Jueves, 17 Agosto, 2017

Frases imprescindibles de Christian Bobin para conocerse mejor (III)


Gisèle Freund

Gisèle Freund

Todas las técnicas modernas para pacificar a los individuos unos  con otros apuntan a una sola cosa: reducir al máximo el intervalo entre un deseo y su realización. Es una manera angelical de negar el espesor y el peso del tiempo. Pero el amor que es vuelo necesita ese espesor y ese peso.

Vi un hombre en una bolera. Se reía de su torpeza, de su alegría, de estar allí, de acumular tantos malos puntos, y volvía a empezar. Cada vez se reía más. El paraíso debe parecerse a esta escena de vida frívola. El paraíso tiene que estar hecho de esta mezcla, exactamente: una alegría  y una torpeza infantiles unidas.

El cerezo ofrece sus frutos a la hierba espesa y a los gorriones golosos. Sus cerezas a veces viajan y bailan en los mercados, pero él se obstina en su soledad ventosa. Bajo su gorra de flores blancas, piensa en las rojeces venideras y no se imagina por los caminos, dando cuenta de su trabajo.

Lo que encuentro es mil veces más bello que lo que busco.

Nada como una preocupación para hacer ilegible el mundo. La preocupación es una manera de hacer recaer sobre sí una atención tan ruidosa que se acaba muy pronto por no oír nada-ni a uno ni a los demás. Una muerte directamente en vida.

Hay una la literatura que es suntuosa, sobrecargada de oro y de autoestima. Considera el hecho de escribir mayor que la vida. Y hay una manera de escribir que da vueltas en torno a su espejo, una novia que se prueba el traje. Esa no busca nada. No tiene nada que buscar, ha encontrado desde siempre con quién casarse: con ella misma. Su belleza no me impresiona. El poeta Henri Pichette dice que nunca se debería escribir ni una sola frase que no se pudiera susurrar al oído de un agonizante.

Christian Bobin 

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