Domingo, 23 Abril, 2017

Edith Stein y la mujer


En el Día de la Mujer vamos a recordar el concepto que tenía Edith Stein, Sta. Teresa Benedicta de la Cruz,  del “modo de ser específicamente femenino“.

edith-stein1“En la creación divina y en el orden de la salvación ambos sexos tienen una valoración absolutamente idéntica. En el relato bíblico de la creación no se dice que el hombre sea el dueño de la mujer. Todo lo contrario, llama a ésta compañera y colaboradora. El hombre la apoyará y se harán una sola carne”.

“Sólo una persona a la que la pasión ardiente haya cegado negaría el hecho evidente y palpable de que el cuerpo y el alma de la mujer han sido formados para realizar un objetivo especial: ser compañera y madre. Su cuerpo ha sido preparado para esta tarea y su peculiaridad psíquica se adecua a esta función. La especifidad de la mujer, pues, se desarrolla en lo viviente-personal, en el interés por el todo. Criar, proteger y conservar, alimentar y promover el crecimiento son aspectos del ansia natural, auténticamente maternal de la mujer. El hombre, en cambio, se orienta más hacia lo conceptual y abstracto”.

Kein Frau ist ja nur Frau” (“ninguna mujer es solamente una mujer“) escribió Edith en su “Das Ethos der Frauenberufe” y continúa con un comentario de excepcional modernidad:

“Cada mujer tiene su peculiaridad individual igual que el hombre y gracias a esta disposición la capacidad para esta u otra actividad profesional. Por principio puede apuntar la disposición individual a cualquier ámbito profesional, incluso aquellos que no son muy afines con la especifidad femenina. No existe ninguna profesión que no pueda ser realizada por una mujer. La aptitud individual y la inclinación personal pueden llevar a ejercitarse en los ámbitos más diversos”.

El papel de la mujer en la política:

Edithstein3“Decidir desde una mesa de trabajo la elaboración de normas legislativas complejas y perfectas sin tener lo suficientemente en cuenta las verdaderas circunstancias reales ni las consecuencias prácticas es un procedimiento sumamente arriesgado. La propia especifidad femenina va en contra de esta manera de proceder desde lo abstracto. A la mujer le corresponde velar por lo humano-concreto y por eso puede servir aquí como correctivo”.

Ambos sexos corren también el peligro de su “tipificación” o “cosificación”, en caso de exagerarse la propia manera de ser. La mujer puede tender a ocuparse demasiado de sí misma o a entrometerse indiscretamente en asuntos ajenos. El peligro que corre el hombre, por su parte, es la imposición de su hegemonía brutal, explotando y destruyendo en vez de construir y proteger.

Agustín Guzmán del Buey

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