Miércoles, 26 Abril, 2017

Operación Palace


María Smith

María Smith

Hoy he tenido la oportunidad de ver el documental, disculpen; el falso documental, “23F Operación Palace”, en diferido. Supongo que eso le quita algo de gracia, aunque verlo a posteriori lo convierte en una experiencia mucho más divertida y me ahorra el posible bochorno interior de haber sido de las que se lo hubiesen creído. Supongo que ya nunca lo sabré y no se crean, que no las tengo todas conmigo.

Welles01Hay quién ya ha comparado el documental con “La Guerra de los Mundos” de Orson Welles. Tal vez sea demasiado atrevido, ya que hay un amplio margen de diferencia entre lograr que alguien crea que New Jersey es el foco de una invasión alienígena y que el 23-F fue en realidad un falso golpe de estado. En fin, que salvo el verde del uniforme de Tejero y tal vez el tricornio, poco más tienen en común los marcianos con los políticos protagonistas (sin ironía). Por otro lado la originalidad de Welles y 70 años de diferencia, dejan en evidencia a Évole, a quien si hay que reconocerle un gran ingenio, que no genialidad.

La idea del falso documental no es original, el propio Évole explica cómo se  inspiraron en otro similar sobre la llegada del hombre a la luna, pero si es inteligente y picaresca. Desde luego, El Follonero tiene un apodo muy bien puesto y ¡que a gusto se ha quedado, oiga! Está claro que ante un acontecimiento histórico o con cierta repercusión social, exista o no información detallada al respecto, siempre surgirán teorías conspiratorias. El hombre tiene cierta tendencia a no creer que a veces las cosas son simplemente lo que parecen. Marilyn Monroe, el hermano gemelo de Elvis y JFK pueden, desde esa isla privada, dar fe de ello y el Santo Grial, que sepan, está en la Catedral de Valencia, pese a las especulaciones de Spielberg.

No vi el documental en directo, pero sí que lo viví a través de twitter, y es que últimamente lo mejor de la televisión no está en la pantalla, si no lo que ocurre simultáneamente en las redes sociales. ¡Como nos gusta escucharnos a nosotros mismos, escribir ese ingenioso twitt que hemos estado pensando durante al menos 30 minutos y tener nuestros 140 caracteres de gloria1

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“La originalidad de Welles y 70 años de diferencia, dejan en evidencia a Évole, a quien si hay que reconocerle un gran ingenio, que no genialidad.”

Gloria, de la que se cubrieron casi todos, en ese momento en el que se descubre que era “todo” una gran mentira y que Fraga no decidió dar por finalizado el golpe de estado porque – como buen gallego- no quisiese saltarse la hora de la cena. Alguno puso el twitt en el cielo y despertó a todos los santos difuntos de la familia de Iñaki Gabilondo. Pobre Iñaki, si tenían todos buena intención. Aunque no queda muy clara.

Évole habla y explica el documental como si se tratase de un experimento. Lo que en ningún momento menciona es qué se pretende demostrar. Porque uno experimenta para demostrar algo, aunque últimamente se lleva eso de experimentar, simplemente por el placer mismo de hacerlo (literalmente). No hay una tesis o una premisa clara. Parece querer hacer apología sobre el derecho del pueblo a estar informado, a saber lo realmente ocurrido, precisamente para evitar este tipo de teorías falsas. En cualquier caso, la pregunta que me surge es ¿qué hubiese ocurrido si no hubiese desvelado que era un falso documental?

“mientras tanto, quedamos a la merced de esos periodistas que nos cuentan como son las cosas, y confiamos –idealistas nosotros- en que nos digan la verdad, toda la verdad”.

Tal vez, muy probablemente, la teoría del falso golpe de estado hubiese pasado a formar parte de conciencia social global. Es decir, lo serio del asunto – cómico hay mucho- es que se haya pasado de puntillas sobre la aterradora verdad, que es la asombrosa  capacidad que los medios tienen para CREAR, no solo comunicar, una realidad. Los medios de comunicación son agentes activos en el proceso por el cual un ser humano construye su idea sobre lo que la realidad es. Más allá de transmitir conceptos, valores o de moldear conciencias, los medios son bien capaces de crearlos, de fabricar ideas que el espectador o receptor tomará como reales y a partir de las cuales se va a desenvolver en el mundo.

operacion-palaceRecuerdo cuando en la facultad nos repetían como si fuese una especie de juramento hipocrático, que la misión de los medios y la nuestra como comunicadores o periodistas era “formar, informar y entretener”, por este orden. No sé quien era más idealista, si los estudiantes indignados que hacían protestas en los pasillos o los propios profesores. No es lo mismo lo que algo es y lo que está llamado a ser. Hoy en día el orden de los factores es otro, el inverso, y en este caso concreto se altera el  producto. Ojalá hubiese formación en los medios (que los periodistas estuviesen formados y que fuesen capaces de formar) y ojalá hubiese contextualización a la hora de presentar las noticias, porque no nos engañemos, así todos entenderíamos bien quién es riesgo o porque nos afecta tanto lo que le pase a su prima.  Pero mientras tanto, quedamos a la merced de esos periodistas que nos cuentan como son las cosas, y confiamos –idealistas nosotros- en que nos digan la verdad, toda la verdad. Esperamos que el periodista de turno respete la nuestra libertad e inteligencia, que no nos lleve a tomar la posición que él quiere que tomemos. Sin embargo sabemos, que el paradigma de la objetividad no deja de ser un ideal complejo y obtuso. Pero eso es otra cuestión, porque para lo que nos atañe, gracias a Dios tenemos periodistas como Jordi Évole que reconoce: “Al menos nosotros hemos dicho que hemos mentido, otros lo hacen y no lo dicen”. Gracias Jordi, gracias.

María Smith

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