martes, 17 octubre, 2017

Mucho hablar y hacer poco

Mucho hablar y hacer poco


Hay a menudo muchas convicciones y muchas menos realidades a favor de la construcción, porque el espíritu español es muy poco propicio a hacer algo con alguien.

Mucho hablar y hacer poco




Organizar en España lo que sea es tarea de titanes.


La vida consiste no sólo en decir qué pensamos, sino en dedicar el tiempo a hacer algo que construya

palabra convence, el ejemplo arrastraEs el deporte nacional que se ha incrementado, vía internet, de opinar a diestro y siniestro mientras se hace más bien poco. A todos se nos va la boca con críticas y  sugerencias. Todo el mundo es mejor entrenador, jugador  o, incluso, mejor árbitro. Y todos  creemos que la democracia es básicamente decir lo que pensamos, más que hacer y que otros contigo hagan algo.

Y es que, definitivamente,  ponerse manos a la obra, sea organizar y poner en marcha un partido nuevo en una provincia olvidada, sea promover un club de excursionistas en Murcia, una empresa o un simple viaje de amigos a Tánger, es siempre objeto de las opiniones de 200 y de la acción real de unos pocos.

Asumo que todo el mundo ha tenido la experiencia en cualquiera de estos ámbitos y similares.

Una tontada, te pones a organizar el Camino de Santiago para cinco amigos con sus hijos y te vuelven del revés hasta que tiras la toalla. Porque no es que se trate de contentar a todos, es que al final no se puede contar con que nadie confirme si irá o no irá ni cuando, lo cual imposibilita la reserva, dado que el personal no quiere arriesgarse a ir a albergue con tanto niño. Al final dices, parafraseando a Unamuno, “Que organicen otros”. Y por eso tanta gente se queda en su casa.

Organizar en España lo que sea es tarea de titanes. Por eso, los empresarios tienen un mérito que se las traen. Y otras muchas personas, no sólo los empresarios.

Hay mil formas de hacer las cosas, algunas mejores que otras, seguro, pero siempre habrá quien te mirará desde la barrera y te dirá cómo debes dar la pincelada mientras él está en el sofá cómodamente tumbado.  Luego está el envidioso, al que le parece mal que hagas algo básicamente porque él no lo hizo (o dijo) antes.  O el trepa, que se dedica a venderse, dado que hoy la reputación es más importante que el ser: hay personas gestores fulltime de su reputación, qué cansancio. Ya dije alguna vez aquí que sobran charlatanes y faltan filósofos (y madre, padres, constructores, tejedores).

La vida consiste no sólo en decir qué pensamos, sino en dedicar el tiempo a hacer algo que construya. Y las construcciones se hacen con algo más que palabras. Sabiendo además que toda persona que hace algo será siempre severamente criticada, básicamente por quienes no hacen nada, salvo hablar mucho sobre y de los que hacen.

Son muchos los que tienen una solución incluso para problemas que desconocen de cabo a rabo, pero pocas veces se da un paso adelante para hacer algo concreto que supere el teclado sobre lo que sí dominas y puedes hacer algo.

Luego hay supuestos ayudadores oficiales. Son aquellos que te pasan un guachaps o llamadas diciéndote “si puedo echar una mano”,  y cuando les dices que sí, siguen erre que erre con lo de si puedo ayudarte, pero jamás dan un paso adelante con lo que les pides. Vuelven otra vez al guachap, otra vez al teléfono y a mostrarte su adhesión inquebrantable, pero de nuevo no hacen nada. Son los ayudadores fantasmas, los que se ofrecen, pero quienes de efectivo no hacen nada. No entiendo cómo algunas personas pueden hacernos perder el tiempo de esa manera miserable.

Afortunadamente hay algunas luces en todo este panorama. Personas que te ponen el desayuno y te desenchufan a las bravas el ordenador para que descanses. Personas que al menos te escuchan cuando no puedes más. Otras que te dan el nombre y el teléfono de alguien,  y no dan veinte vueltas para hacerte la más mínima gestión. O al menos van de frente y te dicen ya al inicio que no pueden ayudarte. Pierden así ellos y tú menos tiempo, mil gracias.  Hay incluso personas impresionantes que toman el toro, pequeño o grande, por los cuernos y se encargan de algo, se hacen responsables de ello y lo rematan. Algo mínimo quizás, pero lo hacen, y no te marean ni hay que llamarles 20 veces para que te echen una mano.

Hay mucho enredador en España, mucho “yo haría esto”, “esto debería hacerse así”, “se equivocan cuando…” y poco constructor,  poco tejedor, vamos. Hemos heredado aparatos y modos de hacer donde priman los manipuladores o los que tienen las ideas muy claras, esas no faltan, pero que de hacer, de gestionar, saben muy poco. Hay a menudo muchas convicciones, muy firmes y todas seguro que muy loables,  y muchas menos realidades a favor de la construcción, porque el espíritu español es muy poco propicio a hacer algo con alguien. Hay demasiados personalismos y mucha gente que no es nada si no tiene público que le aplauda en algún lado.

El día de mañana nos juzgarán no porque lo opinamos, sino por lo que hicimos y construimos.  Afortunadamente Dios es misericordioso, si no, aviados estamos.

@AuroraPimentel

Comentarios

  1. Ana Maria Soto Sanroman dice:

    Es muy cierto, y lo bien que nos sentimos cuando podemos, más bien, cuando hqcemos algo por los demás, porque no sólo es económicamente. Hay mil y una formas de ayudar, a veces solamente haciendo acto de presencia estamos ayudando a no sentirse sol@ a alguien
    -‘

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