. Asimov examina el proceso intelectual que llevó simultáneamente a Darwin y al mucho menos célebre Alfred Wallace a la idea de la selección natural. Ambos habían estudiado especies animales y vegetales por medio mundo, pero hasta que no leyeron el fundamental ensayo de Malthus sobre población no llegaron a la idea central de la teoría. De aquí concluye Asimov que una importante fuente de creatividad estriba en tener contacto con campos del saber alejados entre sí y ser capaz de establecer relaciones entre ellos, lo cual permite aplicar soluciones cruzadas que resultan innovadoras.

Thomas Malthus

Thomas Malthus

Una vez que ese individuo ha establecido la conexión entre lo que hasta entonces parecían dos mundos separados, la cuestión pasa a ser evidente para el público, pero se trata de una falsa impresión. El que los pitagóricos midieran la altura de las pirámides de Egipto razonando sobre la relación entre la altura de una vara y la medida de su sombra, y aplicaran la semejanza de triángulos que se estudia hoy en la escuela secundaria constituyó en su momento una hazaña intelectual, pero hoy forma parte del conocimiento común.

“Cada día es, en cierto sentido, nuestra última oportunidad”

Además es necesaria una cierta osadía para atreverse a imaginar ciertas ideas nuevas que a priori parecen irracionales. Pensemos en la colosal audacia de Copérnico cuando se atrevió a pensar que la Tierra no era el centro del Sistema Solar. Para Asimov, este rasgo se da en individuos que tienen un buen conocimiento del campo que están explorando y que, adicionalmente, a ojos de los demás son excéntricos o, como mínimo, poco convencio­nales.

Cara del billete polaco de 1000 zlotys dedicado a Nicolás Copérnico

Cara del billete polaco de 1000 zlotys dedicado a Nicolás Copérnico

La siguiente idea que expone Asimov me parece interesante porque contraviene una de las ideas-fuerza de nuestra época: que la solución a todo viene de la mano del trabajo en equipo. La creatividad requiere cierto aislamiento, cierto ensimismamiento que es incompa­tible con el ambiente asambleario y un tanto competitivo de los grupos de trabajo. Esto no quiere decir que estos grupos no tengan cierta capacidad —de hecho, una empresa que funciona bien siempre trabaja en equipo—, pero las tareas creativas de mayor categoría son algo alejado de estos grupos, como bien saben los grandes artistas o los grandes científicos. Alguien podría argumentar que las tormentas de ideas crean una dinámica favorecedora de la creatividad, pero algo me dice que se trata de una creatividad de andar por casa que no permite componer una gran sinfonía o pintar un gran cuadro.

Dorso del billete

Dorso del billete

Una posible causa de que los creadores busquen la soledad —sostiene Asimov— es que el proceso creativo es algo embarazoso: detrás de cada idea brillante hay decenas y decenas de ideas disparatadas que el creador ha ido considerando y descartando antes de dar con la solución final. A lo largo de varios años he intentado presenciar el proceso creativo de pintores y músicos pidiéndoles a amigos míos que me permitieran asistir a su taller mientras creaban sus obras, y todas y cada una de las nueve o diez veces que he pedido permiso se me ha negado. La excusa —«se trata de un proceso muy poco interesante, Álvaro»— es totalmente coherente con la intuición de Asimov.

August Kekulé

August Kekulé

Estructura del benceno en la que es posible apreciar el enlace aromático

Estructura del benceno en la que es posible apreciar el enlace aromático

Nuestro autor menciona uno de los episodios creativos más célebres de la historia de la ciencia para introducir otro rasgo consustancial a la creatividad: la obsesión. El episodio no es otro que el descubrimiento de la estructura del benceno en forma de anillo aromático por parte de August Kekulé. Cuenta la leyenda que la complejísima configuración de los átomos de carbono se le ocurrió al gran químico durante el sueño después de que muchas otras posibles disposiciones imaginadas por el propio Kekulé o propuestas por otros investigadores hubieran sido descartadas por la comunidad científica. Sólo cuando uno se lleva a la cama un problema complicado está en disposición de dar con el buen camino. En español utilizamos la expresión «consultar con la almohada», en inglés, en francés y en italiano se utilizan expresiones muy parecidas: «to sleep on something», «laisser passer une nuit», «dormirci sopra».

Billete austriaco de 1000 chelines conmemorativo de Erwin Schrödinger y su función de onda

Billete austriaco de 1000 chelines conmemorativo de Erwin Schrödinger y su función de onda

Tras especular en torno a cómo podrían trans­mitirse las claves de la creatividad en sesiones a las que da un nombre curioso —sesiones de «cerebración»—, Asimov realiza otra afirmación importante: no es posible pagar a nadie para que tenga grandes ideas. Los grandes hallazgos han corrido a cargo de profesores, empleados de oficinas de patentes —como Einstein— o funcionarios insig­ni­­fi­cantes que no estaban sometidos a la responsa­bi­lidad de ser creativos obligatoria­mente, y con mucha frecuencia han surgido como efectos secundarios de otros asuntos supuesta­mente más importantes. Casos clásicos que no cita Asimov son, por ejemplo, el descubri­miento de la radiactividad por Becquerel a conse­cuencia del sorprendente velado de unas placas foto­grá­ficas, o el descubrimiento de la penicilina.

