lunes, 23 octubre, 2017

Terra Nullius


Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.

Rubén Darío

El antropólogo Marvin Harris

El antropólogo Marvin Harris

Tenemos un sentido innato de la propiedad. Da la impresión de que lo que somos también está constituido por lo que tenemos, y necesitamos tener más para ser más, como si éste fuera el objetivo máximo que pudiera imaginarse y no hubiera otras opciones. A mi entender, la acumulación de bienes tiene dos posibles orígenes: Por un lado, la posesión es un incuestionable signo de prosperidad que se relaciona con el éxito en general. Los antro­pólogos han estudiado la abundancia aparente en fenómenos curiosos como el ‘potlatch destructivo’, descrito por primera vez en 1934 por la estudiosa Ruth Benedict, que lo investigó entre los kwakiutl norteamericanos. Sin embargo no fue comprendido hasta más adelante, cuando Marvin Harris dio la interpretación moderna de esta sorprendente ceremonia: Una comunidad se dedica en determinados periodos a despilfarrar comida para atraer forasteros con la promesa implícita de que la abundancia es la situación habitual de la comunidad. Nadie quiere penurias, y este tirar la casa por la ventana al parecer consigue ganar adeptos e incrementar la población, lo cual es conveniente en grupos pequeños para evitar consanguinidades.

Indios kwakiutl

Indios kwakiutl

Por otro lado, incluso en sociedades de la abundancia como la nuestra, todos hemos oído relatar a nuestros mayores las penurias que hubieron de pasar en tal o cual época, lo cual explica el temor a la escasez que nos lleva a acumular bienes por lo que pueda ocurrir. A esta situación se superpone en la actualidad la crisis económica, que está trayéndonos toda clase de dificultades y da la razón a los que acumularon previsoramente.

En las regiones frías, los sensatísimos animales que hibernan –los osos, las marmotas, los erizos, los lémures– deben acumular reservas para superar el durísimo trance del invierno. ¿No serán los avariciosos personas que hibernan secretamente a lo largo de todo el año?

Los psicólogos llaman ‘sesgo de negatividad’ al hecho de que nos influya más el miedo a lo negativo –la equivocación, el dolor, el fracaso– que el deseo de lo positivo. ¿Qué evidencias hay de esto?: Según el eminente psicólogo Roy Baumeister, han alcanzado una mayor difusión a lo largo de la historia los genes de los individuos prudentes porque, en razón de su aptitud para sortear las amenazas, han vivido más por término medio y han tenido mayor ocasión de reproducirse.

Roy Baumeister

Roy Baumeister

Pese a la aparente injusticia, la naturaleza ha sido muy sabia al determinar que los perjuicios de lo negativo sean más duraderos que los beneficios de lo positivo. Si la satisfacción fuera perenne –como pueden serlo las fatalidades– careceríamos de motivos para continuar en la brecha e, irremediablemente, terminaríamos por sucumbir a causa de la pérdida de las destrezas que dejaríamos de poner en práctica en razón de que nos van bien las cosas y no es necesario mantenerse alerta. Aunque sea incorrecto políticamente decir esto, los mecanismos de protección social que se prolongan en el tiempo en la práctica consolidan la situación adversa de los afectados, ya que desaparece el estímulo para reaccionar y valerse por uno mismo –que en esto consiste la verdadera ayuda– debido a que la existencia está garantizada.

Vivimos en sociedades prontas al castigo y remisas al reconocimiento. Es mucho más probable que nos multen que nos condecoren por la sencilla razón de que el castigo es mucho más eficaz a corto plazo y más fácil de aplicar –aunque esto jamás lo reconocerán los psicólogos–, y de lo que se trata en nuestra época es de orientar a las grandes masas de población para que actúen en un determinado sentido. A consecuencia de todo lo anterior, recibe en nuestra sociedad mucha más atención lo negativo que lo positivo, y de aquí deriva la impresión generalizada de que las cosas no van bien, aunque todos los indicadores a largo plazo demuestren que estamos mucho mejor que hace una generación.

“la naturaleza ha sido muy sabia al determinar que los perjuicios de lo negativo sean más duraderos que los beneficios de lo positivo”

Como decíamos, la propiedad es una de las cosas más importantes que tienen que garantizar las sociedades, ya que proporciona el modo más efectivo y rápido de ascenso y reconocimiento, y este mecanismo es tan potente que ha conseguido adjudicar todo lo que existe a su correspondiente propietario. Ahora todo es propiedad de alguien. Solía designarse con la expresión ‘bienes mostrencos’ aquellas pertenencias sin dueño conocido. Yo, de pequeño, pensaba que podría apropiarme legítimamente de algún castillo que no fuera de nadie sin más que, a la manera de los conquistadores españoles, personarme y tomar posesión. Todo el problema se reducía a buscar concienzudamente por los alrededores de la casa de mis padres. Consulto el diccionario y, horrorizado, encuentro la siguiente definición de bienes mostrencos: Bienes inmuebles vacantes o sin dueño desconocido que por ley pertenecen al Estado. ¡Resulta que los honradísimos, los benefactores, los legendarios castillos de mi infancia ahora son del Estado, santo cielo, ¿en qué nos hemos convertido?!

