Viernes, 21 Julio, 2017

Pero hay menos suicidios


chicoEsta semana se ha dado a conocer un informe elaborado por la OCDE sobre la situación económica tras siete años de crisis. El dato más demoledor para España ha venido de la mano de esa idea que suena “tercermundista”: se ensancha la brecha entre pobres y ricos. Las cifras son elocuentes en este sentido. El 10 por ciento de la población con menos recursos ha visto descender su poder adquisitivo en un 15 por ciento, mientras que el 10 por ciento de ricos a penas si ha sentido la crisis con descensos mínimos del 1 por ciento de sus ingresos.

El dato que origina este dramático bache entre pobres y ricos es el del paro. Al inicio de la crisis, solo ocho de cada cien personas que querían trabajar no conseguían un puesto. Pero la cifra se ha elevado al 26,5 por ciento en este momento y los incipientes pasos hacia el crecimiento económico no garantizan que, a corto plazo, vuelva a crearse empleo.

La cifra es muy diferente de la del resto de los países de la Unión Europea que, si bien están inmersos en la misma crisis, la sustentan sobre la base de una población con tasas de empleo muy superiores. De hecho, la media de la UE, a la que España contribuye de maner muy negativa, se sitúa en un 11 por ciento de parados, lejos de esos uno de cada cuatro que sufre España.

Cuadro de la Benedictina Isabel Guerra

Cuadro de la Benedictina Isabel Guerra

Y sin embargo, de entre los datos proporcionados en el informe hay uno de carácter antropológico que me ha incitado a la reflexión: el índice de suicidios. La crisis no solo no ha elevado, sino que ha reducido ligeramente, el índice de suicidios. Ni en España, ni en la Unión Europea ni en el conjunto de los países de la OCDE, las complicaciones economías, la pérdida de confianza de los consumidores, el hartazgo político, el descenso del nivel de ingresos o el desempleo han llevado a más personas a quitarse la vida.

Y aquí España puede presumir de tener datos mucho mejores que la media comunitaria. Antes de la crisis, el índice de suicidios era de 6,7 por cada 100.000 habitantes. Después de la crisis, la tasa está en 6,2. La tasa de la Unión Europea está en 12,2 y estaba en 12,5 antes de la crisis.

En los medios de comunicación existe un código no escrito que lleva a no hablar de suicidios por miedo a que esas informaciones generen un efecto imitación. Sin embargo, sí deberíamos hacernos eco de estas sorprendentes cifras: en España, con más pobres más distantes de los ricos, con un paro muy superior a la media, tenemos, también menos tendencias suicidas. Y cuando la crisis más ha arreciado, menos casos ha habido de desesperación extrema, incluso aunque los que ha habido, se contasen en la prensa. Dice el castizo refrán que lo que no te mata te hace más fuerte.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

Comentarios

  1. ¡¡¡¡ Será que en medio de tanta dificultad hemos encontrado manos amigas y que la riqueza traía soledad e indiferencia!!! Dijo la Madre Teresa que la enfermedad peor en el mundo occidental era la soledad, tal vez compartir el potaje, tenga cosas positivas.

  2. Los pensamientos suicidas supongo que serán desenlaces de las depresiones. La depresión, dicen los expertos, es la enfermedad más importante de este tiempo y afecta tanto a ricos como a pobres. Por tanto, no creo que porque estemos en crisis se tenga que pensar que se van a dar más casos puestos que afecta a personas de todos los niveles económicos, aunque supongo que el aumento de los problemas en la vida de las personas (desempleo, hipoteca, etc), tendrá su influencia.
    En cambio, los problemas económicos sí creo que hayan dado pie a compartir más y a vivir más en comunidad, ya sea con la familia o con los amigos. El compartir techo y comida para algunas personas ha podido ser un escape en el sentido de tener a alguien en el que se pudieran apoyar ¿no? y de ahí que hayan bajado el número de suicidios.

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