martes, 17 octubre, 2017

El Márquetin y los Mundos


El espíritu científico parte de la hipótesis de que el mundo es comprensible, y por ello mismo predecible. Esto es así porque nos va la vida en ello. Existen leyes cuantitativas que regulan el comportamiento de cosas y personas, de vientos, mares, estrellas y microorganismos, y a su búsqueda se aplican los que se dedican a hacer ciencia. En una escala mucho más modesta, pero no por ello poco importante, nadie que no observe y extraiga conclusiones cada día sobre todos los asuntos cotidianos puede ser considerado seriamente. Esta habilidad la compartimos con multitud de animales que muestran un comportamiento adaptativo que los lleva a interpretar indicios y obrar en consecuencia.

Sello de Kant

Sello de Kant

Llamamos método científico al conjunto de procedimientos que hemos puesto en marcha para construir la ciencia: formulamos hipótesis, realizamos experimentos y medi­ciones, contrastamos los resultados, corregimos las hipótesis iniciales, establece­mos leyes. El filósofo máximo de la Ilustración, Immanuel Kant, formula en 1785 su imperativo categórico en términos tomados de la ciencia: ‘obra de modo que tu acción se convierta en una ley universal’. Qué idea más potente la de invitarnos a todos los seres humanos a convertirnos en legisladores ecuménicos mediante nuestras actua­cio­nes.

En el ‘Teeteto’ Platón señala que ‘la ciencia es un juicio verdadero acompañado de razón’, lo cual no resuelve gran cosa –¿qué es un juicio, qué es la verdad, qué es la razón?–. Durante mucho tiempo las ciencias se han clasificado según una taxonomía un tanto simplista que evidencia su relación con la matemática –no propiamente considerada como ciencia hasta el empleo de la computación, más bien se trata de una filosofía–. Se distingue, según esto, entre ciencias duras –muy matemáticas, para entendernos, como la física, la química– y ciencias blandas, como la biología, la psicología o la economía. En el ámbito no científico se encontrarían según este esquema disciplinas como el derecho, la ética, la historia, el arte o la literatura. El asunto se complica porque en multitud de ocasiones estas ciencias blandas o no ciencias hacen en la actualidad un uso de métodos cuantitativos y científicos para la resolución de sus problemas.

Karl Popper

Karl Popper

Karl Popper introduce un concepto esencial: la falsabilidad. Concibe el saber científico como una actividad precaria que siempre está sujeta a una posible desautorización por parte de quien encuentre evidencias contrarias. Esta exposición continua al escrutinio de la razón resulta ser, aunque les pese a los numerosísimos detractores del pensador austriaco, el método que nos ha llevado más lejos en el camino de la sabiduría. No en vano, el antecitado Kant examina con admiración en el prólogo de su ‘Crítica de la razón pura’ los progresos de la física y constata con pesar que los filósofos de su época continúan enredados con los mismos problemas que los pensadores griegos sin que se detectasen grandes avances.

A mi entender, es tanto más blanda –aunque no por ello menos importante– una ciencia cuanto más frecuentemente encontramos en su ámbito enfoques antagonistas que coexisten a consecuencia de la mayor o menor dificultad que presenten para la falsación. En el ámbito de la economía, en la actualidad tienen muy gran apoyo teorías opuestas en torno a cómo asignar los recursos. En lo literario, es perfectamente posible que un mismo autor sea defendido y denostado por los expertos, y no digamos ya por los lectores. Es muy difícil encontrar algo incuestionable en filosofía, en ética, en religión, en educación, en arte, en derecho, en política. Ni siquiera la hazaña máxima de los legisladores, que son los derechos humanos, son reconocidos por todo el mundo. Las ciencias blandas son menos universales: multitud de sentencias judiciales o actuaciones políticas nos resultan inconcebibles. Pese a la globalización, el arte o la literatura japonesas nos siguen resultando exóticas.

Gran Colisionador de Hadrones del CERN

Gran Colisionador de Hadrones del CERN

Sin embargo, en el ámbito de las ciencias duras –y las técnicas que se sirven de ellas– la objetividad, el consenso entre la comunidad de investigadores es muy amplio en multitud de asuntos centrales. En termodinámica, en mecánica relativista, en astronomía, en mecánica cuántica, en electromagnetismo, en elasticidad hay una enorme cantidad de conocimiento compartido que se enseña en las universidades de todo el mundo. Se ha invertido en la construcción del CERN y en la Estación Espacial Internacional una inmensa cantidad de dinero, y eso sólo es posible porque la física es una ciencia dura que ha conseguido un acuerdo amplísimo.

