sábado, 23 septiembre, 2017

El hombre, ¿animal sumamente listo y acomodaticio?


Decía San Gregorio Magno que los bienes materiales, cuando no se poseen, parecen los más preciosos de todos. El incauto los alimenta con su imaginación, una facultad a la espera siempre de poderosas magnificaciones. Los bienes espirituales, por el contrario, mientras no los gustamos, parecen irreales. Además se hacen costosísimos porque no apetecen a los sentidos. Parecen cosa de gente preparada o elevada, o gente que a decidido poner su tienda más allá de los comunes. Los goces materiales, una vez experimentados, sólo a la larga descubren la saciedad que ocultan. Mientras que las realidades espirituales, una vez vividas, se muestran inagotables.

pc3a1jaros-4rt-nicky-loutit-2011Estas palabras de Gregorio Magno, que he trufado con mis pequeñas acotaciones, son propias de un hombre que ha tenido experiencia espiritual, y me recuerdan otras que, dando un salto en el tiempo, traen cosas similares. Son del poeta T. S. Eliot, “el hombre es hombre porque puede reconocer realidades sobrenaturales, no porque pueda inventarlas. O en el hombre todo se remonta a una evolución desde abajo, o algo debe venir de arriba. Este dilema es inevitable. O se es naturalista o supernaturalista. Si despojamos a la palabra “humano” de todo lo sobrenatural que la fe le ha dado, tendremos que mirarle únicamente como a un pequeño animal, sumamente listo, acomodaticio y dañino”.

Javier Alonso Sandoica

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