sábado, 21 octubre, 2017

Y finalmente, la primavera llega

Y finalmente, la primavera llega



Por mucho que nos afanemos, no hay nada más importante que la primavera, que la vida que empieza.

Y finalmente, la primavera llega




Hay que estar en cubierta y mirar al horizonte siempre. Como en la vida, más o menos.


No hay política ni en minúsculas ni en mayúsculas que valga lo que vale un campo verde

ciezaEn la mitad de este marzo lleno de noticias, se cuela la primavera. No hay política ni en minúsculas ni en mayúsculas que valga lo que vale ese campo verde cuajado ya de flores camino al este, por dónde sale el sol.

Ventarrón y de nuevo frío y hasta nieve, pero ya está aquí la primavera, imparable, hermosa e imprevisible. Los disgustos duelen menos y, aunque el cansancio reaparece, sabes que con ella queda en sordina el resto por unos días al menos.

Salimos a navegar en el barco de un buen amigo, es la primera vez que hacemos esto. Es extraño vivir en un barco, dormir en él, ducharse, comer. Y marearse. Hay que estar en cubierta y mirar al horizonte siempre. Como en la vida, más o menos.

A vela, y sólo a vela, aunque el motor nos sirve para salir y volver a entrar en el puerto, percibes otros sonidos, y llegas a entender cómo,  para llegar a algún punto concreto, a veces el camino no es siempre una línea recta. También como en la vida, más o menos.

Nos atiende una rumana en el bar del puerto con unos increíbles ojos verdes,  el público, hombres y mujeres como langostinos. Son noruegos, suecos y, en general, extranjeros que han recalado en la Costa Blanca, y prefieren, naturalmente, este sol al frío que ellos padecen. Es otro mundo diferente de prejubilados o incluso de algunos que pueden permitirse trabajar a distancia. También conocemos a unos ingleses que viven aquí en su barco, bastante pequeño, unos 5 meses al año,  luego vuelven a Inglaterra a aprovechar su verano.

En ruso muchos carteles. Los de venta de casas fundamentalmente y el resto en inglés, esa lingua franca que como el latín en Roma nos permite hoy entendernos.

Al volver a casa mientras escribo estas líneas me noto rara echando algo de menos. Es el vaivén del barco, aquel que me mareaba al principio. Sentada y dispuesta a la semana que empieza, sé que, por mucho que nos afanemos, no hay nada más importante que la primavera, que la vida que empieza.

Sí, la vida es lo más importante que nos sucede. Por eso me alegro tanto de que este primer fin de semana de primavera sea el de la vida, don siempre y primer derecho. La sensación es que cada vez más personas reconocen esto y hay menos miedo.

Con vientos cambiantes, que en nada se parecían a los que nos dijeron, y un timón, que a veces hay que rozar apenas, hay que sentir el barco que lleva su inercia. Todo lleva su tiempo. Hace falta también pericia y paciencia.

Aurora Pimentel
@AuroraPimentel

Comentarios

  1. Me he sentido en ese barco Aurora….que relato más sencillo y a la vez relajante y confortable y lleno de serenidad inspiradora.

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