lunes, 23 octubre, 2017

Cómo debemos actuar (2ª parte)


Caí por los peldaños de la vida

José Agustín Goytisolo

Decíamos la semana pasada que las éticas materiales son las que proponen un fin concreto para guiar nuestra actuación. Repasábamos someramente las aportaciones y algunas de las limitaciones que modestamente encontramos en las teorías éticas de Platón, Aristóteles, Epicuro, Zenón, San Agustín, Santo Tomás, Jeremy Bentham y John Stuart Mill. Como es natural, hay infinidad de teorías adicionales que proponen toda clase de objetivos con la idea de que la vida sea llevadera e incluso feliz. En los últimos cien años la rúbrica de este tipo de éticas es por completo inabarcable, y desde todas partes se nos invita a conducirnos de determinada manera con la promesa de existir de manera más armónica. Sin pretensión de exhaustividad, y por citar algunas de las que parecen contar con más seguidores entre nosotros actualmente, cabe mencionar el budismo, un mosaico de movimientos psicoanalíticos, el vegetarianismo, el pacifismo, el ecologismo, el feminismo, el movimiento new age, los movimientos antisistema, la programación neurolingüística, el pensamiento lateral… más todas las éticas que incorporan una importante parcela corporal como el yoga, el pilates, el Tai Chi o el deporte en general…

Tai Chi

Tai Chi

Estas éticas materiales de nuevo cuño parecen tener su parte de verdad –de ahí su éxito–, pero en general se percibe en ellas cierta simplicidad que todo lo fía a algo sencillo de entender y de poner en práctica. En realidad lo que la gente quiere es disponer de un botón que, con sólo apretarlo, permita eliminar la desdicha. Una cosa a medio camino entre lo milagroso y lo fácil. Desgraciadamente para los que acaso piensen así, la vida es algo enormemente complejo y nuestras capacidades estratégicas y tácticas, nuestras habilidades sociales y laborales, nuestras aptitudes para desenvolvernos en entornos actuales están llenas de carencias y no da la impresión de que exista un sólo camino que pueda conducir a todos los seres humanos hacia la felicidad, ni tampoco parece que el camino que nos vale en una determinada etapa vital vaya a sernos útil siempre.

Las éticas formales se caracterizan por carecer de una meta particular. Dan pautas de comportamiento que –imaginan sus promotores– conducen a la vida feliz. Por otra parte, son autónomas, es decir, nosotros mismos somos los que dictamos nuestra propia ley: no es algo que nos venga impuesto desde fuera. Esta característica en apariencia las hace superiores, ya que la autosuficiencia es un principio biológico, antropológico y psicológico potente. Por otra parte, y a la vista de los auges y los ocasos de las distintas éticas materiales, da la impresión de que las éticas formales son más avanzadas y no van a pasar de moda al cabo de veinte años, lo cual acaso pueda ser interesante con vistas a gobernar la propia existencia.

Moneda de Kant

Moneda de Kant

Los hermanos Karamazov, de Fiodor Dostoievski

Los hermanos Karamazov, de Fiodor Dostoievski

La primera gran ética formal se debe a Kant. El filósofo de Könisberg establece en su ‘Fundamentación metafísica de las costumbres’ el extraordinario imperativo categórico –esto es, sin excepción–: obra de manera que tu acción pueda convertirse en ley universal. Al cabo de dos siglos largos de su formulación, continúa impresionando la altura de miras del pensamiento kantiano. ¿Qué otra máxima podría ser más sencilla y, al mismo tiempo, más clara e inspiradora que ésta? Como todas las teorías que vamos a exponer aquí, también tiene su talón de Aquiles: aunque es posible remontarse al escepticismo y al cinismo griegos en busca de antecedentes remotos, desde el siglo XIX surge con fuerza una corriente de pensamiento enormemente corrosiva y destructora: el nihilismo. Quizá sea en ‘Los hermanos Karamazov’, y en concreto en el personaje de Iván, donde veamos mejor descrita esta peligrosísima orientación de la personalidad que lleva a creer sólo en la destrucción y en la nada. A su defensa acudieron dos escritores sublimes: Nietzsche y Cioran, aunque todo el ropaje literario y conceptual innegablemente seductor propor­cio­nado por estos y otros distinguidos literatos no ha conseguido alejar el aire de filosofía para adolescentes que tiene este nefasto pensamiento que suele concluir felizmente con los primeros pañales y los primero plazos de la hipoteca, aunque no siempre sea así. Los terrorismos de distinto signo que afligen el mundo son los dolorosos hijos de este movimiento que, mucho nos tememos, tiene todavía cosas que decir ya que encuentra sus partidarios más firmes entre los que tienen poco que perder y son sensibles a la tramposa retórica que manejan los nihilistas.