Sello conmemorativo del gran descubrimiento de Max Planck

Sello conmemorativo del gran descubrimiento de Max Planck

Hay algo que no menciona Asimov —quizá lo daba por descontado, ya que se trataba de alguien enormemente trabajador— que me parece esencial: el proceso creativo requiere una inmensa, una colosal cantidad de trabajo. Es fama que Edison había probado más de mil filamentos distintos antes de dar con el que aguantó la incandescencia. Max Planck formuló su revolucionaria hipótesis cuántica cuando literalmente ya no sabía cómo explicar la radiación del cuerpo negro —y, de hecho, pasó buena parte del resto de su carrera intentando encontrar algún fallo en sus razonamientos, ya que no podía creer lo que había encontrado—. Erwin Schrödinger optó por formular su apabullante ecuación de onda haciendo uso de los números complejos como último recurso tras estar a punto de tirar la toalla.

Tema inicial de las Variaciones Goldberg

Tema inicial de las Variaciones Goldberg

A mi entender hay una característica que distingue a los individuos más creativos que no es mencionada por Asimov en su artículo: la improvisación. Es legendaria la capacidad de Beethoven para improvisar al piano divertidísimos retratos en los que el público recono­cía la manera de andar o de gesticular de determinadas personas. En el vídeo adjunto ofrecemos una muestra de la hermosísima improvisación que, a instancias del público, la gran pianista venezolana Gabriela Montero ofrece sobre el sublime tema inicial de las Variaciones Goldberg. Es muy frecuente que en sus célebres improvisaciones Montero mezcle estilos —y, por tanto, conecte mundos— en línea con la tesis de Asimov: Debussy según Bach, Bach según el jazz, según el tango …

 

Sospecho que toda creación, todo gran hallazgo obedece a un impulso improvisa­to­rio que tiene lugar en un momento concreto que no se puede repetir y en un lugar preciso que es irremplazable. Tenemos la importante obligación de ser creativos de manera constante: cada día es, en cierto sentido, nuestra última oportunidad de dar con la solución de algo. Por eso es prioritario que dispongamos —con independencia de nuestra ocu­pa­ción o nuestro bagaje intelectual— de cierta parcela íntima que nos permita desarrollar de manera constante nuestra creatividad. La pintura, la escritura, la inter­pre­tación musical, el teatro, la cocina, la lectura —¡sí, la lectura es una actividad muy creativa porque es la maestra del razonamiento y la antesala de la interpretación!— ponen a nuestro alcance el hacer o imaginar cosas por primera vez, y eso es algo esencial en una vida que merezca la pena ser vivida. Para hacer cada día lo mismo que el anterior ya están los maravillosos animales y los adorables objetos, sin embargo nosotros somos una cosa aún más alta que los animales y los objetos.

En la Edad Media, al acabar su jornada de trabajo los aprendices tenían la obliga­ción de formular una pregunta a sus maestros. Pero todos somos aprendices, y el último maestro siempre es uno mismo: Cuando este día concluya, ¿qué pregunta vas a formularte, amigo lector?

Álvaro Fierro Clavero
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Jose Esteve Sala dice:

    Álvaro eres un pozo de ciencia. Me asombras con cada artículo. Enhorabuena. Yo también leí Asimov de joven, luego sus libros los leyó también mi hijo. También creo que la creatividad tiene un punto de cierta locura aparente, los catalanes diríamos ” Rauxa” de camino nuevo e inexplorado y coincido que es un fenómeno más individual que colectivo.
    Josep Esteve

  2. Alvaro, la idea que esbozas sobre el funcionamiento del cerebro cuando no estás “trabajando” está comprobada y modelada. Se llama “modo difuso” de funcionamiento, por oposición al “modo enfocado”. Parece ser que el aprendizaje más profundo y la resolución de problemas se favorece por alternar los modos de trabajo enfocado y difuso. En los tiempos de enfoque se realiza el trabajo de alimentación de información y en los tiempos de modo difuso se permite que el cerebro realice sus propias conexiones.
    Puedes leer más en http://www.motherjones.com/environment/2014/08/inquiring-minds-barbara-oakley-learning-neuroscience o realizar el curso “Learning how to learn” en Coursera, impartido por la propia Barbara Oakley.

  3. Te perdonamos que aproveches para contarnos cómo ganaste el concurso infantil de relatos. Me ha sorprendido la construcción “tanto en su faceta como divulgador como en su faceta de”. Los ejemplos que aportas son magníficos pero Asimov inicia uno de los grandes horrores contemporáneos, la divulgación, Por lo demás todos los bioquímicos somos genios natos. Gracias.

  4. Siento que este es un tema demasiado complejo para mí, porque no sé si la creatividad va de la mano de la divulgación, porque si creativos somos todos la única diferencia entre unos y otros es la posibilidad de dar a conocer lo que se ha creado, pero si no somos todos creativos sería la facultad de unos pocos, ¿por qué?. Otra cuestión es que si esos pocos son creativos y sus creaciones merecen la trascendencia, ¿siempre tendrán esa posibilidad de crear algo nuevo?, en el caso de mi admirado Dalí, está claro que no, se llega a un punto en que la creatividad muere y, de la mano de esta carencia, la productividad o capacidad de trabajo. Es un buen tema para debate. Un abrazo.

  5. Quizas Asimov sea tambien el autor del que más libros he leido…

  6. Bravo

  7. Muy interesante Álvaro……gracias.

  8. Interesantes, Alvaro, tus apreciaciones personales sobre la creatividad. En realidad no puede hacerse ésta colectiva porque el proceso creador surge en la intimidad más honda .Y a veces brota de las profundidades del dolor con lo cual el silencio se establece como regla en el proceso creativo. Gracias Álvaro. Soledad

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