lunes, 23 octubre, 2017

IDA


Cartel-de-la-película

Cartel de la película

el nombre exacto de las cosas.

Juan Ramón Jiménez

 El cine es desde sus orígenes algo que sólo en muy rara ocasión tiene que ver con el arte. El legítimo afán de lucro de actores, directores, guionistas y productores, junto con la gran carestía de las obras cinematográficas, ha llevado a la industria a elaborar principal­mente películas para amplias audiencias en las que lo artístico ha quedado reducido a lo técnico y lo artesanal, esas silenciosas y eficientes manifestaciones lejanamente emparen­tadas con lo sublime que nunca serán objetos de subasta en Sotheby’s o en Christie’s pese a que nuestra deuda con ellas sea inmensa.

Ida

Ida

Es cierto que presenta características que lo acercan a la novela –lo narrativo– y al teatro –por el importantísimo papel que tiene el diálogo y lo dramático en general–, de ahí que el cine tenga siempre cierto perfume literario, pero también se relaciona con lo arquitectónico, con lo pictórico, lo fotográfico, lo musical –no sólo por la banda sonora firmada por el compositor, sino también por todos los sonidos que asimismo pertenecen al ámbito de lo musical según la música concreta–. En el siglo XIX, Richard Wagner teorizó a propósito de la obra de arte total, que él intentó que fuera la ópera. Acaso el cine haya conseguido materializar el sueño del compositor de Leipzig, aunque el precio pagado en la consecución de tamaño objetivo haya dejado la obra sin su atributo máximo: la condición artística.

Agata Trzebuchowska

Agata Trzebuchowska

Pero de cuando en cuando encontramos películas en las que se produce el milagro y el espectador asiste a la epifanía de un hecho artístico porque un director consigue ordenar la Creación de una manera nueva. Se trata de obras que instauran un modo propio de mirar y ver, de estar y ser en el mundo que en nada se parecen a lo que es común vivir por lo que tienen de originales, de poéticas, de esmeradas. Son obras que al presentar la realidad la ensalzan y redimen de su consustancial miseria y su irremediable pequeñez por el procedimiento de retirar del plano cinematográfico cualquier vestigio de caducidad. En estas películas sólo asistimos a hechos esenciales expuestos esencialmente.

“el hecho artístico consiste en ordenar la Creación de una manera nueva”

Pawel Pawlikowski

Pawel Pawlikowski

Hemos visto la película ‘Ida’, del para nosotros desconocido director y guionista polaco Pawel Pawlikowski. Esbozamos sucintamente la historia que transcurre en la Polonia de los años sesenta: La joven que da nombre a la película cree llamarse Anna y ha crecido desde su primerísima infancia en un convento de clausura. Está a punto de tomar los votos pero la superiora del convento le exige un trámite aparentemente sencillo: ir a la gran ciudad a encontrarse con su tía Wanda, que apenas la conoce, para pasar una temporada con ella.

Agata Kulesza

Agata Kulesza

La más elemental cortesía nos obliga a no contar nada más del argumento de esta conmovedora película. La protagonista está encarnada por una actriz debutante, Agata Trzebuchowska, de quien lo mínimo que puede decirse es que jamás olvidaremos su profunda, su entrañable y verdadera interpretación de un personaje que cualquier artista dramática hubiera deseado sacar adelante. Santo cielo: ¡es la transparencia hecha actriz! En el papel de la tía, una mujer encrucijada de impulsos contradictorios e ideologías que se gana la vida como fiscal, encontramos a una extraordinaria Agata Kulesza. Un rasgo de su personalidad es suficiente para helarnos la sangre: Wanda, según la indeclinable retórica comunista, se precia de haber enviado al patíbulo a multitud de ‘enemigos del pueblo’. Como prescribe el arte narrativa universal, ambas mujeres van a emprender una búsqueda que las transforma y depura, aunque no en el sentido que acaso ellas hubieran imaginado en un principio.

Wanda

Wanda

El talento del elegantísimo Pawel Pawlikowski –que remite a Dreyer y Bergman– resplandece por cómo nos sirve el grado preciso de dulzura y de amargura en cada recodo de la peripecia que vive la purísima Ida, sin un gramo de nada que no sea imprescindible para que el espectador también comprenda en qué ha consistido el tremebundo, el abominable paso del nazismo y el estalinismo por la sufriente tierra polaca. Y al servicio de este artefacto sublime, subrayando u ocultando oportunamente el hielo y el fuego puesto en funcionamiento por la trama, Pawlikowski ha dispuesto un audacísimo y poético discurso visual en blanco y negro lleno de inspiradísimos puntos de vista y de encuadres sencilla­mente inolvidables.

Gracias a ‘Ida’ sabemos que ochenta minutos bastan para explicar lo importante.

 

Álvaro Fierro Clavero,
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Teresa heredia armada dice:

    Hola Álvaro, decirte que he visto la película, pocas palabras, poco color, mucha sustancia
    Nos gusto mucho, a mi hija le encanto.
    Un abrazo

  2. maria navarro peña dice:

    No.la he visto pero me pica el gusanillo

  3. Vi la película “IDA” y me encantó.
    Cine en estado puro, además te situa de inmediato en Polonia y en los años 60.
    Gracias Alvaro por comentarla en “adiciones”

  4. La vi por tu recomendación. Me gustó mucho la fotografía, los silencios, el blanco y negro y el no-ritmo que tiene.
    Una preciosa historia pequeña.

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