lunes, 23 octubre, 2017

Escritura 2.0 (4ª parte)


Las traslúcidas manos del judío
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales.) 

Del Soneto dedicado a Spinoza, Jorge Luis Borges

Retrato de Spinoza

Retrato de Spinoza

El filósofo judío holandés Baruch de Spinoza, o de Espinosa, es el autor de uno de los libros más sorprendentes y sagaces de todos los tiempos: La ‘Ética demostrada según el orden geométrico’. El lector que se adentre en las páginas de este libro inmortal encontrará que está constituido por axiomas y lemas, por proposiciones, definiciones y postulados cuya estructura se inspira en los ‘Elementos’ de Euclides –de ahí el título– y constituye uno de los ejemplos más acabados de racionalismo en toda la historia de la filosofía. Esta fidelidad a la razón, junto con el sesgo vocacionalmente heterodoxo del pensamiento de este judío, convierten la lectura de la ‘Ética’ en una experiencia intelectual única, y su contenido expresado en forma de máximas nos invita a incluirla en esta serie de ‘La mirada infinita’ dedicada a la literatura universal breve.

Ética demostrada según el orden geométrico

Ética demostrada según el orden geométrico

‘Que sea maldito de día y maldito de noche, maldito cuando se acueste y cuando se levante, maldito cuando salga y cuando entre, que Dios no lo perdone, que su cólera y su furor se inflamen contra este hombre y traigan sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de la Ley, que Dios borre su nombre del cielo y lo separe de todas las tribus de Israel …‘ reza la impresionante sentencia de expulsión de Spinoza de la Sinagoga de Amsterdam. No se conocen los motivos que determinaron el ostracismo del filósofo, que a la sazón tenía tan sólo veintitrés años y no había publicado ninguna obra. Sin embargo, imaginamos que el origen último de la expulsión debe encontrarse en la determinación incomparable que muestra Spinoza en su magno libro para instaurar una ética exenta de servidumbres que mantiene al cabo de tres siglos de su publicación una vigencia absoluta. Esta obra apodíctica que nos ocupa se estructura en cinco partes que vamos a antologar sin las demostraciones según la edición de Vidal Peña. A nuestro entender, la sección tercera –titulada ‘Del origen la naturaleza de las afecciones’ y cuya lectura atenta y completa recomendamos– constituye una verdaderísima cata en el temperamento humano que deja al lector ante un retrato de sí mismo sin misericordia ninguna.

Estatua de Spinoza en La Haya, de Frederic Hexamer

Estatua de Spinoza en La Haya, de Frederic Hexamer

La primera sección está dedicada a Dios: ‘Por sustancia entiendo aquello que es en sí y se concibe por sí, esto es, aquello cuyo concepto para formarse no necesita de otra cosa’, ‘Por Dios entiendo un ser absolutamente infinito, esto es, una sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita’, ‘No puede una cosa ser causa de otra si entre sí nada tienen en común’, ‘A la naturaleza de una sustancia pertenece el existir’, ‘Dios existe necesariamente’, ‘Todo cuanto es, es en Dios, y sin Dios nada puede ser ni concebirse’, ‘Dios no es sólo la causa eficiente de la existencia de las cosas, sino también de su esencia’, ‘Una cosa que ha sido determinada a obrar algo, lo ha sido necesariamente por Dios, y la que no lo ha sido por Dios no puede determinarse a sí misma a obrar’, ‘En la naturaleza no hay nada contingente, sino que, en virtud de la necesidad de la naturaleza divina, todo está determinado a existir y obrar de cierta manera’, ‘El entendimiento finito en acto, o el infinito en acto, debe comprender los atributos de Dios y las afecciones de Dios, y nada más’, ‘Las cosas no han podido ser producidas por Dios de ninguna otra manera y en ningún otro orden que como lo han sido’, ‘Todo lo que concebimos que está en la potestad de Dios, es necesariamente’.

