Jueves, 24 Agosto, 2017

Nadie se suicida en soledad


El poeta Félix Grande cumple la semana que viene setenta y siete años. En absoluto le traigo a estas líneas para recordar efeméride tan perfectamente inadvertida, sino porque a finales del año que se nos fue, pronunció una conferencia en la Fundación Juan March de Madrid sobre su mundo, la poesía. Gracias a las grabaciones que guarda la casa, accedí al audio de la misma y escuché, entre otras cosas, las influencias literarias del maestro: Machado, Vallejo, Hernández, etc.

1Felix-GrandePero en un punto de su disertación me quedé estupefacto y profundamente conmovido. El poeta rememora su infancia, infancia de guerra civil y desaliento, o como él quiso explicarse, de espanto. Contó la anécdota de su madre que, tras un bombardeo en Mérida y una vez que las sirenas dejaron de sonar, se acercó a las escaleras de su casa, y viendo allí a un hombre con el rostro vuelto hacia la tierra, pensó que bien pudiera ser su esposo. Aterrada e incapaz de voltearlo, no supo a qué atenerse. Allí quedó paralizada y fría. El hijo, el poeta, le preguntaría alguna vez a su madre, que llegaría a pasar de los 90, si por entonces él estaba en su vientre o si ya le llevaba en brazos. La madre no lo sabía, o no conseguía recordarlo.

Felix GrandeTras la muerte de varios de sus hijos, porque las guerras se desarrollan así, dejando cadáveres en casa, aquella madre tuvo un mañana el arranque de echarse por un brocal hasta el fondo de un pozo. Aquel impulso de suicido fue contenido por el marido que, valiéndose de la dulzura, la contuvo con sus brazos y le dio consuelo. El hijo, el poeta, dejó constancia que no pudo perdonar a su madre la posibilidad de haberse retirado del mundo. Porque si ella decidía morir, arrastraba con su vida la de otros, el dolor hirviente de todos, de los que andaban ceñidos a ella. Por eso, Félix Grande, dice, se convirtió en poeta, para conseguir que las palabras de los versos pudieran aproximarle a su madre, ya que el lenguaje ordinario se lo impedía.

La poesía de Grande es desgarradora, en ella casi siempre triunfa la desolación. Aquella anécdota que contó entre gemidos ahogados el pasado año en un foro eminentemente literario, no hace sino corroborar la absoluta solidaridad de cuanto hacemos. Toda decisión humana nunca se decide en el margen de lo estrictamente individual, siempre conlleva el arrastre de los otros.

Javier Alonso Sandoica

Comentarios

  1. EMILIA MARTIN-CARO dice:

    Siempre hay “daños colaterales”. Acabo de leer en tu “Face” el articulo de su muerte y no puedo retractarme de lo dicho, Cuando “uno” se suicida no se suicida solo, “uno” se lleva por delante a muchos que te quieren.

  2. Hace unos días un vecino de mi pueblo se ha suicidado
    Un padre de familia ejemplar,muy religioso,excelente persona
    Su dolor y soledad debían ser inmensos pero no se las ha llevado con èl,se ldejado a su familia
    Que tristeza

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