miércoles, 22 noviembre, 2017

Palabras para Andrew Hyde


Nunca es demasiado tarde para renunciar a nuestros prejuicios.
Henry David Thoreau

Alejandro y Diógenes

Alejandro y Diógenes

Acaso sea Diógenes de Sinope el filósofo griego cuya vida ejerza mayor atractivo sobre el temperamento actual. Según cuenta su homónimo Diógenes Laercio en su impagable ‘Vida de los filósofos ilustres’, nuestro hombre era hijo de un banquero que acuñaba moneda adulterada, aunque según otros autores era el propio Diógenes quien se dedicaba a estos turbios manejos. El caso es que el filósofo abandonó la vida convencional y se dedicó a la vagabundia y a ejercer el papel de conciencia de su época. Laercio asimismo cuenta un rasgo de su temperamento que nos parece fundamental: la renuncia. Elogiaba a los esclavos que, pese a la voracidad de sus amos, nada hurtaban en la comida, a los que pueden gobernar la República y rechazan esta dignidad, a los que tienen la oportunidad de vivir junto a los poderosos y rehúsan hacerlo.

Henry David Thoreau

Henry David Thoreau

Se llamaba perro a sí mismo y vivía como tal, de ahí su sobrenombre: Cínico. Para la historia ha quedado su encuentro con el hombre más poderoso de su tiempo: Alejandro Magno. Llegó el monarca hasta el tonel en el que vivía el filósofo y se ofreció a concederle lo que quisiera. ‘Que no me hagas sombra’ fue la humillante respuesta. De su desdén precursor del nihilismo moderno da idea la circunstancia de que hacía sus necesidades en la plaza pública y salía con una linterna por las noches mientras repetía la frase ‘Busco a un hombre’, o ‘Busco a un hombre honrado’ según otras versiones.

La filosofía se distancia entonces –y continúa distanciada hasta nuestros días– de la vida menesterosa y ambulante. El relevo lo toman los hombres de religión. Entre los judíos, los esenios presentan muchos rasgos que aparecerán más tarde en el cristianismo. Según Flavio Josefo, los esenios eran considerados santos, rechazaban los placeres y buscaban el dominio de las pasiones. En la actualidad existen algunas comunidades modernas que reclaman para sí alguna vinculación con estas antiquísimas comunidades de la Palestina prerromana. Por su parte, la fe de Cristo desde muy pronto promueve la austeridad y practica la itinerancia según el ejemplo del Maestro.

Monasterio Gregoriu en el monte Athos

Monasterio Gregoriu en el monte Athos

España destaca por haber promovido numerosas órdenes mendicantes regulares: Santo Domingo de Guzmán funda la primera comunidad de dominicos en 1215; tres años más tarde, San Pedro Nolasco funda la orden mendicante de los Mercedarios; Santa Teresa y San Juan de la Cruz reforman en 1562 la orden carmelita, en 1588, Fray Luis de León redacta la ‘Forma de vivir’ de los agustinos recoletos. Los votos de estos religiosos son castidad, pobreza y obediencia. En el orbe ortodoxo destaca la comunidad monástica del monte Athos, en Grecia, que cuenta con una veintena de sedes y que fue fundada hace un milenio durante el reinado del emperador bizantino Basilio II. Por su parte, Enrique VIII vio una amenaza a su poder en los monasterios y dio orden de cerrarlos, lo cual ha dejado a la Gran Bretaña sin monasterios anglicanos hasta el siglo XIX, cuando el Movimiento de Oxford promueve la recuperación, entre otras tradiciones ancestrales de la iglesia, del monacato. El resto del mundo protestante permanece desde su origen sin monasterios.

Castillo de Javier, donde nació Francisco

Castillo de Javier, donde nació Francisco

La itinerancia la practican todas las órdenes misioneras. El patrono de las misiones es San Francisco Javier. El jesuita navarro murió en Sancián, frente a las costas de China, a los cuarenta y seis años tras haber recorrido cien mil kilómetros –de los del siglo XVI– predicando la fe cristiana. El lector de la mirada infinita puede encontrar por ejemplo en el portal http://www.portalmisionero.com/congmis.htm relacionadas ochenta y una órdenes misioneras que mantienen una impresionante labor en centenares de destinos de todo el mundo. La misión cobra impulso con el Concilio Vaticano II, que abre la misión a los laicos. Actualmente España –con unos 14.000 misioneros– seguida por Italia y México, es el país con mayor vocación misionera.