Retrato-de-John-Rawls

John Rawls

En 1971, el filósofo norteamericano John Rawls publicó su importante ‘Teoría de la justicia’, libro en el que expone unos principios que hoy son de aceptación general en las sociedades abiertas occidentales. Para Rawls, la persona debe tener toda la libertad posible siempre que no perjudique a los demás y se desenvuelva en un marco que garantice la igualdad de oportunidades y el respeto mutuo. Dejando aparte el hecho de que existen grandes fuerzas que se oponen al magno proyecto de Rawls –el socialismo promueve la planificación, no la libertad, y el capitalismo corrupto se opone a la igualdad de oportunidades–, una justicia poderosa y efectiva puede hacer viable una sociedad basada en el respeto. ¿Cómo debemos actuar según Rawls? De modo que no se menoscabe la igualdad de derechos y oportunidades. La socialdemocracia imperante en la Unión Europea extiende el proyecto igualitario a los ingresos, y pone en marcha políticas impositivas que asfixian al pequeño empresario y fomentan el fraude y la desigualdad, ya que lo que verdaderamente se gravan no son los ingresos, sino las nóminas. Por ejemplo, durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero entró en vigor en España la legislación que permite tributar a las grandes fortunas a través de las sicavs –Sociedades de Inversión de Capital Variable– a tipos de interés que están en torno al 1%.

Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas

Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas

Karl Otto Apel y Jürgen Habermas proponen la última ética formal que vamos a tratar aquí: la ética del discurso o ética del diálogo. Para estos pensadores, los actos de habla están presididos por cuatro rasgos fundamentales: la inteligibilidad, la verdad –lo que dice el hablante se ciñe a lo que las cosas son–, la rectitud –en relación con la ley, por ejemplo– y la veracidad –el hablante debe creer en lo que dice–. Cuando la comunicación se realiza mediante actos de habla que cumplen los rasgos anteriores, entonces es posible el diálogo y se puede alcanzar un acuerdo. Según estos pensadores, nuestro deber es mejorar la comunicación con los demás.

Emil Cioran

Emil Cioran

Desafortunadamente, son tantísimas las instancias que operan en las sociedades actuales y que conculcan los anteriores principios, que podremos valernos de esta valiosa ética del diálogo cuando intuyamos que nuestro interlocutor se deja guiar también por ella. Las poderosas organizaciones delictivas se valen de la comunicación para fines estrictamente contrarios a los que pretende el bienintencionado proyecto de Apel y Habermas, y únicamente parecen moverse a impulsos derivados del equilibrio o el desequi­li­brio de fuerzas. Y sin necesidad de acudir al angustioso ejemplo anterior, todos tenemos malas experiencias en entornos familiares o laborales que muestran a qué decepciones puede conducir la ética del diálogo.

“Cada vez que escuchemos a alguien decir que no tiene tiempo, deduzcamos que la persona en cuestión no es feliz”

A mi pequeño entender, todas las éticas repasadas en estos dos artículos constituyen imaginativos proyectos de actuación que el ser humano puede emprender con la idea de rehuir el malestar y aumentar la felicidad. Ninguno de ellos es suficiente, pero acaso puedan armarse unas pautas de actuación conveniente con la suma de todas las ideas expuestas.

El libro de Lou Marinoff

El libro de Lou Marinoff

Pero el enfoque general es incorrecto. Las éticas materiales y formales formuladas buscan actuar para estar bien y, a consecuencia de eso, ser felices, y eso es algo que falla en el caso general. Una visión estratégica del problema debería primeramente preguntarse por lo que debemos ser, y una vez que se consiguieran los objetivos, el estar mejor y ser felices será una consecuencia. Por tanto, lo primero que debería considerar toda propuesta ética integral es un proyecto educativo que comience en la infancia y concluya con la muerte, ya que el aprendizaje es imprescindible para mantener en funcionamiento nuestra capacidad de adaptación a lo largo de toda la vida, que es la virtud imprescindible para modular nuestra existencia según los vaivenes de la fortuna. Hace algunos años alcanzó cierto éxito un libro de título provocador del norteamericano Lou Marinoff: ‘Más Platón y menos Prozac’. El problema es que los libros actúan más lentamente que las pastillas.