La avaricia acaso sea el pecado que mejor retrata a la especie humana ya que muestra de manera fehaciente cuáles son nuestras carencias, y constituye el camino más directo para acceder a la psicología profunda del que se dedica a acumular. Por lo mismo, es el pecado más disculpable y el que es posible practicar a lo largo de más tiempo. Como es natural, este pecado también aflige a la expresión jurídica de las sociedades –es decir, los Estados–, que en la actualidad poseen cada kilómetro cuadrado de la superficie terrestre más el mar territorial –que salvo excepciones, alcanza las doce millas náuticas– y las aguas internas, sobre las que el Estado ejerce a todos los efectos plena soberanía. Más allá de las doce millas se extiende la Zona Económica Exclusiva, hasta las doscientas millas, donde los Estados asimismo se atribuyen toda clase de derechos de explotación en caso de que se encuentren recursos, aunque se reconocen derechos de navegación y sobrevuelo a terceros Estados.

 

LA PRINCESA DE BIR TAWIL – WIRTLAND 

La princesa de Bir Tawil

La princesa de Bir Tawil

Jeremiah Heaton es un policía de Virginia al que su hija Emily le dijo una cierta mañana que quería ser princesa. En lugar de hacer como todos los padres hemos hecho ante peticiones de este estilo, el bueno de Jeremiah cogió un mapa y se puso a investigar si algún territorio del mundo estaba libre de autoridad y podía fundar en él alguna clase de reino para su hija.

Bir Tawil

Bir Tawil

Encontró dos ‘terrae nulli’ –que es la expresión latina que en Derecho designa las tierras de nadie–: La tierra de Marie Byrd, en la Antártida, y Bir Tawil, que significa ‘pozo alto’ en árabe, una pequeña franja de terreno de unos 130 km2 situada entre Egipto y Sudán que ninguno de los dos países reclama. Jeremiah diseñó una bandera espantosa para el remoto territorio africano y, acompañado por la jovencísima candidata a princesa y sus demás hijos, cogió un vuelo para El Cairo. Una vez allí, se unió a una caravana y, a las catorce horas de viaje –o a los catorce días, según algunas fuentes–, tomó posesión de este pequeño enclave desértico, se proclamó rey y nombró princesa a su hija el día en que la pequeña cumplía siete años.

Jeremiah Heaton, El rey de Bir Tawil

Jeremiah Heaton, El rey de Bir Tawil

Sólo dos pequeños obstáculos separan a Jeremiah Heaton de la consecución de su objetivo, ya que en la actualidad no es suficiente con plantar una bandera en un territorio no reclamado por nadie para apropiárselo. Además debe establecerse en él de forma permanente y ha de ser reconocido por los países vecinos y por la ONU. Para lo primero sería suficiente con ciertas infraestructuras de ingeniería que podrían llevarse a cabo si Jeremiah consigue allegar recursos económicos suficientes. Que Egipto y Sudán –que en 2011 experimentó la secesión de Sudán del Sur– reconozcan el territorio no parece estar entre las primeras quinientas prioridades de los gobiernos respectivos, pero desde aquí queremos enviar un mensaje de apoyo a la familia Heaton para que persevere en su bonito proyecto colonizador y consiga desfilar algún día en la ceremonia de inauguración de unos Juegos Olímpicos y, ya puestos, participe en alguna de esas disciplinas deportivas exóticas que descubrimos en la televisión cada cuatro años.

Edward Snowden

Edward Snowden

Julian Assange

Julian Assange

Hay otra tierra de nadie que ni siquiera tiene tierra y ya parece que es de alguien: Wirtland. Un no territorio fundado en 2008 cuya existencia es meramente informática porque sólo existe en Internet. En Wirtland no existen niños porque para solicitar la ciudadanía es preciso tener más de dieciocho años. Hasta donde hemos podido investigar, parece que Wirtland se está convirtiendo en una tierra de asilo para personas perseguidas como Julian Assange –que posee la ciudadanía wirtlandesa desde el 28 de diciembre de 2010– o Edward Snowden, que es compatriota de Assange desde el 21 de julio de 2013.

Monedas de Wirtland

Monedas de Wirtland

Wirtland ha acuñado moneda –el Wirtland Crane, de oro, y el Silver Crane– y a finales de 2013 aseguraba tener una población de 4.380 personas. Los que estéis pensando en trasladaros a Wirtland podéis consultar las páginas de su periódico, ‘The Times of Wirtland’ (http://times.wirtland.com) con el fin de informaros. Su inexistencia territorial no le impide sufrir agresiones, ya que al parecer un estudiante de Ohio ha borrado la entrada de Wirtland en Wikipedia, aunque un tal Iván Camilo Quintero ha conseguido revertir esta salvaje agresión y ha restablecido la entrada en la enciclopedia. Seguiremos muy atentos el desarrollo de este no país por si acaso hubiera que no emigrar.

Álvaro Fierro Clavero
 www.alvarofierro.com

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