Viernes, 21 Julio, 2017

Miércoles de Ceniza con Francisco


Primer Miércoles de Ceniza para  Francisco en el Aventino. Jorge Mario Bergoglio presidió el rito inicial del periodo de la Cuaresma según la tradición, exhortando a los fieles, en la homilía pronunciada en la Basílica de Santa Sabina, a aprovechar la ocasión de este tiempo de penitencia que precede a la Pascua para superar la rutina y salir del propio «terruño». Además, se pronunció una vez más en contra de las «luchas de poder» que vivimos en la cotidianidad.

428b0c3015En la homilía, el Pontífice comenzó su refelxión citando las palabras del profeta Joel de la liturgia de hoy, para explicar el sentido de la «conversión de los corazones». «El llamado profético constituye un desafío para todos nosotros, sin exclusión, y nos recuerda que la conversión no se reduce a formas exteriores o vagos propósitos, sino que involucra y transforma toda la existencia a partir del centro de la persona, de la consciencia. Hemos sido invitados a emprender un camino en el cual, desafiando la rutina, nos esforcemos para abrir los ojos y las orejas, pero sobre todo el corazón, para salir de nuestro “terruño”».

En este tiempo marcado por «una cultura del hacer, de lo útil», la Cuaresma «nos llama a sacudirnos, a acordarnos de que nosotros somos criaturas, que no somos Dios». Bergoglio añadió: «Cuando veo en el pequeño ambiente cotidiano algunas luchas de poder por espacios, pienso: “¡Pero esta gente juega a ser Dios Creador! ¡Todavía no se han dado cuenta de que no son Dios!”».

Después indicó tres elementos de este camino espiritual: oración, ayuno y limosna. En cuanto a la oración, el Papa argentino explicó que «frente a todas las heridas que nos hacen daño y que nos podrían endurecer el corazón, nosotros debemos arrojarnos al mar de la oración, que es el mar del amor sin medidas de Dios, para saborear su ternura. La Cuaresma es tiempo de oración, de una oración más intensa, más asidua, que sea más capaz de hacerse cargo de las necesidades de los hermanos, de interceder ante Dios por tantas situaciones de pobreza y de sufrimiento».

El ayuno, segundo elemento, no debe ser una práctica formal «o que en verdad nos sacie porque nos haga sentir bien. El ayuno implica la elección de una vida sobria, que no desecha, que no descarta»; debería ayudarnos, explicó, a «cultivar el estilo del Buen Samaritano, porque es una muestra de una mayor consciencia «y responsabilidad ante las injusticias, sobre todo para con los pobres y los pequeños, y es signo de la confianza que ponemos en Dios y en su Providencia». La limosna, último elemento, indica la gratuidad, «porque en la limosna se da a alguien del que no se espera recibir nada a cambio».

Hoy, subrayó Bergoglio, «la gratuidad no forma parte de la vida cotidiana, en la que todo se vende y se compra. Todo es cálculo y medida. La limosna nos ayuda a compartir con los demás el propio bienestar». La Cuaresma, vivida de esta manera, «nos despierta providencialmente, nos sacude del torpor, del peligro de seguir adelante por inercia», además de llevar a los fieles a «volver a Dios». Y, se preguntó el Papa, «¿por qué debemos volver a Dios? ¡Porque algo no va bien en nosotros, no va bien en la sociedad y en la Iglesia, y necesitamos cambiar, dar un cambio, y esto se llama tener necesidad de convertirnos!».

Iacopo Scaramuzzi

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