viernes, 20 octubre, 2017

El cuento de Macario y la yegua


picaso

Gentes de un pueblecito
allá donde el desierto comienza
tenían una hija
que, pensaban ellos,
fue transformada en una yegua
por ciertos encantamientos. En un primer momento la increparon:
“Pero, ¿por qué te has transformado en yegua?”
Y ni pensar en que pudiera responder. Entonces la abandonaron con un percherón
en una era caliente y baldía
donde habitaba un santo
llamado Macario
que tenía una cabaña. “Padre”, le dijeron
“esta potranca es, o era, nuestra hija.
Enemigos, hombres malos,
hechiceros, la han transformado
en este animal que ves.
A ver si por vuestras oraciones a Dios
hacéis que vuelva a ser
la joven que era”. “Mis oraciones”, respondió Macario,
“no cambiarán nada, pues yo no veo yegua alguna.
¿Por qué decía que esta chiquilla
es un animal?
Y la introdujo en su celda
junto con sus padres:
habló entonces a Dios
ungiendo a la chica con aceite;
y cuando vieron con qué amor
colocó su mano sobre su cabeza
cayeron, por fin, en la cuenta.
No era un animal.
Nunca lo había sido.
Era una chica desde el principio. “Vuestros propios ojos
(dijo Macario)
Son vuestros enemigos.
Vuestros propios pensamientos retorcidos
(Dijo el anacoreta)
Transforman a las personas que os rodean
en pájaros y animales.
Es solo vuestra voluntad enferma
(siguió el iluminado)
Llena el universo de espectros”.

Thomas Merton

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