Lunes, 26 Junio, 2017

Frases imprescindibles de Christian Bobin para conocerse mejor (IV)


Geraldo de Barros

Geraldo de Barros

Hay cosas a las que habría que socorrer de ese modo, con una extrema lentitud, como si con la precipitación corriéramos el riesgo de añadir mal al mal.

El bien llega en los escasos momentos en los que, absteniéndome de hacer cualquier cosa, le abro un espacio. El mal es en lo que participo. El bien es lo que yo dejo que llegue.

Me he encontrado una carta tuya, de hace dos o tres años. Evocas en ella un poema que dices que un día te gustaría tener sobre tu tumba: “Con un corazón ligero, con las manos ligeras, tomar la vida, dejar la vida”. Tu hija mayor desea que graben una placa con esas palabras. Una placa de madera, no de mármol, precisa. Tiene razón, el mármol es para los muertos, y tú, que lo estás, no estás muerta.

¿La resurrección? Pues no es complicado. No tiene nada que ver con la duda ni con la certeza. Es una simple cuestión de confianza.

La sombra ha llegado. En verano baja de los árboles y se desliza sobre los hombros. En invierno sube de la tierra, entra en el cuerpo por los pies. Si la dejamos hacer, serpentea por la sangre, derecha al corazón.

Y pienso en los que se mueren en el momento en el que escribo esta frase, en esa dulzura que están conociendo de soltar súbitamente su presa.

Lo que la lluvia, la nieve y el sol hacen a una acera, agrietándola y dejando pasar una hierbecilla, a través de las grietas, es lo que a mí me gusta hacer con el papel en blanco.

La belleza del mundo me ha mirado fijamente a los ojos, me ha dicho: Tú, tú tendrías que hacer como yo, dormir mucho tiempo, una cura de ausencia y de silencio, mira qué bien me queda.

Lo que en este final de día llamo yo “Dios” es lo que en cada uno de nosotros está más preservado, una simplicidad durmiente, común a todos, muy por encima de nuestras palabrerías del tipo: “Yo creo en Él, yo no creo”

Christian Bobin

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