Casa de Spinoza en La Haya

Casa de Spinoza en La Haya

La segunda parte se titula ‘De la naturaleza y el origen del alma’. Leemos lo siguiente: ‘Entiendo por cuerpo un modo que expresa de cierta y determinada manera la esencia de Dios’, ‘Entiendo por idea un concepto del alma que el alma forma por ser una cosa pensante’, ‘Por realidad entiendo lo mismo que por perfección’, ‘La esencia del hombre no implica la existencia necesaria, esto es: en virtud del orden de la naturaleza, tanto puede ocurrir que este o aquel hombre exista como que no exista’, ‘El hombre piensa’, ‘Los modos de pensar, como el amor, o el deseo […] no se dan si no se da en el mismo individuo la idea de la cosa amada, deseada, etc. Pero puede darse una idea sin que se dé ningún otro modo de pensar’, ‘Dios es una cosa pensante’, ‘Dios es una cosa extensa’, ‘La idea de Dios, de la que se siguen infinitas cosas de infinitos modos, sólo puede ser única’, ‘El orden y la conexión de las ideas es el mismo que el orden y la conexión de las cosas’, ‘Nada puede acontecer en un cuerpo que no sea percibido por el alma’, ‘El alma humana es apta para percibir muchísimas cosas’, ‘El alma humana percibe no sólo las afecciones del cuerpo sino también las ideas de esas afecciones’, ‘El alma humana no se conoce a sí misma sino en cuanto percibe las ideas de las afecciones del cuerpo’, ‘Acerca de la duración de nuestro cuerpo no podemos tener sino un conocimiento muy inadecuado’, ‘Aquello que es común a todas las cosas, y que está igualmente en la parte y en el todo, no puede ser concebido sino adecuadamente’, ‘Quien tiene una idea verdadera, sabe al mismo tiempo que tiene una idea verdadera y no puede dudar de la verdad de eso que conoce’, ‘No es propio de la naturaleza de la razón considerar las cosas como contingentes sino como necesarias’, ‘Cada idea de un cuerpo cualquiera, o de una cosa singular existente en acto, implica necesariamente la esencia eterna e infinita de Dios’, ‘El alma humana tiene un conocimiento adecuado de la eterna e infinita esencia de Dios’, ‘No hay en el alma ninguna voluntad absoluta o libre, sino que el alma es determinada a querer esto o aquello por una causa, que también es determinada por otra, y ésta a su vez por otra, y así hasta el infinito’.

“El amor es una alegría acompañada por la idea de una causa exterior”

