Miércoles, 16 Agosto, 2017

Bergoglio en el colegio “Inconscientemente aprendí a buscar el sentido de las cosas”


Un inédito de Jorge Mario Bergoglio: una larga carta del 20 de octubre de 1990 desde Córdoba al salesiano Cayetano Bruno, historiador de la Iglesia, hablando de Enrique Pozzoli, el salesiano amigo de familia que lo había bautizado. Extraemos los fragmentos que nos parecen más relevantes.

BergoglioQuerido P. Bruno:

Pax Christi!!

No es raro que hable con cariño de los Salesianos, pues mi familia se alimentó espiritualmente de los Salesianos de San Carlos. Mi experiencia más fuerte con los Salesianos fue en el año 1949, cuando cursé como interno el sexto grado en el Colegio Wilfrid Barón de los Santos Ángeles, en Ramos Mejía. lo mejor que he recibido en Ramos Mejía.

Todas las cosas se hacían con un sentido. No había “sinsentidos” (al menos en el orden fundamental; porque accidentalmente había impaciencias de algún educador, o pequeñas injusticias cotidianas, etc.). Yo aprendí allí, inconscientemente casi, a buscar el sentido a las cosas. Uno de los momentos claves de esto de aprender a buscar el sentido a las cosas eran las “Buenas Noches” que habitualmente daba el P. Director. Ahora, a los casi 54 años, reconozco que esa platiquita nocturna es el punto de referencia de toda mi vida posterior respecto al problema de la muerte. Esa noche, sin sustos, sentí que algún día yo iba a morir, y eso me pareció lo más natural. Cuando uno o dos años después me enteré de cómo había muerto el P. Isidoro Holowaty, cómo había aguantado por mortificación tantos días el dolor de vientre (él era enfermero) hasta que un miércoles, cuando el P. Pozzoli fue a confesar a los salesianos de allí, le ordenó que viera al médico, bueno al enterarme de esto me pareció lo más natural que un Salesiano muriera así, ejercitando virtudes.

Bergoglio1A mí me enseñaron a amar la puerza sin ningún tipo de enseñanza obsesiva. No había obsesión sexual en el Colegio, al menos l año en el que estuve yo. Más obsesión sexual he encontrado más adelante en otros educadores o psicólogos que hacían ostensiblemente gala de un “laissez-passer” al respecto (pero que en el fondo interpretaban las conductas con una clave freudiana que olfateba sexo en todas partes). Existía también un lugar para los hobbys, trabajos de artesanías, inquietudes personales. P.ej. el Padre Lambruschini nos enseñaba a cantar, con el P. Avilés aprendí a hacer un gelatógrafo y a usarlo; había un padre ucraniano (P. Esteban) y los que queríamos aprendíamos a ayudarle en la misa en rito ucraniano… y así tantos recursos (teatro, armar campeonatos, actos académicos, taxidermia, etc.) que canalizaban hobbys e inquietudes. Se nos educaba en la creatividad.

¿Cómo manejaban las crisis nuestros educadores? Nos hacían sentir que podíamos confiar, que nos querían; sabían escuchar, nos daban buenos consejor, oportunos… y nos defendían tanto de la rebeldía como de la melancolía.

Todas estas cosas configuraban una cultura católica. A mí me prepararon bien para el secundario y para la vida. Nunca (al menos en lo que recuerdo) se negociaba una verdad. El caso más típico era el del pecado. Es parte de la cultura católica el sentido del pecado… y allí en el Colegio lo que yo traía de mi casa en este sentido se fortaleció, tomó cuerpo. Uno después podía hacerse el rebelde, el ateo… pero en el fondo estaba grabado en sentido del pecado: una verdad que no se tiraba por la borda, para hacerlo todo más fácil. Hablo de cultura católica porque todo lo que hacíamos y aprendíamos también tenía una unidad armoniosa. No se nos “parcializaba”, sino que una cosa se refería a la otra y se complementaba. Inconscientemente uno se sentía creciendo en armonía, lo cual por supuesto no podía explicitarlo en ese momento, pero luego sí. Y, por otra parte, todo era de un realismo contundente.

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