martes, 21 noviembre, 2017

Benedicto XVI habla de su familia en el día de su santo


En el día del santo del Papa emérito, recordamos esta conmovedora respuesta a una niña que le preguntaba sobre sus padres y su experiencia familiar… 

DOCU_GRUPOGracias a ti, querida, y a los padres: gracias de corazón. Así que has preguntado cómo son los recuerdos de mi familia: ¡serían tantos! Quisiera decir sólo alguna cosa. Para nosotros, el punto esencial para la familia era siempre el domingo, pero el domingo comenzaba ya el sábado por la tarde. El padre nos contaba las lecturas, las lecturas del domingo, tomadas de un libro muy difundido en aquel tiempo en Alemania, en el que también se explicaban los textos.

Así comenzaba el domingo: entrábamos ya en la liturgia, en una atmósfera de alegría. Al día siguiente íbamos a Misa. Mi casa está cerca de Salzburgo y, por tanto, teníamos mucha música – Mozart, Schubert, Haydn – y, cuando empezaba el Kyrie, era como si se abriera el cielo. Y, naturalmente, luego, en casa, era muy importante una buena comida todos juntos. Además, cantábamos mucho: mi hermano es un gran músico, ya de chico hacía composiciones para todos nosotros y, así, toda la familia cantaba. El papá tocaba la cítara y cantaba; son momentos inolvidables.

Naturalmente, luego hemos hecho viajes juntos, paseos; estábamos cerca de un bosque, así que caminar por los bosques era algo muy bonito: aventuras, juegos, etc. En una palabra, éramos un solo corazón y un alma sola, con tantas experiencias comunes, incluso en tiempos muy difíciles, porque eran los años de la guerra, antes de la dictadura, y después de la pobreza.

mozartPero este amor recíproco que había entre nosotros, esta alegría aun por cosas simples era grande y así se podían superar y soportar también las dificultades. Me parece que esto es muy importante: que también las pequeñas cosas hayan dado alegría, porque así se expresaba el corazón del otro. De este modo, hemos crecido en la certeza de que es bueno ser hombre, porque veíamos que la bondad de Dios se reflejaba en los padres y en los hermanos. Y, a decir verdad, cuando trato de imaginar un poco cómo será en el Paraíso, se me parece siempre al tiempo de mi juventud, de mi infancia. Así, en este contexto de confianza, de alegría y de amor, éramos felices, y pienso que en el Paraíso debería ser similar a como era en mi juventud. En este sentido, espero ir «a casa», yendo hacia la «otra parte del mundo».

Benedicto XVI

Comentarios

  1. Que hermoso, dice: -“éramos un sólo corazón y un alma sola”… “la bondad de Dios se reflejaba en los padres y los hermanos”… por eso crecieron en la certeza de que es bueno ser hombre.

    Habrá niños que no lo encuentren en la familia… Qué desamparados deben sentirse esos niños que viven la violencia en sus hogares… y que no han conocido otro cosa… Cuesta imaginar cómo estará su interior, cómo se irá construyendo, entretejiendo esa conciencia, ¿a quién se aferrarán si no pueden confiar en lo más cercano que tienen, su familia…? Debemos estar muy atentos para descubrir ese desamparo y cubrir en la medida que se pueda, dentro de lo complicado y lo delicado del asunto, esas carencias…
    Yo me imagino el paraíso fundida en Dios el alma, de tal modo, que ya no haya conciencia de dos: El y yo, sino Uno en El, donde no hay temor, no hay miedo…ya no hay miedo a nada… Ni siquiera a perder esa identidad.
    Puedo vislumbrar esa felicidad en la Eucaristía, en la belleza de la música como medio de expresión y unión del alma con Dios. Dice algo muy bonito: “cuando comenzaba el kyrie, era como si se abriera el cielo” La música puede elevar el alma del oído menos sensible. Se nota que Benedicto es un gran músico por cómo se expresa. Comparto con él ese amor hacia la música y yo también recuerdo mis paseos sola, con mis amigos, en familia… Y aún me gusta salir a caminar sola contemplando en la creación la mano de Dios… y a veces como Elías me encuentro a Dios en la brisa

  2. Antohinoa @ gemail.com dice:

    Me ha llegado al Corazon y ahora mismo estoy llorando, por todo, yo también recuerdo mi infancia de esta manera, los paseos con mi padre para oír la banda municipal que daba sus conciertos y como eran las misas dominicales de mi parroquia y las comidas de toda la familia junta, que pena que todas estas buenas costumbres se vallan perdiendo en pos de una libertad mal entendida,usted padre Javier siga el camino de sus artículos y sus homilías de los miércoles , que con tanta fe espero semana tras semana, saludos Antoñita.

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