lunes, 23 octubre, 2017

Automitologías


Gérard de Nerval

Gérard de Nerval

Príncipe de Aquitania de la Torre abolida. 

Gérard de Nerval

Mi idea del arte se ha ido trasformando paulatinamente según comprendía ciertas cosas. Durante mucho tiempo pensé que algunos seres humanos habían ejecutado las obras de arte para dejar memoria de su concepción de la hermosura en primera instancia, sin perjuicio de que hubiera siempre un pretexto, un encargo, un motivo en torno al cual el artista hubiera edificado sus realizaciones. Efectivamente es posible sostener esta idea ante no pocas obras de inspiración clásica y, junto a otros impulsos, se detecta la ambición estética en las manifestaciones artísticas más antiguas: pienso en la pintura rupestre o en las piezas que pueden admirarse en los museos arqueológicos.

Más tarde, y coincidiendo con el comienzo de mi dedicación a la poesía, pasé a pensar –influido por las vanguardias– que el propósito del arte en general, y de la poesía en concreto, era proporcionar cosas nuevas. Tal cosa sin duda es cierta, pero tan sólo desde época relativamente reciente. Durante siglos no ha sido ésa la pretensión primera del autor, y las novedades han ido surgiendo al dictado de la historia y de los cambios sociales y políticos, no tanto del deseo de romper con lo anterior. No olvidemos que hasta el romanticismo, el artista era un sirviente. Debemos el gigantesco catálogo de obras de Franz Joseph Haydn a la devoción musical de la familia Esterházy, que cada semana encargaba al músico austriaco una inconcebible cantidad de composiciones.

Durante el siglo romántico los artistas ganan autonomía y el arte comienza a hollar terrenos alejados de las convenciones. El tiempo del arte se acelera. Un alumno de Haydn, el gran Ludwig van Beethoven, fue el primero músico que consiguió una asignación regular no ligada a encargos concretos, lo cual le permitió desarrollar su carrera según sus colosales pretensiones y capacidades, aunque los ingresos económicos fueron un problema constante en la vida del músico de Bonn por su empeño en dejarle una buena herencia a su sobrino. Absolutamente todas las cartas escritas por Ludwig entre 1815 y 1820 incluyen alguna referencia a asuntos de dinero.

El demonio que se alimenta de cosas nuevas termina cansándose en el cerebro de las personas, o al menos eso es lo que ha ocurrido en mi caso, y entre los treinta y los cuarenta años pasé a pensar que el propósito del arte es entablar una determinada clase de relación con el espectador que le lleve a reconocerse en lo que contempla. No se trata tanto de que sea nueva, más bien se trata de que sea profunda, que tenga implicaciones íntimas, que abra surcos mentales. El misterio de la propia identidad queda descifrado en el seno de la persona ante la obra maestra.

Cuando se ha creído en algo con total convicción no se abjura nunca por completo de los antiguos pensamientos: simplemente vamos superponiendo nuevos estratos conceptuales como si de La Gran Dolina de Atapuerca se tratara. Somos yacimientos en los que ocasionalmente afloran antiguos fantasmas y creencias. Uno se encuentra entonces con el que fue y dialoga consigo mismo bajo la particularísima especie de decadencia que algunos llaman madurez. Por otro lado, la pretensión de labrarnos una biografía asimilable a la de los hombres verdaderamente grandes que admiramos reviste nuestra volubilidad estética de términos respetables como ‘evolución’ o ‘coherencia’ donde lo que hay es simplemente ignorancias paliadas por sucesivos descubrimientos.

Genealogía fantástica de Nerval

Genealogía fantástica de Nerval

A consecuencia de una visita a la espléndida exposición ‘Formas biográficas’ que ahora concluye en el museo Reina Sofía, a las anteriores concepciones de lo que pueda ser el hecho artístico se une ahora una idea nueva: el arte contemporánea es una rama de la psiquiatría. Se dedica esta extensísima muestra a explorar algunos procedimientos empleados por los artistas para construirse identidades alternativas y toma como motivo inicial de inspiración al influyente poeta francés Gérard Labrunie, más conocido como Gérard de Nerval, a propósito de quien, en los años treinta, el crítico literario Albert Beguin acuñó el término ‘mitología individual’. A nuestro entender, este concepto culmina la aspiración suprema de convertirse en dioses que los artistas occidentales empiezan a desarrollar al menos desde el romanticismo y que tiene inolvidable plasmación en la novela de Mary Shelley ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’.

El profesor Jean François Chevrier, autor del importante ensayo que inspira esta muestra, señala que:

Toda biografía induce una genealogía. Todo ser humano que se siente fracasado en este mundo […] trata de rehacerse, de rehacer su biografía.