Andrew Hyde con barba

Andrew Hyde con barba

Según el eminente teólogo protestante Karl Barth, en Occidente llamamos religión a todo lo que se parezca al cristianismo, y en esa órbita se sitúan diversos sistemas ideológico-éticos que asimismo incluyen formas de monacato. En el budismo –tan apreciado como mal comprendido en occidente– los monjes también practican el desprendimiento. El célebre ‘camino medio’ se basa en desasirse de todo lo material, aunque el voto de pobreza no sea obligatorio.

Derviches

Derviches

En el Islam volvemos a encontrar comunidades devotas que viven en centros monásticos. Aparecen en el siglo VII y pronto son conocidos como ‘sufi’ en referencia a la tosca vestimenta de lana –‘suf’– que portaban sus integrantes, aunque el sufismo es más conocido entre nosotros por su importante orientación mística y sus escogidísimas muestras de creación literaria, así como por los derviches –del persa ‘darvish’, mendigo–, esos monjes giradores. En opinión del insigne arabista Miguel Asín Palacios, los sufíes reciben del cristianismo copto el mensaje de Jesús y, a través del Islam español, influyen en la gloriosa mística de San Juan, Santa Teresa y Miguel de Molinos.

“Los poemas de Ruess evidencian una profunda afinidad hacia la naturaleza”

De los monjes hinduistas –llamados ‘sanniasin’, los que renuncian– nos son familiares las túnicas de color azafrán que acostumbran a vestir. Abandonan a sus esposas y llevan existencia peregrina, carecen de pertenencias y practican el yoga con el fin de alejar de sí cualquier forma de apego. En el seno del sintoísmo y el taoísmo también encontramos monasterios y monjes dedicados a llevar una vida de meditación.

Walden, de Henry D. Thoreau

Walden, de Henry D. Thoreau

El ostracismo voluntario rebrota en el siglo XIX con la importante figura del norteamericano Henry David Thoreau, que está viviendo una época dorada en lo tocante a la puesta en valor de su doctrina y la publicación de sus libros gracias a editoriales como Alianza, Errata Naturae o Baile del Sol. Nuestro escritor publica ‘Walden o La vida en los bosques’, el relato en el que describe su solitaria estancia a lo largo de dos años, dos meses y dos días en una cabaña construida por él mismo en plena naturaleza a orillas de la laguna Walden, en Massachussetts.

Acuarela del Cañón del Colorado, de Everett Ruess

Acuarela del Cañón del Colorado, de Everett Ruess

Thoreau es uno de los autores llamados a ejercer mayor influencia en el futuro. Entre sus seguidores me complace citar a dos. El primero es Everett Ruess, un legendario poeta y pintor que con veinte años desapareció, escoltado por dos burros, en el desierto de Utah. En carta de 1934 a su hermano Waldo dice lo siguiente:

Everett Ruess

Everett Ruess

«En lo que respecta a mi regreso a la civilización, no creo que se produzca pronto. Todavía no me he cansado de los espacios salvajes; al contrario cada vez estoy más entusiasmado con su belleza y la vida de vagabundo que llevo. Prefiero una silla de montar antes que un tranvía, el cielo estrellado antes que un techo, la senda oscura y difícil que conduce a lo desconocido antes que una carretera de asfalto, y la profunda paz de la naturaleza antes que el descontento de las ciudades. […]

Creo que nunca podré echar raíces. A estas alturas he buceado tanto en las profundidades de la vida, que preferiría cualquier cosa antes que tener que conformarme con una existencia sin emociones.»

En 2009 se han encontrado unos restos que, según la prueba del ADN, podrían ser suyos. Los poemas de Ruess evidencian una profunda afinidad hacia la naturaleza.

 

God, how the wild calls to me.  There can be no other life for me but that of the lone wanderer. It has an irresistible fascination. The lone trail is  the best for me.

When I go I leave no trace. The beauty of the country is becoming a part of me. Now the aspen trunks are tall and white in the moonlight. A wind croons in the pines, the mountain sleeps.

