sábado, 21 octubre, 2017

El egoísmo es la nueva racionalidad


Frank Schirrmacher

Frank Schirrmacher

Nos hemos visto arrastrados al interior de un sistema de pensamiento y comportamiento que nos enseña que es razonable ser egoístas.

El truco consiste en vendernos la operación no como una ideología, sino como parte integrante de la tecnología. ¿Por qué admiraban Federico el Grande de Prusia y toda su época a los “autómatas”, figuras humanas movidas por un mecanismo de relojería? Lo constató Foucault: la gente veía el mecanismo –había interés en ponerlo a la vista- y se decía: vaya, así es como funciona el ser humano. Vivimos el tiempo del neoliberalismo autoprogramado en la técnica. La premisa decisiva dice: “cada uno sólo piensa en si mismo”

Lo racional se convierte en egoísta, y es explosivo. Ya nadie cree a los demás, todo es un juego de faroles y contrafaroles.

egoismoEl nacimiento de este modo de pensar está asociado inseparablemente a la Guerra Fría. Había dos potencias mundiales que no hablaban entre ellas y únicamente se comunicaban mediante jugadas de póquer. Un rearme aquí, una maniobra allá, una declaración en el Pravda, y así sucesivamente, y todo a la sombra de un arma que potencialmente podía destruir a ambos jugadores. Se trataba siempre de fijar un precio que impidiera al otro utilizar las armas: no coincide con el interés egoísta del adversario volar por los aires el mundo entero. Esta idea del precio es la que tanto fascinó a los economistas, no en vano toda la teoría procede de la economía. En mi libro “Ego” (ya traducido al español) explico cómo los mismo físicos que trabajaban en los laboratorios armamentísticos se mudaron, al término de la Guerra Fría, a Wall Street.

egoistaEl hombre egoísta que solo piensa en su ventaja en los mercados, se ha convertido en norma. El tiempo de las teorías y los modelos ha quedado atrás.

Los economistas se han hecho cargo de la gestión del alma del hombre moderno.

Está naciendo un mundo en el que el aparato económico y político sospecha que, detrás de todo, hay algo que se esconde: de ahí la desconfianza endémica. Cuando los Estados se disponen a vigilar a todo el mundo –y no sabemos nada de lo que hacen China y Rusia- ¿qué otra cosa nace sino una paranoia?

 Frank Schirrmacher

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