Según Nerval –que al final de su vida era sonámbulo y padecía esquizofrenia y trastorno bipolar– la identidad se construye en torno al apellido y la habitación en que nacemos. En su novela ‘Aurelia’ escribe el poeta: ‘la hora de nuestro nacimiento, el punto de la tierra en que aparecemos, el primer gesto, el nombre, la habitación […] todo eso establece una serie feliz o fatal de la que el futuro depende por entero’. Nerval debe su apellido a unas tierras cercanas a París pertenecientes a su familia. En 1841 el poeta es internado en un psiquiátrico. Acaba de elaborar un asombroso documento, su ‘Genealogía fantástica’, que consta de un par de hojas en las que detalla, respectivamente, la biografía imaginaria de sus ancestros paternos y maternos mediante complejas descripciones dispuestas en torno a un dibujo con forma de árbol. Al parecer, la creación de Nerval presta atención a la etimología, y relaciona la sílaba ‘bru’ de su apellido con toda suerte de lugares y personajes.

En 1839 Louis Daguerre pone a punto el daguerrotipo. En una carta de 1854, Nerval desata su inquina contra esta nueva forma de representación en la que acaba de verse: ‘¡Infame daguerrotipo! Perviertes el gusto de los artistas’, escribe el poeta. Por entonces aparece una biografía en la que figura un retrato suyo a cuyo pie, cabe su nombre, escribe ‘Yo soy el otro’. En opinión del profesor Chevrier, lo que Nerval quiere con esta inscripción es rechazar la imagen de locura con que se veía. El infortunado poeta dejó dicho en su soneto más famoso, ‘El Desdichado’, los escalofriantes versos que serán citados por T. S. Eliot en ‘La tierra baldía’:

Yo soy el Tenebroso, el Viudo, el Desolado,

Príncipe de Aquitania de la Torre abolida:

Mi única Estrella ha muerto, y mi laúd celeste

Transporta el Sol oscuro de la Melancolía.

La exposición no menciona el desarrollo que la inscripción nervaliana tiene en Rimbaud, quien en misiva a Georges Izambard –la célebre primera ‘Carta del vidente’ de 1871– describe sus esfuerzos por envilecerse para encontrar la inspiración artística (las negritas son nuestras):

Por el momento, lo que hago es encanallarme todo lo posible. ¿Por qué? Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. — Perdón por el juego de palabras.

YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín.

Estudio en alambre para 'Moradas', de Étienne Martin

Estudio en alambre para ‘Moradas’, de Étienne Martin

La exposición se detiene entonces en Etienne-Martin, un escultor abstracto lector de Nerval que construyó su mitología personal mediante la delimitación del espacio vacío según piezas a las que llamaba ‘Moradas’: hábitats imaginarios que guardan memoria de la vivienda primordial que es interpretada como una síntesis de contrarios, a un tiempo vacía y llena, propia y común, amplia pero compartimentada. Cada recinto de la casa tiene un nombre, un color, una letra del abecedario, un cometido que remite al tarot: Hay tres grandes recintos: Casa Norte –azul–, Casa Sur –roja–, Casa Este –verde–, en las que encontramos veinticuatro espacios: ‘Habitación de los pájaros’, ‘Habitación de Levante’, ‘Alcoba del corazón’, ‘Escalera del lucernario’ …

La torre del reloj, de Charles Meryon

La torre del reloj, de Charles Meryon

El grabador Charles Meryon proyectó una serie de veintidós ‘Aguafuertes sobre París’ a mediados del siglo XIX. Al igual que Nerval, estuvo internado. Lejos de la fidelidad al original, su trabajo se inspira en la ciudad menos moderna e incluye numerosos elementos que distorsionan el paisaje auténtico y tergiversan la observación. Meryon era bastardo: fue concebido en Londres y se crió en París junto a una hermana nacida de otro padre. Hijo de una bailarina de la Ópera de París y un médico inglés, no descubrió las circunstancias de su nacimiento hasta los dieciséis años. Según su propia declaración, adoptó el apellido paterno y se refugió en su obra para escapar del vacío genealógico que sentía.

“Las mitologías que tengan que ver conmigo me las construyo yo mismo”

Antonin Artaud

Antonin Artaud

En un rasgo inequívoco de construcción de una mitología propia, Antonin Artaud escribe en 1946: ‘No recuerdo haber nacido en Marsella la noche del 3 al 4 de septiembre de 1896’. Artaud estaba obsesionado con Nerval: se había apropiado de ‘Las quimeras’, unos sonetos del poeta parisino. Para apropiarse de otra de sus obras –’Anteros’–, construye una compleja etimología que le remite al coxis, que es dibujado por Artaud. El poeta marsellés se sentía perteneciente a una genealogía de poetas y artistas del sufrimiento: Villon, Baudelaire, Poe, Lautréamont, Coleridge, pero es Nerval del que se siente más cercano porque –como leemos en carta a André Breton– ‘Nerval no había soñado, sino vivido [..] realmente los estados de los que habla’.