By the strength of my arm, by the sight of my eye, by the skill of my fingers, I swear, as long as life dwells in me, never will I follow any way but the sweeping way of the wind

Dios, cómo me llama lo salvaje. No hay otra vida para mí que la del vagabundo solitario. La senda solitaria me fascina irresistiblemente.

No dejo huellas al marchar. Y la belleza del paisaje comienza a formar parte de mí. Veo los altos troncos de los chopos blancos a la luz de la luna. El viento arrulla en los pinos, la montaña duerme.

Por la fuerza de mi brazo, por la mirada de mi ojo, por la destreza de mis dedos, juro que, mientras viva la vida en mí, no seguiré otros caminos que los que barra el viento.

 

Últimas palabras autógrafas de Chris McCandless

Últimas palabras autógrafas de Chris McCandless

Chris McCandless ante su autobús

Chris McCandless ante su autobús

En 2007, Sean Penn dirigió la espléndida película ‘Hacia rutas salvajes’, inspirada en la vida de Christopher McCandless, el influyente aventurero americano que falleció en 1992 de inanición a los veinticuatro años, tras tres meses de residencia en la tundra de Alaska. Alexander Supertramp –Alex el Supervagabundo, que fue el sobrenombre que adoptó–, se empeñó en vivir de la caza y de lo que diera la tierra. El afán por sobrevivir con recursos escasísimos le costó la vida: sus detractores señalan que un simple mapa podría haberle orientado hacia reservas de alimentos que estaban en la zona donde se encontraba el célebre autobús abandonado en el que residió hasta su final.

Libro de Andrew Hyde

Libro de Andrew Hyde

Andrew-Hyde-y-sus-quince-cosas

Andrew Hyde y sus quince cosas

Andrew Hyde es un empresario de Sillicon Valley que vendió provechosamente una de sus empresas –otras dos quebraron– y se dedica a viajar con mínimos recursos. Ha sido maratoniano y ha competido en la prueba de atletismo más exigente que existe: el triatlón ‘Iron Man’ –3,86 km a nado, 180 km en bicicleta y una maratón en menos de diecisiete horas–. Se jacta de poseer únicamente quince objetos: ropa, mochila, gafas de sol, ordenador y teléfono. Me gustan las fotos de él que conozco porque no percibo el menor asomo de grandilocuencia. Se trata de un tipo como cualquiera –excepción hecha de su capacidad para el deporte–, sin ese halo trágico o romántico que está muy bien para la literatura, pero que es nefasto para alguien con sentido común. Nada y guarda la ropa. Se asoma a la belleza, al tráfago agotador de los husos horarios, a la urgente antropología de los aeropuertos, a la gastronomía disparatada o simplemente extraña de los pueblos lejanos, a la necesidad auténtica, a la nostalgia auténtica, a la lejanía auténtica, a esa sinceridad insospechada que nos sale cuando tratamos por primera y última vez con alguien de una raza distinta, de un idioma distinto, de una ciudad distinta, a los pensamientos maravillosos que pasan por la cabeza de uno cuando entra en el avión que le ha de devolver a casa.

Jack London

Jack London

Stevenson

Stevenson

Jamás tendré la valentía para emprender la modesta epopeya moderna de Andrew Hyde porque soy alguien que no necesita viajar demasiado geográficamente dado que paso la vida viajando mentalmente, pero leo las circunstancias que lo rodean, su existencia nómada y peregrina, veo su sucinto equipaje y cierro emocionado los ojos. Pienso en los escritores de viajes de mi infancia: recuerdo a Salgari, a Julio Verne, a Jack London, a Kipling, a Stevenson y siento que me golpean de nuevo las sienes todas aquellas vanas fantasías.

Álvaro Fierro Clavero,
www.alvarofierro.com

Comentarios

  1. Muy bonito, Alvaro. Muy evocador. Enhorabuena

  2. You must send this to Andrew Hyde. Si se Lo presentas en persona, posiblemente te pida que te apartas para que no le hagas sombra. Very nice!

  3. Gonzalo Caputto dice:

    Vaya texto delicioso. Y cuanta aura poética en la expresión de Thoreau.

Deja un comentario