Miércoles, 23 Agosto, 2017

Sucesor de Bergoglio en Buenos Aires, “¡todo me queda grande!”


Andrés Beltramo

por Andrés Beltramo

“¡Todo me queda grande!”, exclamó Mario Aurelio Poli, mirándose las vestiduras de cardenal. La escena ocurrió la tarde del sábado 22, el mismo día en que recibió el birrete colorado de manos del Papa en la Basílica de San Pedro del Vaticano. Él se refería no sólo a la ropa, sino idealmente a su responsabilidad eclesiásticas. Hace 11 meses fue elegido por el Papa para sucederlo al frente de la Archidiócesis de Buenos Aires.

Poli llegó a Roma para participar en el Consistorio Ordinario durante el cual Jorge Mario Bergoglio creó 19 nuevos cardenales con bajo perfil, propio de su estilo. Una semana antes de su viaje a la “ciudad eterna” se preparó dedicándose a atender a discapacitados y enfermos en un hogar de la capital argentina, en el más estricto silencio. Un gesto que no despertó clamor ni se convirtió en noticia.

Mario Aurelio Poli

Mario Aurelio Poli

En El Vaticano no ocupó un espacio especial. Para las visitas de cortesía después del Consistorio fue ubicado con la mayoría de los flamantes purpurados, en el Aula Pablo VI. Ahí recibió los saludos de amigos y fieles argentinos, particularmente afectuosos.

“Nunca lo pensé ni menos busqué este servicio que ahora me pide la Iglesia, porque estas cosas no se pueden buscar. Como lo conozco al Papa y estuve seis años como su obispo auxiliar, se que él trabaja mucho y en este momento Dios le ha dado la cruz más grande de todas. Me sumo a los cardenales para ‘cirenear’ al Papa en lo que tenga que ayudarlo ayudarlo, ese servicio me da mucha alegría y le pido a la gente que recen por nosotros, primero que recen por el Papa y si les sobra que recen por nosotros.”, sostuvo.

Con “cirenear” se refería a Simón de Cirene, que ayudó a Jesús a cargar el madero a lo largo del Calvario. Así dijo sentirse, antes des destacar la “sabiduría” y la “fraternidad” del Colegio de Cardenales.

Sobre lo que Francisco quiere de él, Poli fue prudente: “No me ha encargado nada por ahora, así que yo silencio. Dice un adagio romano que nadie se presente si no ha sido llamado”. De todas maneras no negó el sentido de gran responsabilidad que experimenta desde su traslado a Buenos Aires. “Dios ayuda mucho además de los sacerdotes y mis hermanos obispos”, aclaró.

Sencillo y franco en el trato, durante las visitas de cortesía y no obstante el protocolo del momento, el cardenal argentino no se sustrajo a los abrazos y los besos. Se mostró cercano a la gente, como cuando recorría en bicicleta la diócesis de Santa Rosa en La Pampa, al centro de Argentina.

“La gente más sencilla se alegra de tener un cardenal más en los diversos países de América Latina, y eso nos anima a ponernos más al servicio de ellos. El Papa nos ha invitado, en la exhortación apostólica ‘Evangeli Gaudium’, a sumarnos a una Iglesia en salida, una Iglesia que sale a la calle. Los cardenales vamos a tener ese movimiento de cercanía, de escucha al pueblo de Dios y de ponernos al servicio”, agregó.

el Papa y PoliLa posición de Poli no es para nada sencilla. Con Bergoglio en El Vaticano el principal referente religioso para políticos y líderes sociales de Buenos Aires parece estar en Roma. Todos quieren viajar y obtener la foto con el pontífice. Al mismo tiempo el arzobispo se ha dedicado de lleno a la labor pastoral. El clero local le ha demostrado inmediata estima, su nombramiento fue bien recibido. Él conoce personalmente a casi todos los sacerdotes, gracias a su largo servicio previo en la arquidiócesis. Y en sus primeros meses como pastor ya ha implementado cambios, aunque en privado confesó a uno de sus sacerdotes: “A Bergoglio lo siento acá…” indicando con la mano derecho abierta su nuca.

Por lo pronto la llegada del Papa argentino ya dio sus primeros frutos. El próximo 25 de mayo la presidente de la República, Cristina Fernández de Kirchner, volverá a participar en el tradicional “Te Deum” por la fiesta patria en la Catedral de Buenos Aires, tras una larga ausencia del primer mandatario del país en una ceremonia que históricamente incluía su presencia.

Ese parece ser el sello definitivo a una reconciliación gestada el 18 de marzo de 2013, cuando Cristina y el Papa compartieron la mesa durante un largo almuerzo en la Casa de Santa Marta. Como enviados de la presidente a la investidura cardenalicia de Poli asistieron el secretario de Culto, Guillermo Olivieri; el sacerdote Juan Carlos Molina, titular de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) y el arzobispo de Luján-Mercedes, Agustín Roberto Radrizzani.

Andrés Beltramo

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