Alberto Giacometti comenta en 1933: ‘Sólo de un modo indirecto puedo hablar de mis esculturas y sólo en parte puedo decir lo que las ha motivado’. En 1934 el escultor suizo esculpe una obra enigmática de carácter primitivista, muy diferente del estilo que lo ha hecho más famoso, conocida como ‘El objeto invisible’ o bien ‘Manos que sujetan el vacío’. El escritor surrealista Michel Leiris –autor del importante ensayo ‘Piedras para Alberto Giacometti’– vincula las figuras femeninas del escultor con las ‘Hijas del fuego’, la galería de retratos femeninos que acaso sea la obra maestra de Nerval, y también sitúa a Artaud y su sufriente imaginería bajo influencia nervaliana.

Primer grabado y texto de la serie 'Él desapareció en completo silencio' de Louise Bourgeois

Primer grabado y texto de la serie ‘Él desapareció en completo silencio’ de Louise Bourgeois

Uno de los aspectos clave en la construcción de mitologías son los objetos. Recordemos que los dioses clásicos siempre aparecen representados con atributos característicos: El arco y la lira en el caso de Apolo, la copa de vino en el caso de Dioniso. La misteriosísima serie de nueve grabados ‘El desapareció en completo silencio’, de la artista Louise Bourgeois, fue elaborada en 1947 e introduce elementos arquitectónicos junto a textos narrativos que tratan de historias cotidianas desoladoras. La impresión se refuerza por la aparente desconexión entre arquitectura y texto. Leamos el texto y veamos el primero de los grabados: ‘Hubo una vez una chica que amaba a un hombre. Se citaron al lado de la estación de la calle número ocho de la sexta avenida del metro. Ella se había puesto ropa buena y su sombrero nuevo. Por alguna razón él no pudo venir. Por tanto el propósito de esta pintura es mostrar qué hermosa estaba. En verdad quiero decir que estaba bonita’.

Philip Guston

Philip Guston

Whobody, de Philip Guston y Clark Coolidge

Whobody, de Philip Guston y Clark Coolidge

Por su parte, el pintor Philip Guston –dedicatario de una de las obras musicales más importantes del gran Morton Feldman y que era un gran lector de Kafka, del que la exposición incluye interesantes dibujos– denominó ‘Elementos’ a varios de sus dibujos en los que otorga proporciones arquitectónicas a pequeños objetos de su estudio, y en la serie titulada ‘Whobody’ –proponemos la traducción ‘Cuyo cuerpo’– combina textos del poeta Clark Coolidge con figuras y motivos pictóricos que ejercen el efecto –como muy bien señala Chevrier – de un jeroglífico.

Henrik Ibsen

Henrik Ibsen

La exposición recoge asimismo la construcción de mitologías en el plano teatral en torno al drama de la vida. ‘Espectros’, de Henrik Ibsen, es una obra que hace hincapié en los obstáculos que se oponen a la existencia. Se nos muestra la escenografía que sobre esta obra el cineasta Max Reinhardt encargó en 1906 al gran Edvard Munch, en la línea de su magna serie ‘Los misterios de la vida’ que culmina con la impresionante pintura ‘La madre muerta y el niño’. En el acto II de la obra de Ibsen leemos: ‘me pregunto si no somos todos espectros, pastor Manders. No es sólo la herencia de nuestros padres que vuelve para atormentarnos. Es también toda clase de viejas ideas y de creencias muertas. Ya no están vivas, pero atestan nuestro cerebro y no logramos deshacernos de ellas’.

Sello de Max Reinhardt

Sello de Max Reinhardt

Tadeusz Kantor

Tadeusz Kantor

El revolucionario director polaco Tadeusz Kantor acuña una idea genial que sintetiza el obstáculo de Ibsen con el objeto constructor de la mitología personal: el ‘bio-objeto’, que constituye la parte más importante de su teatro por el papel que ocupan en la vida y en la memoria. Decía en 1985 al crítico Philippe du Vignal: ‘los objetos […] están para mí tan vivos como los actores […] la mujer que lava la vajilla se desplaza siempre con su pila de aluminio, el jugador necesita su mesa para existir […] el moribundo no puede agonizar sin su cama’.

