lunes, 23 octubre, 2017

El antropoceno


La casa está encendida. 

Luis Rosales

Patrik Söderlund y Visa Suonpää

IC-98 son Patrik Söderlund y Visa Suonpää

Hace unas pocas fechas, mientras asistía a la sorprendente exposición ‘Abendland: tierras crepusculares’, del grupo de videoartistas finlandés IC-98 constituido por Patrik Söderlund y Visa Suonpää, estuve contemplando su serie de vídeos ‘Arkhipelagos’ en la que plantean las consecuencias de una catástrofe. En la primera de las obras, bajo un cielo culpable y lleno de nubes se ve una llanura desoladora donde, aquí o allá, destacan rudimentarios mástiles en los que ondean sendas banderas. Las enseñas están raídas y un viento suave las mueve o las conmueve, como si estuvieran de duelo y lamentasen algún suceso acaecido antes de nuestra llegada. Los artistas han dispuesto el proyector y la pantalla intencionadamente, de tal modo que vemos nuestra propia sombra incorporada entre los estandartes en un ingenioso juego que sitúa al espectador ante su responsabilidad.

Arkhipelagos - Navegar las mareas del tiempo

Arkhipelagos – Navegar las mareas del tiempo

Arkhipelagos 2013

Arkhipelagos 2013

A su izquierda, IC-98 ofrece otra proyección que resulta hipnótica. Vemos un mar en plena tormenta, y entre las olas adivinamos a lo lejos de cuando en cuando algún mástil y nuevamente una bandera. Aunque el paisaje sea distinto, la desolación es la misma. En realidad nos encontramos ante la continuación marina del paisaje terrestre que acabamos de ver. Calculo que la pantalla tendría unos seis metros de ancho, de modo que la sensación de estar a merced de los elementos es absoluta, al tiempo que uno encuentra en la inclemencia del mar una belleza amenazante y profunda.

Los artistas se refieren a nuestra época con el nombre de ‘Antropoceno’, una denominación que remite a los periodos clásicos de la geología –Pleistoceno, Mioceno, Holoceno…– y que al parecer ha sido acuñada en el año 2000 por el premio nobel de Química Paul Crutzen, para quien la acción humana sobre la superficie terrestre ha dado lugar a una nueva era geológica a causa de sus colosales repercusiones a escala mundial. Algunos autores sitúan su origen en el descubrimiento de la agricultura, en tiempos neolíticos, mientras que otros autores consideran que el Antropoceno se inicia con la Revolución Industrial.

Robert Carneiro

Robert Carneiro

A mi entender, la influencia del ser humano sobre el planeta empieza a tener mayores implicaciones desde la creación de los primeros Estados. De todas las teorías que explican su origen, acaso la más interesante sea la que propuso el eminente antropólogo norteamericano Robert Carneiro. Su teoría de la circunscripción parte de un hecho llamativo: todas las civilizaciones han surgido en algo similar a trampas geográficas, esto es, zonas fértiles con abundante agua rodeadas de desierto. Tal es el caso de las orillas del Nilo, de Mesopotamia y las cuencas de los ríos Indo y Amarillo. En estas regiones, en caso de enfrentamiento entre tribus –postula Carneiro–, no era posible alejarse demasiado a causa de la hostilidad del medio circundante, y los vencidos se veían obligados a permanecer en sus emplazamientos originales y aceptar la autoridad de los vencedores, lo cual provocó aglomeraciones de población crecientes que, como era preciso organizarse a gran escala, dieron lugar a la fundación de los Estados.

En el Amazonas, por ejemplo, la disponibilidad ilimitada de recursos permitía el distanciamiento entre pueblos hostiles y no surge nunca la necesidad de asociarse de manera más eficiente. La creación de los primeros asentamientos importantes da lugar a la invención de las cifras ­–para llevar la contabilidad– y la geometría, según cuenta Herodoto, ya que la hacienda de la época exigía tributos con arreglo a la superficie efectiva que cultivaba el súbdito.

Elias Canetti

Elias Canetti

Un segunda rasgo característico del Antropoceno es la construcción. Desde que se constituyeron los primeros estados, la humanidad se caracteriza por levantar muros. Cuenta Elías Canetti en ‘Masa y poder’ que lo que en verdad hacemos es levantar barreras para mantenernos a salvo de los demás. ‘Nada teme más el hombre que ser tocado por lo desconocido’, es la frase con la que el ensayista abre su majestuosa obra. Quizá su condición de judío haya llevado a Canetti a no considerar la casa como un trasunto en piedra del útero primordial, un modo imperfecto aunque viable de regresar a nuestra primera cantidad, cuando todavía todo era posible. La casa remite a ese paraíso auténticamente original en el que nada malo podía ocurrirnos, y la restitución de ese antiguo estado de cosas es la que secretamente impulsa a los buenos arquitectos a construir entornos satisfactorios en los que la luz, el espacio, el mobiliario, las vistas nos compensan de tantos desmanes. Los gobernantes de ínfima categoría que nos afligen con sus decisiones contraproducentes han terminado por desvirtuar el sentido primigenio de esta actividad sagrada que es consustancial al hombre.

