Jueves, 17 Agosto, 2017

Empleo para todos


German factory workerHace unos días se dio a conocer el informe La empleabilidad de la población cualificada, elaborado por EAE Business School con datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) y del Instituto Nacional de Estadística (INE), que llegaba a la conclusión de que las personas con titulación superior registran una tasa de paro del 13 por ciento, elevada pero muy inferior a la media, de 26, y al paro entre las personas que no alcanzan estudios de Bachillerato, de las que solo 6 de cada 10 encuentran empleo.

Los datos muestran el panorama de un país que presenta un grave problema en cuanto a su estructura productiva. Y la situación, que venía de lejos, sólo ha empeorado en estos años de crisis económica. Las cifras muestran una España con una base productiva fuertemente debilitada. La industria deja de ser un referente. Las grandes multinacionales que elegían España como base de operaciones en Europa con costes laborales inferiores a los de otros puntos del continente, eligen ahora a los nuevos miembros del club comunitario, con precios mucho más competitivos a la hora de emplear grandes volúmenes de mano de obra.

Al mismo tiempo, la construcción se ha volatilizado en un ejercicio imposible que ha barrido en siete años el enjambre de grúas que tapizaba el territorio español en los años de bonanza. La presión de la oferta de desempleados en el mundo de la construcción solo se suaviza ligeramente por el flujo migratorio inverso que regresa a Iberoamérica en vista de las escasas posibilidades de empleo que ofrece ahora España.

biblioEn los servicios, que también dan empleo a un volumen importante de personas sin formación superior, ocurre que la caída del consumo interno provocada tanto por la bajada de la renta disponible en la mayoría de los hogares como por el miedo a gastar por sí mañana hace falta, ha provocado un descenso significativo del comercio minorista. El turismo aguanta, pero no es suficiente, y además confluye el factor de que la primavera árabe ha retraído el turismo de costa norteafricano, contra el que no se puede competir en materia de precios. Pero el Magreb acabará por pacificarse y perderemos de nuevo ese nicho.

El problema de este panorama nada alentador radica en la dificultad que entraña intentar transformarlo. Los constructores, vacías sus cajas y llenos sus libros de deuda, no pueden reponerse en el mismo negocio que los hizo ricos. El sector servicios solo puede esperar a que mejore el clima de confianza, mientras le surge la duda de si bajar los precios hundirá su negocio o será el no bajarlos lo que lo hunda. Y las industrias, para competir con los países del este comunitario, sólo pueden tirar los salarios, lo que redunda, al mismo tiempo, en menos consumo.

Una vía razonable pasa por rebajar los impuestos a las empresas y a las personas físicas y aliviar el peso de las cotizaciones sociales por los trabajadores. Se anunciaron dos tímidos pasos en este sentido en el reciente Debate sobre el estado de la Nación. Sin embargo, distan mucho de ser suficientes. Sólo cuando las mastodónticas Administraciones Públicas reduzcan sus gastos fruto de burocracias absurdas y duplicidades innecesarias, el respiro de la deuda pública permitirá soltar la cuerda de la presión fiscal. Entonces, otra vez, habrá empleo para todos.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba 

 

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