Miércoles, 26 Abril, 2017

El miedo a no crecer


houseDeflación. La palabra se ha cernido sobre nosotros como aquella alargada sombra de la que hoy nos hemos olvidado y que se llamaba prima de riesgo. Hoy la amenaza que acosa a Europa tiene aire nipón porque el país asiático, después del brutal despegue económico que experimentó tras la II Guerra Mundial, se estancó, dejó de crecer.

La deflación es, en términos económicos, una bajada de precios sostenida en el tiempo. Aunque desde el punto de vista del consumidor puede resultar positivo, puesto que gastará menos para comprar lo mismo, desde el punto de vista de los productores tiene un efecto devastador que se suele transformar en un aumento del desempleo.

El sistema capitalista está sustentado sobre la base de la búsqueda del beneficio económico. Las empresas no solo producen con el afán de mantenerse sino con el afán de crecer. Entre otras razones, porque el filo que divide el crecimiento del decrecimiento es demasiado fino. Hay que tender al beneficio para evitar la pérdida. A mayor beneficio, mayor necesidad de producción, y a mayor necesidad de producción, mayor empleo.

Pero si el fenómeno de la deflación llega a nuestro país (y un aumento de precios del 0,2% interanual en enero, subida de la luz incluida, suena a posible antesala de un proceso deflacionista) la consecuencia es que el empresario vende más barato, ingresa menos dinero en caja y, para cuadrar sus cuentas, despide a sus empleados con el objetivo de reducir costes.

La deflación en nuestro país ya ha tenido lugar, de manera acusada, tras la explosión de la burbuja inmobiliaria. En los últimos cinco años se ha experimentado una bajada considerable del precio de las viviendas. Sin embargo, esa deflación presente y sostenida en el tiempo ha sido amortiguada por el resto de la economía, donde los precios no han descendido.

naipesLa inflación, es decir, la subida de precios, aunque muy leve, se ha mantenido a lo largo de estos años. Sin embargo, durante este tiempo más de cuatro millones de personas han  perdido su empleo y han visto seriamente dañado su poder adquisitivo. Con lo cual, esa inflación, ha obligado a apretársela más el cinturón y dejar de comprar. Ante esa situación,   las empresas se han visto obligadas a empezar a reducir precios si querían colocar su producción. Pero la consecuencia ya está explicada: menos caja, menos empleo.

Desde un punto de vista ético el problema está en que el equilibrio entre el crecimiento desmesurado de la economía que ha generado la inflación de los últimos años, y las pérdidas que genera la entrada en un proceso deflacionistas es casi imposible de mantener. Un punto de equilibrio se encontraría en un crecimiento sostenido que permitiese una mejora paulatina de la producción por reinversión de beneficios mas un reparto equilibrado entre los empleados pero sin buscar un beneficio extraordinario del que solo se lucrasen los dirigentes. Entonces, no tendríamos miedo a no crecer.

María Solano
@msolanoaltaba

 

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