Billete holandés de mil florines

Billete holandés de mil florines

En la estremecedora tercera parte leemos: ‘Ni el cuerpo puede determinar al alma a pensar, ni el alma puede determinar al cuerpo al movimiento ni al reposo, ni a otra cosa alguna (si la hay)’, ‘Las acciones del alma brotan sólo de las ideas adecuadas, las pasiones dependen sólo de las inadecuadas’, ‘Ninguna cosa puede ser destruida sino por una causa exterior’, ‘Cada cosa se esfuerza por perseverar en su ser’, ‘El esfuerzo con que cada cosa intenta perseverar en su ser no es nada distinto de la esencia actual de la cosa misma’, ‘El alma se esfuerza en imaginar las cosas que aumentan o favorecen la potencia de obrar del cuerpo’, ‘Cualquier cosa puede ser, por accidente, causa de alegría, tristeza o deseo’, ‘Si imaginamos que una cosa que suele afectarnos de tristeza se asemeja en algo a otra que suele afectarnos, con igual intensidad, de alegría, la odiaremos y amaremos a la vez’, ‘El hombre es afectado por la imagen de una cosa pretérita o futura con el mismo afecto de alegría o tristeza que por la imagen de una cosa presente’, ‘Quien imagina que se destruye lo que se ama, se entristecerá’, ‘Quien imagina que se destruye aquello que odia, se alegrará’, ‘No podemos odiar una cosa que nos mueve a conmiseración’, ‘Si imaginamos que alguien goza de alguna cosa que sólo uno puede poseer, nos esforzaremos por conseguir que no posea esa cosa’, ‘Cuando amamos una cosa semejante a nosotros, nos esforzaremos por conseguir que ella nos ame a su vez’, ‘Cuanto mayor es el afecto que imaginamos experimenta hacia nosotros la cosa amada, tanto más nos gloriaremos’, ‘Quien se acuerda de una cosa por la que fue deleitado una vez, desea poseerla con las mismas circunstancias que se dieron cuando fue deleitado por ella la vez primera’, ‘El deseo que brota de una tristeza o de una alegría, de un odio o de un amor, es tanto más grande cuanto mayor es el afecto’, ‘El que odia a alguien se esforzará en hacerle mal, a menos que tema que de ello se origine para él un mal mayor y, por el contrario, el que ama a alguien se esforzará, por la misma ley, en hacerle el bien’, ‘Quien imagina que alguien lo odia y no cree haberle dado causa alguna para ello, lo odiará a su vez’, ‘Si alguien imagina ser amado por alguno, y no cree haberle dado causa alguna para ello, lo amará a su vez’, ‘Quien ha hecho bien a alguien, movido por amor o por esperanza de gloria, se entristecerá si ve que este beneficio es recibido con ánimo ingrato’, ‘El odio aumenta por un odio recíproco, y puede, al contrario, ser destruido por el amor’, ‘El odio que es completamente vencido por el amor, se trueca en amor, y ese amor es por ello más grande que si el odio no lo hubiera precedido’, ‘Si alguien ha sido afectado por otro cuya clase o nación es distinta de la suya […] no solamente amará u odiará a ese otro, sino a todos los de su clase o nación’, ‘La alegría surgida de que imaginamos que una cosa que odiamos es destruida o afectada de otro mal no surge sin alguna tristeza de ánimo’, ‘Un afecto cualquiera de un individuo difiere del afecto de otro tanto cuanto difiere la esencia del uno de la esencia del otro’, ‘El deseo es la esencia misma del hombre’, ‘La alegría es el paso del hombre de una menor a una mayor perfección’, ‘La tristeza es el paso del hombre de una mayor a una menor perfección’, ‘El amor es una alegría acompañada por la idea de una causa exterior’, ‘La devoción es el amor hacia quien nos asombra’, ‘La esperanza es una alegría inconstante que brota de la idea de una cosa futura o pretérita de cuya efectividad dudamos de algún modo’, ‘La desesperación es una tristeza que surge de la idea de una cosa futura o pretérita acerca de la cual no hay ya causa de duda’, ‘La satisfacción es una alegría acompañada por la idea de una cosa pretérita que ha sucedido contra lo que temíamos’, ‘La ambición es un deseo inmoderado de gloria’,