“La empresa –y no los estados, no los planes quinquenales, no los políticos– es quien ha traído la igualdad basada en el mérito y nos ha hecho libres”

En la escalera de las disciplinas blandas encontramos una sabiduría con un estatuto epistemológico especial: el márquetin. Para algunos sólo es una técnica, para otros, una síntesis de diversos saberes. Participa del método científico porque estudia los mercados y saca conclusiones que son aprovechadas a la hora de lanzar nuevos productos y servicios, y tiene una orientación netamente social y sociológica. Su conexión con la moda, con la psicología, con el consumo, con la estética lo sitúan sin embargo netamente en el contexto de las ciencias blandas pero, a diferencia de éstas, ha alcanzado una universalidad total: no hay dictadura ni democracia, empresa, ser humano, marca, artista, arquitecto, médico economista, escritor que no reflexione en torno a su propia actividad y escrute fortalezas y debilidades, oportunidades, amenazas.

Es un desarrollo que procede de la estrategia y que se interesa por la comercialización, la comunicación, el producto y el precio según el célebre esquema de ‘las cuatro P’s del márquetin’ –llamado así en razón de las iniciales en lengua inglesa de estos cuatro ámbitos–. Gran parte de su éxito estriba en su enorme simplicidad teórica: no hacen falta grandes estudios para captar el sentido marquetiniano del mundo, y de una manera espontánea e intuitiva, multitud de individuos se sirven de este enfoque de la realidad.

Podemos generalizar la idea que subyace al márquetin y extrapolarla con pocas modificaciones a cualesquiera otros asuntos aparentemente lejanos en los que se ventile el nacimiento, el desarrollo o la supervivencia de algo: Por qué dejaron de componerse zarzuelas, por qué desapareció esta o aquella especie animal, por qué han entrado en crisis la monarquía española, la industria del disco o la fotografía analógica, por qué surgen con fuerza las potencias asiáticas, por qué las sociedades van abandonando la lectura en favor de la comunicación visual, por qué desapareció la Unión Soviética y por qué se ha iniciado en Ucrania una transformación política que ha dado lugar al reemplazo de sus mandatarios y la invasión de Crimea. Todas las cuestiones imaginables son –en sentido amplio– reducibles y analizables en los términos que ha puesto en boga el márquetin.

Alfred Nobel en el laboratorio

Alfred Nobel en el laboratorio

Philip Kotler

Philip Kotler

Por su carácter omnicomprensivo nos remite a la contribución intelectual más perdurable y sensata de Karl Marx: la tesis del materialismo histórico, esto es, que lo que determina el rumbo de la historia son las condiciones materiales de la existencia, que podrían reformularse en sentido marquetiniano sin excesivas dificultades. Se considera que el márquetin moderno se inicia con la obra del economista norteamericano Philip Kotler, aunque hay quien señala que nuestra ciencia nace a consecuencia de la creación de las primeras grandes empresas en el tránsito del siglo XIX al XX, ya que sólo entonces se dispone de recursos importantes para acometer el estudio de los mercados: Pfizer y Nestlé son unas de las más antiguas grandes empresas: se fundan en 1849 y 1866, NCR en 1884, Roche y Johnson&Johnson se crean en 1886, Standard Oil –actual Exxon– y Fiat en 1889, Edison crea General Electric en 1890, Coca Cola aparece en 1892, Alfred Nobel funda su empresa en 1895, Henry Ford en 1903, General Motors abre en 1908, IBM en 1911 … estas y otros muchísimos miles más de iniciativas empresariales llenas de talento, de sabiduría, de creatividad siguen todavía hoy en funcionamiento y son indispensables para entender el colosal progreso material puesto en marcha bajo la guía del márquetin.

Thomas Alva Edison

Thomas Alva Edison

Aunque no lo reconocerán jamás los ignaros detractores del liberalismo, han sido las empresas puestas en marcha por individuos geniales las principales responsables de que, con independencia de su cuna, las personas progresen en la escala social, mejoren su educación y tengan una vida más plena gracias al trabajo, esa ocupación maravillosa que según la errónea visión occidental del asunto es considerada una maldición. En una sociedad abierta y libre, basada en el neocapitalismo liberal y el respeto a una ley idéntica para todos, en el márquetin, la empresa y el comercio, en la creación de valor, el talento y la iniciativa, los individuos afortunadamente nos ganamos el pan gracias al sudor de nuestra frente, no gracias a las relaciones de dependencia determinadas por la clase social, la cercanía al poder o la arbitrariedad. La empresa –y no los estados, no los planes quinquenales, no los políticos– es quien ha traído la igualdad basada en el mérito y nos ha hecho auténticamente libres.

 

GONZALO DE BERCEO Y EL MÁRQUETIN

Comienzo del Libro de Aleixandre

Comienzo del Libro de Aleixandre

Pero el enfoque del márquetin es consustancial al género humano y es posible encontrar antecedentes remotos. En el siglo XII se produce en Europa un renacimiento en todos los ámbitos cuyas causas no son bien conocidas, aunque se sospecha que están ligadas al ascenso de las ciudades y el desarrollo económico asociado. A España tal renacimiento llega algo más tarde debido a que los reinos peninsulares se encuentran inmersos en la lucha contra el Islam. A través del Camino de Santiago entran en la Península los cluniacenses, se cambia el rito mozárabe de la misa por el romano y se abandona la escritura visigótica. La importantísima victoria de Las Navas de Tolosa en 1212 y el reinado de Fernando III el Santo consiguen traer a España el sosiego que permite que la cultura florezca. Las escuelas catedralicias dan lugar al Studium Generale y, más tarde, a las primeras universidades: Valencia, Salamanca, Valladolid. La literatura en lengua romance hace entonces su aparición. La segunda estrofa del Libro de Alexandre define los rasgos fundamentales de la nueva escritura:

Mester trago fermoso, non es de ioglaría

mester es sen peccado, ca es de clerezía;

fablar curso rimado por la quaderna vía

a sílavas cuntadas, ca es grant maestría.