“La casa remite a ese paraíso auténticamente original en el que nada malo podía ocurrirnos”

Pero hay otro rasgo que a mi entender constituye el núcleo central de nuestra especie y que asimismo caracteriza esta nueva etapa geológica que algunos postulan. El lector de ‘La mirada infinita’ que no haya olvidado completamente sus estudios gramaticales recordará el venerable complemento directo, ese sintagma sobre el que recae la acción del sujeto y que, simultáneamente, redondea la acción verbal: Estudio un libro, tomo el desayuno, contemplo un paisaje, escucho música, doy una sorpresa, entiendo un problema, interpreto una canción, traduzco un texto. Los romanos llamaron acusativo al caso correspondiente porque tradujeron erróneamente la denominación del griego, pero ya uno de los primeros gramáticos, Apolonio Díscolo, supo ver que el acusativo no estaba relacionado con la causa –es decir, no es un ‘acausativo’–, sino con el efecto.

Emilio Alarcos

Emilio Alarcos

 

Emilio Alarcos señala certeramente que los verbos transitivos son aquellos que tienen un significado muy amplio y que requieren muy frecuentemente de construcciones en las que ese significado se precise. Puedo decir simplemente ‘Estudio’, pero es posible estudiar tantas cosas que se ha consolidado el empleo de un complemento que acote en cierta medida la semántica de esta construcción sintáctica: ‘Estudio el problema’. Por el contrario, hay verbos que en español son mucho menos frecuentes como morir, o delinquir, o arrepentirse que tienen un significado mucho más restringido y no requieren de mayores aclaraciones: son los verbos intransitivos.

Cebras

Cebras

La cuestión del libre albedrío dista de estar clara: no sabemos si el hombre es o no libre, si lo es en toda época, edad o circunstancia. En lo tocante a la libertad, no es lo mismo una postguerra que una etapa histórica opulenta, la primera infancia que la adolescencia, la edad adulta o la vejez, no somos igual de libres en la vigilia que en el sueño. En cada uno de esos momentos ser libre significa una cosa distinta y en no pocas ocasiones parece algo imposible. Pero si descendemos del ámbito de lo existencial y lo filosófico al ámbito de lo pequeño y lo cotidiano, no hay duda de que el ser humano goza del rasgo de la transitividad y tiene unas enormes posibilidades de las que carecen otros seres vivos. En una hipotética lengua de las aves o de los reptiles, en un habla imaginaria en la que se entendieran las amebas o los elefantes, no habría necesidad de complementos directos porque las opciones que tienen ante sí las especies que no son la nuestra están llenas de limitaciones. En el idioma de las cebras o de las gaviotas, en todos los correos electrónicos que podrían intercambiarse en un enjambre de abejas, comer es un verbo intransitivo porque su menú siempre ha sido y será el mismo.

Antropoceno

Antropoceno

Algo ha cambiado verdaderamente, y desde hace unos tres mil años se ha iniciado una nueva época: el Antropoceno. Hasta donde sabemos, por primera vez en la historia del universo ha surgido en algún remoto lugar de una galaxia cualquiera una microscópica especie que, siquiera de un modo precario o efímero, aunque no vaya a quedar recuerdo alguno cuando todo termine, es en cierto sentido dueña de la situación. Está muy de moda pensar que pertenecemos al orden de las plagas porque perjudicamos el entorno en que tiene lugar nuestro desarrollo, pero ahora prefiero acordarme de nuestras grandes construcciones físicas y también de las intelectuales, que son la ciencia, las matemáticas, la filosofía y el arte. Al menos una cosa nos diferencia de otras infecciones: La misma especie que crea, que pone iniciativas en marcha, que proyecta e intenta, que imagina, sueña e inventa, a menudo se deprime y se frustra. Este es el amargo tributo que debemos pagar por ser tan sumamente capaces.

Álvaro Fierro Clavero
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Siempre te leo, pero este artículo realmente me ha encantado. Comparto opinión contigo.

  2. Admirable, Alvaro. Gracias por escribir.

  3. Bien hilado, Alvaro. Yo me apunto a los que creen que el “ser” humano es solo una sombra del Ser, un reflejo pobre en la caverna del Platón. La transitividad es el deambular inútil de esa sombra, porque el auténtico Ser no deambula.¿Cómo se movería uno donde no hay tiempo ni espacio ni separación -física, psíquica, emocional-, donde no hay más que la unicidad del Ser? Dicho lo cual, tu exposició de la transitividad, muy bonita.

  4. Magníficamente escrito, recordamos poco de gramática y menos de lingüística pero ¿no había algo que era el shift? una especie de gozne o enlace entre elementos y formas de discurso distintas.
    En tu caso supone un pequeño salto al vacío en el párrafo “Pero hay otro rasgo que a mi entender…” acudes a la estética, literatura, antropología, paleontología…eres un gran zorro que diría el amigo I. Berlín, pero tal vez falta algo de erizo aquí. Salvo que le dejes la exlusiva al P. Alonso Sandoica falta teología (y geometría como añadiría el ínclito Ignatius J. Reilly). Si no consideramos la categoría de criatura del ser humano y por tanto la existencia de un Creador nos quedamos colgados de la brocha. En esta semana de preparación a Pentecostés, que el Espíritu Santo te acompañe y guíe siempre querido Álvaro.

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