Estos y otros muchos procedimientos –de Max Ernst, de James Joyce, de Maruja Mallo, de Lygia Clark, de Francesca Goodman, de Gerhard Richter– que esta apabullante exposición recoge han sido puestos al servicio de la construcción de realidades alternativas en el plano artístico con la finalidad de abrir nuevos espacios a la imaginación, a la creatividad y a la vida –‘todo lo que se hace es autobiográfico’ según la artista estadounidense Dorothea Tanning–. Asistimos en España a un proceso lleno de conexiones con esta construcción de mitologías mediante la tergiversación simbólica en un plano que, por el contrario, es por completo inadmisible: la realidad histórica y política española. Y esto es inadmisible porque la sustancia sobre la que opera la inversión de valores, el objeto de tergiversación no es el material fotográfico o literario, no es el hecho artístico, sino que es el propio pueblo español.

Pilar UrbanoConocemos ahora, a raíz del libro publicado por Pilar Urbano, cuál fue la verdadera finalidad del supuesto golpe de Estado –al que a partir de ahora hay que denominar Autogolpe de Estado– del 23 F: El rey de España, parte del Ejército, media UCD y la totalidad del PSOE, el PCE y Alianza Popular se confabularon para echar al presidente del Gobierno legítimamente elegido por los españoles. Cada uno participó por un motivo distinto, y ninguna de esos motivos era el interés general. La única razón por la que el golpe no siguió su curso fue porque Tejero no aceptó el gobierno de concentración con el que el general Armada –con la anuencia del rey Juan Carlos– se disponía a reemplazar la legalidad. ¡Qué monumental paradoja: Tejero es la persona a quien debemos que el golpe no prosperara!

El gobierno del general Armada

El gobierno del general Armada

En el capítulo de la historia ficción reciente española queda pendiente de explicar el siguiente experimento del que hemos sido víctimas: el 11-M, algo con ese mismo tufo a golpe de estado con apariencia de otra cosa. Al igual que en el 23-F, ha hecho falta implicar a jueces venales y se han buscado convenientes chivos expiatorios para soportar un relato que requiere de una infinita ingenuidad para ser creído. ¿En qué país del mundo se desguazan unos trenes accidentados a los tres días? Cuanto más lo explican menos me gusta. A mi entender, estos hechos horribles que sitúan en su verdadero lugar a nuestros espantosos políticos deslegitiman definitivamente el régimen que procede de las elecciones de 1978, demuelen las supuestas bondades de la Transición y justifican plenamente la desobediencia civil y la resistencia a la autoridad que detentan estos malnacidos.

Las mitologías que tengan que ver conmigo me las construyo yo mismo. 

Álvaro Fierro Clavero
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Está escrito con inconcebible descuido. Es Mary “Shelley” ; que era “un” gran lector de Kafka; y hechos horribles …deslegitiman…demuelen…justifican.
    Por lo demás totalmente de acuerdo, el arte contemporánea (eso sí está bien) es una rama de la psiquiatría, como la Metafísica una rama de la narrativa.

  2. Gracias por las correcciones.

  3. No me explico como te crees lo que cuenta Urbano. La Navaja de Ockham, Alvaró, no es ninguna tontería. La falsedad del libro de Urbano se demuestra en los diálogos que atribuye a Suarez y al Rey, en los que no estaba presente ni había grabadora. Ergo son falaces.

    También en que ha esperado a que Suarez estuviera fuera de juego para “cantar”. Me recuerda a Nicolás Sanchez Albornoz hijo, que esperó a que Juan muriera para dar “su versión” de la fuga de Cuelga muros, que no se acerca para nada a la realidad que conozco no sólo por Benet sino por protagonistas y testigos que no tienen tanto poder. El otro día por televisión ya había borrado por completo a Paco Benet, que organizó todo para rescatarlo, y a Bárbara Probs Solomon, la periodista, y a Bárbara Mailer, la hermana de Norman Mailer, que se la jugaron con Paco. Y todo para quedar él como un heroe y como si fuera el Conde de Montecristo. Cuando los héroes fueron los otros.

    En cuanto al 11M, la Navaja también funciona. Te comento de pasada que en el 11S mis amigos musulmanes sostenían con grandes argumentos y de muy buena tinta que era cosa del Mosad.

    El hijo de Suarez desmiente a Urbano, el general Cassinello la desmiente, sus hombres cercanos, entre los que se cuenta mi cuñado, que trabajó con él mano a mano durante muchos años y conocía los entresijos

    ¿ Iba a contarle a una periodista lo que no contó a sus íntimos y mentir a éstos ¿ Y a su propio cuñado, Aurelio, que era su confidente¿

    Pienso que la teoría conspiratoria habría que buscarla en la propia Pilar Urbano.¿Con quién ha pactado, además de con Planeta ¿ A quienes beneficia, además de a ella misma, que se esta forrando en la cresta de la ola ¿

    Y ahora me pregunto cómo una mente sutil como la tuya puede dar el más mínimo crédito a una conocida enamorada del escándalo.

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