Ramón Menéndez Pidal

Ramón Menéndez Pidal

Son los clérigos quienes con regularidad métrica –’a sílavas cuntadas’– y mediante estrofas –’quaderna vía’– van a poner en marcha nuestra literatura. Gonzalo de Berceo es el primer autor de nombre conocido en nuestra lengua. Muy vinculado al monasterio de San Millán de la Cogolla, fue notario del abad Juan Sánchez y compuso una obra que sorprende por su grado de depuración, lo que ha llevado a los estudiosos a pensar que se han perdido textos anteriores que sentaran las bases de la escritura en una lengua nueva. Según Menéndez Pidal, Berceo establece un nexo de unión entre el pueblo y los autores cultos: en la segunda estrofa de su ‘Vida de Santo Domingo de Silos’ leemos:

Quiero fer una prosa en román paladino,

En qual suele el pueblo fablar a su vecino,

Ca non so tan letrado por fer otro latino:

Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

Aunque para el hispanista Georges Cirot, la obra de Berceo estaba destinada a un público letrado. ¿Pero por qué comienza a escribir Gonzalo, y por qué escribe como habla el pueblo –’en román paladino’– una impresionante serie de obras hagiográficas?

El medievalista e hispanista inglés Brian Dutton demostró una brillantísima tesis que desvela las causas que impulsaron a nuestro autor. Para Dutton, la clave estriba en que el grueso de la obra se basa en la vida de santos vinculados a su monasterio: En ‘Vida de San Millán’ trata sucesos protagonizados por el propio fundador, ‘Vida de Santo Domingo de Silos’ está dedicada a uno de los priores, ‘Vida de Santa Oria virgen’ trata de la vida de una monja enclaustrada allí, y el ‘Martirio de San Lorenzo’ asimismo se relaciona con el enclave donde se sitúa el monasterio, ya que San Lorenzo es el nombre de una montaña cercana. La investigación de Dutton mostró lo siguiente:

Fernán González, primer conde independiente de Castilla

Fernán González, primer conde independiente de Castilla

San Millán fue un monasterio que creció de manera importante a partir del siglo X gracias a donaciones y privilegios reales, pero a finales del siglo XII surgieron a su alrededor otros monasterios competidores que mermaron ingresos y detrajeron peregrinos. Durante la vida de Gonzalo de Berceo el cenobio atraviesa una importante crisis económica. Al parecer, los ocupantes del convento idean entonces una estratagema para incrementar sus ingresos y entre 1220 y 1230 un monje llamado Fernandus falsifica los votos de San Millán: a través de un supuesto documento se acredita arteramente que Fernán González había prometido al santo en el año 934 una serie de tributos por haberle ayudado en una batalla. El caso es que los jueces admitieron la prueba en el pleito del monasterio de San Millán con la diócesis de Calahorra y empezaron a recaudar una serie de tributos de pueblos castellanos y navarros que dieron lugar a una nueva etapa de bonanza.

Monasterio de San Millán

Monasterio de San Millán

Dutton conjetura que Berceo fue testigo de la falsificación y decidió contribuir al resurgimiento del monasterio escribiendo una ‘Vida de San Millán’ en la que se incluye la traducción al romance del falso documento redactado en latín junto con numerosas referencias a la obligación contraída por los pueblos castellanos y navarros de rendir tributo al supuesto artífice del éxito militar de Fernán González. Las restantes obras hagiográficas de Berceo contribuyen con la exaltación de la vida de los santos locales a atraer a San Millán peregrinos, donaciones y recursos.

Vemos, pues, que el origen mismo de la literatura en lengua española está ligado a un deseo de promocionar un lugar de peregrinación y de culto. Pese a los aspectos no edificantes de la historia, lo cierto es que Berceo escribió un texto magistral, enormemente cautivador y sugerente para los fieles del siglo XIII y ya supo ver el núcleo del márquetin: la orientación al cliente. Por esta razón no escribió en un latín que ya no era bien comprendido, sino en la lengua del pueblo.

Habrá quien sostenga que la literatura en español surge a causa de la decadencia del sistema educativo.

Álvaro Fierro Clavero,
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Extraordinaria y originalísima visión! Gracias por amenizarme un triste y rutinario trayecto en taxi, eres un filón!
    Saludos

  2. ARBEIT MACHT FREI

  3. Muy interesante y para mi entender muy real

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