Proponemos como inspiración para el tiempo que viene una serie de ideas y actitudes que a nosotros nos han ayudado a ser un poco mejores, a actuar y, como consecuencia, a ser felices.

1.- Careceremos de ideología, aunque tendremos ideas.

No hay ideología del tipo que sea que no tenga numerosos cadáveres en el armario. Nosotros somos seres únicos y abjuraremos de toda ideología porque encorseta el pensamiento. Aristóteles o Marx, Platón o Hume, Kant u Ortega escribieron en una situación histórica determinada en la que los problemas no eran los nuestros, y para colmo se equivocaron en no poca medida. Eso no significa que no creamos en multitud de cosas y que no haya nada en la obra de estos pensadores que no sea interesantísimo. Pero tenemos la importante tarea de buscar y de filtrar, de teorizar nosotros mismos. Otra manera de verlo es que profesaremos la ideología que nos creemos personalmente sobre todos los temas, aunque estaremos abiertos a la inspiración que otros nos proporcionen. Como es natural, una ideología íntima no se improvisa ni termina de construirse jamás, y eso exige un esfuerzo intelectual constante desde la juventud hasta la vejez.

Alfabeto cirílico

Alfabeto cirílico

2.- Evitaremos en lo posible los prejuicios y nos atendremos a los datos. Seguramente los prejuicios son un mecanismo de defensa puesto en nuestra mente por la evolución con la idea de salvarnos del peligro. A sabiendas de esto, intentaremos que no nos impidan llevar a cabo nuestro proyecto vital. Desgra­cia­da­mente, las cosas no son fáciles y en ocasiones habrá prejuicios de los que sea torpe deshacerse. Una vía que puede ayudarnos a descartar los prejuicios inconvenientes y retener los convenientes son los datos. Un número bien calculado siempre es un buen amigo. Las cuentas deben estar claras.

3.- Viva la pequeña ciencia. Inspirados por el método científico, buscaremos qué es lo que nos funciona y qué lo que no nos funciona a nosotros. Como es natural, será conveniente apropiarse de la experiencia de los demás y escarmentar en cabeza ajena, ya que conviene llevarse pocos coscorrones en la vida. Pero no hay que tenerle miedo a la experimentación si se toman las precauciones que resulten convenientes.

4.- Realismo. Pocas cosas causan tanta frustración como el querer ser otro que es más que nosotros. Tenemos las capacidades que tenemos y eso siempre limita nuestras posibilidades. Ahora bien, no nos conocemos del todo y siempre es posible que exista un ámbito en el que seamos tipos verdaderamente geniales, lo cual implica que debemos probar constantemente cosas nuevas. Hay algo que con frecuencia se pasa por alto: las personas que admiramos han invertido inmensos recursos en llegar a ser lo que son. No pensemos que el esfuerzo que nos hace falta a nosotros para llegar a ser algo comparable va a ser pequeño.

5.- Creatividad. Cada vez que escuchemos a alguien decir que no tiene tiempo, deduzcamos que la persona en cuestión no es feliz. Es esencial que pongamos en marcha nuestra creatividad y nos planteemos proyectos nuevos sea cual sea la época de nuestra vida. Aprender ruso, caminar por el campo, pintar, enamorarse, leer libros de economía, escribir una novela, releer un libro que nos gustó hace treinta años, hacer nuevas amistades, estar al día de lo que dicen los historiadores de moda, comprarse ropa nueva como método para ser una persona nueva. El que no tenga proyectos no tiene nada.

6.- Inmediatez y trascendencia. Es nuestra última oportunidad de vivir el día de hoy, aunque debemos tener presente que habrá más días. La trascendencia que persiguen la religión y la filosofía debe ser intentada porque nos da una dimensión adicional que es de inmensa ayuda ante la vida y, especialmente, ante la muerte. No olvidemos que la espiritualidad tiene milenios de historia y es consustancial a la especie humana, aunque cualquier sistema de creencias debe ser examinado con perspicacia. Documentémonos siempre.

Clases de preparación al parto

Clases de preparación al parto

7.- Eduquemos nuestra capacidad de resistencia. Aunque no nos guste, estamos abocados a sufrir a lo largo de una vida. Es esencial encontrar mecanismos psicológicos y corporales que funcionen y nos permitan vivir con dignidad en las situaciones difíciles. Las embarazadas van a clases de preparación al parto, un lance de enorme exigencia por lo que tiene de doloroso y complicado. Busquemos el modo de prepararnos para lo que pueda venir del mismo modo en que se preparan las embarazadas en sus clases: con esperanza.

