Miércoles, 26 Abril, 2017

Lo que estamos dispuestos a hacer por la educación


escuelaEsta historia es real. La recogía el Daily Mail la semana pasada. Narra cómo en un lejano poblado chino, un padre está entregando buena parte de su vida para consegruir educación para su hijo. El niño está inválido y no ha sido admitido en las escuelas de los alrededores en las que alegan que no se pueden hacer cargo de sus necesidades. Solo un centro educativo a 28 kilómetros de distancia ha aceptado la matrícula. El padre ha preferido el sacrificio antes que dejar a su hijo sin educación. Cada mañana, carga con el pequeño a la espalda en un cesto de mimbre que ha adaptado para poderlo llevar y recorre durante horas el camino que separa Yibin de Fengyi.

Cuenta el diario Hoy, de Extremadura, que Manos Unidas acaba de lanzar una campaña local de recogida de fondos en los pueblos del arciprestazgo de Almendralejo y los alrededores. El objetivo es recaudar 47.000 euros, una cantidad relativamente pequeña si se compara con el precio de una vivienda o de un coche de gama alta, para construir una escuela en el pueblo ugandés de Kagoma.

Dará servicio a 252 alumnos que en estos momentos reciben sus clases sentados en el suelo a la sombra de unos mangos. La otra opción es recorrer ocho kilómetros de ida y otros ocho de vuelta y atravesar un peligroso río para asistir a la escuela más cercana. No son pocos los que se decantan por esta opción con tal de poder aprender.

enhombrosEstas dos historias son simplemente dos ejemplos. Están muy lejos de esas realidades de los países occidentales donde la educación está casi garantizada y su calidad, aunque diverge en ocasiones, sigue siendo elevada. En muchos otros lugares del mundo la educación es un lujo que exige, a veces dinero, la mayor parte de las ocasiones enormes sacrificios por parte de familias al completo.

Cuando Yu Xukang recorre cada mañana los 28 kilómetros que tiene que caminar para llevar a su hijo a la escuela, no emplea ese tiempo para otras cosas, pero lo hace porque considera que esa es la mejor inversión que puede hacer. Lo mismo ocurre con las familias ugandesas que permiten que sus hijos estudien bajo un mango, en lugar de buscar leña, moler grano, pastorear el ganado o cuidar de los hermanos pequeños.

En esos lugares remotos del mundo donde la vida no es nada fácil, es aún más patente lo que algunas personas están dispuestas a hacer por la educación desus hijos. Aun en aquellas condiciones socioeconómicas, el saber sigue resultándoles rentable.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

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