Sello dedicado a Spinoza

Sello dedicado a Spinoza

La cuarta parte trata ‘De la servidumbre del hombre o de la fuerza de las afecciones’: ‘Entiendo por bueno lo que sabemos con certeza que nos es útil’, ‘Nada de lo que tiene de positivo una idea falsa se suprime por la presencia de lo verdadero’, ‘Padecemos en la medida en que somos una parte de la naturaleza que no puede concebirse por sí sola’, ‘La fuerza con que el hombre persevera en la existencia es limitada y resulta infinitamente superada por la potencia de las causas exteriores’, ‘Un afecto no puede ser reprimido sino por medio de otro afecto contrario y más fuerte que el que ha de ser reprimido’, ‘Experimentamos por una cosa futura que ha de cumplirse pronto un afecto más intenso que si imaginamos que el tiempo de su existencia está más distante del presente’, ‘El deseo que surge de la alegría […] es más fuerte que el deseo que brota de la tristeza’, ‘Nadie puede desear ser feliz, obrar bien y vivir bien si no desea al mismo tiempo ser, obrar y vivir’, ‘No puede concebirse virtud alguna anterior al esfuerzo por conservarse’, ‘En nosotros, actuar absolutamente según la virtud no es otra cosa que obrar, vivir o conservar el ser […] según la razón poniendo como fundamento la propia utilidad’, ‘Nadie se esfuerza por conservar su ser a causa de otra cosa’, ‘Con certeza sólo sabemos que es bueno o malo aquello que conduce realmente al conocimiento, o aquello que puede impedir que conozcamos’, ‘El supremo bien del alma es el conocimiento de Dios’, ‘Ninguna cosa puede ser para nosotros buena o mala si no tiene algo en común con nosotros’, ‘En la medida en que una cosa concuerda con nuestra naturaleza es necesariamente buena’, ‘Los hombres sólo concuerdan […] en la medida en que viven bajo la guía de la razón’, ‘El supremo bien de los que siguen la virtud es común a todos’, ‘Lo que hace que los hombres vivan en concordia es útil’, ‘El placer puede ser excesivo y ser malo; el dolor puede ser bueno en la medida en que el placer, que es una alegría, sea malo’, ‘El odio nunca puede ser bueno’, ‘Quien vive bajo la guía de la razón se esfuerza cuanto puede en compensar con amor o con generosidad el odio, la ira, el desprecio que otro le tiene’, ‘El contento de sí mismo puede nacer de la razón, y, naciendo de ella, es el mayor contento que puede darse’, ‘El soberbio ama la presencia de los parásitos o de los aduladores y odia la de los generosos’, ‘El deseo que nace de una alegría o de una tristeza que se refiere a una sola parte del cuerpo […] no tiene en cuenta la utilidad del hombre entero’, ‘El deseo que nace de la razón no puede tener exceso’, ‘Quien se deja llevar por el miedo y hace el bien para evitar el mal no es guiado por la razón’, ‘Según la guía de la razón, apeteceremos un bien mayor futuro más que un bien menor presente, y u mal menor presente más que un mal mayor futuro’, ‘Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida’, ‘Si los hombres nacieran libres no formarían […] concepto alguno del bien y del mal’, ‘La virtud del hombre libre se muestra tan grande cuando evita los peligros como cuando los vence’, ‘Un hombre libre […] siempre obra de buena fe’.

Tumba de Spinoza en La Haya

Tumba de Spinoza en La Haya

Al final del cuarto capítulo, Spinoza incluye un magistral Apéndice en el que trata acerca de la conducta recta en la vida. Acaso sea la sección de mayor utilidad práctica, pero no la incluiremos para no alargar más el artículo y porque no está expuesta a la manera del resto de la ´Ética’, esto es, según el carácter aforístico que tiene esta serie de ‘La mirada infinita’.

La quinta parte se titula ‘De la potencia del entendimiento o de la libertad del hombre’: ‘Si en un mismo sujeto son suscitadas dos acciones contrarias deberá necesariamente producirse un cambio […] hasta que dejen de ser contrarias’, ‘Un afecto que es una pasión deja de ser pasión tan pronto como nos formamos de él una idea clara y distinta’, ‘No hay afección del cuerpo de la que no podamos formar un concepto claro y distinto’, ‘Mientras no nos dominen afectos contrarios a nuestra naturaleza tenemos la potestad de ordenar y concatenar las afecciones del cuerpo según el orden propio del entendimiento’, ‘Quien se conoce a sí mismo clara y distintamente y conoce igualmente sus afectos, ama a Dios’, ‘Nadie puede odiar a Dios’, ‘El alma no puede imaginar nada ni acordarse de las cosas pretéritas sino mientras dura el cuerpo’, ‘En Dios se da necesariamente una idea que expresa la esencia de tal o cual cuerpo humano desde la perspectiva de la eternidad’, ‘El alma humana no puede destruirse absolutamente con el cuerpo, sino que de ella queda algo que es eterno’, ‘Cuanto más conocemos las cosas singulares, tanto más conocemos a Dios’, ‘Quien tiene un cuerpo apto para muchas cosas tiene un alma cuya mayor parte es eterna’, ‘La felicidad no es un premio que se otorga a la virtud, sino que es la virtud misma’, ‘El sabio apenas experimenta conmociones de ánimo’, ‘Todo lo excelso es tan difícil como raro’.

Álvaro Fierro Clavero
 www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. ¡Bravo! Ya lo he compartido en facebook.
    Como bien sabes, no son los que citas los únicos versos que Borges dedicara a Espinosa, también (aunque inferiores) los de “El Alquimista”:
    Otra visión habrá; la de un eterno/
    Dios cuya ubicua faz es cada cosa/
    que explicará el geométrico Spinoza/
    en un libro más arduo que el Averno…

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