8.- Gusto aristocrático. ‘A la minoría siempre’ era el lema de Juan Ramón Jiménez. Sin perjuicio de que haya cosas que han alcanzado amplia aceptación, no es menos cierto que en general los gustos están moldeados con una llamativa falta de exigencia que explica la caducidad de las modas. Bach y Dante, Rilke y Rodin, Tolstoi y Velázquez, Stravinski y Borges, Miguel Ángel y Ovidio, Cervantes y Beethoven, Homero y Brahms nunca pasarán de moda porque acertaron a ofrecernos cosas eternas.

9.- Modestia. Sin afectaciones ni grandilocuencias, sin retóricas. La modestia es un imperativo categórico del que no habló Kant pero que resulta imprescindible ante la pequeñez de nuestras capacidades y la magnitud de los retos que nos esperan. Eso no quiere decir que no seamos inmensamente grandes e interesantes. Todo ser humano es un regalo.

Retrato de Descartes, por Franz Hals

Retrato de Descartes, por Franz Hals

10.- Humor. Decía Descartes que el sentido común era la cosa mejor repartida del mundo porque todos creían tenerlo en la cantidad necesaria. En la actualidad el humor ocupa un estatuto parecido: nadie se jacta de no tener sentido del humor. Se trata de un mecanismo maravilloso que combina algunas de nuestras mejores capacidades: la inteligencia, la rapidez, la creatividad, la imaginación. El humor no vale en toda circunstancia, pero que levante la mano el que se atreva a negar que en una situación concreta no mejorarían algo las cosas con cierto sentido del humor.

11.- Seamos bondadosos con el cuerpo. Se pasa la vida esperándonos y, en resumidas cuentas, es quien nos acoge.

Álvaro Fierro Clavero
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Me ha gustado mucho Alvaro, un articulo valiente, inspirador y lleno de conocimiento. Gracias

  2. Soledad Cavero dice:

    Gracias. Álvaro, por cuanto expones. Lo bueno de tus escritos es que siempre nos conducen sin darnos cuenta hacia la búsqueda de los verdaderos valores.

  3. muy interesantes los dos articulos Papa. Al igual que tu piensas en German y en mi cuando escribes los articulos yo pensare en ti cuando sepa como debo actuar.

  4. Eres un pedagogo inmejorable,. tu exposición es brillante, El otro día unos muchachos de la universidad me pidieron, en el Retiro. que si quería hablar sobre la felicidad, como vi que querían filmarme me disculpe. No me conocían, ahora creo que hice mal. Tu tratas también de re filón ese tema que se intercala en muchos aspectos de la vida. muchos hablan de felicidad comparándola con la riqueza, el poder, o el amor o la seguridad etc Creo, estaremos todos de acuerdo, que la cosa va por otro lado. Todos cuando nos vamos a dormir morimos para el estado de vigilia, nuestra memoria que configura nuestra sensación de un vivir continuo ha desaparecido. Entramos en otro estado que llamamos del sueño, no todos sueñan, pero los que lo hacen advierten que en ese estado las cosas les llegan, ellos no parecen ejercer la voluntad de hacer, aunque están viendo la película del hacer, que viene hecho, ( esto es algo que debiéramos meditar, pues puede que en la vigilia suceda algo parecido sin que nos percatemos de ello)
    Pero en el dormir todos sabemos que hay otro estado y es lo que llamamos “el sueño profundo” ,(los que miden las ondas cerebrales en cada uno de nuestros estados llaman a este estado el de las ondas “delta” de 0.1 a 4 Hz) De este estado no somos conscientes es como si se hubiera interrumpido el vivir, pero si Vd. despierta interrumpiendo ese estado o al final del mismo y permanece quieto lo más posible a vd. le llega el perfume del mismo, ese perfume tiene para mi que ver con lo que es la felicidad. Sucede también en el estado de Vigilia que en un momento dado Vd, parece estar ensimismado en lo que sea y como si hubiese perdido la consciencia de donde esta y al volver en si Vd. también siente el perfume del que hablaba y siente la felicidad que intuye ya pasada.
    Para mi todo esto esta relacionado con la trascendencia, que es de donde venimos y donde la Felicidad parece ser intrínseca a ese paraíso que alberga “El Todo” De momento esto es una intuición. …

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