martes, 17 octubre, 2017

De guerras, miradas y parques temáticos

De guerras, miradas y parques temáticos


Manu Leguineche transmitía una mirada profundamente humana, desolada.Tanto la capacidad de mirar como la de saberlo contar están en muchos flancos en franca retirada.

De guerras, miradas y parques temáticos




Me pregunto qué reportaje estará haciendo ahora que tiene un jefe que no tiene despacho.


Quiero periodistas así, que me hagan pensar y que me den un mal rato o uno muy bueno. No quiero migajas,. No quiero un parque temático.

Murió la pasada semana Manu Leguineche que a las nuevas generaciones no sonará nada. Pero, para quienes nacimos en los 60 y nos criamos en España con aquella televisión única y en blanco y negro, con periódicos diurnos y de la tarde, Manu Leguineche era alguien importante.

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El escepticismo en periodismo es moneda común. A menudo es un arma de defensa y de poner distancia. Aunque a veces es un poco tramposa y cansa. Manu Leguineche no transmitía para nada ese derrotismo de salón, sino una mirada profundamente humana, desolada, porque toda guerra siempre se pierde, como él decía. Y el vio muchas y las contaba.

Descubrí hace algunos años al otro Manu Leguineche, el de la crónica diaria desde el campo. Compré un buen día “La felicidad de la tierra” y me quedé enganchada como antes me habían atrapado sus reportajes y aquellos otros libros sobre guerras y países lejanos, o aquel “Los Topos”, tan impactante. Luego volví a leer otro en la misma línea casi, “El club de los faltos de cariño”. Quien es capaz de viajar a los países más remotos y narrar el espanto tiene la misma capacidad de mirar lo cercano.

El periodismo está cambiando y yo me pregunto a veces a dónde nos llevará todo esto. Tengo la sensación de que tanto la capacidad de mirar como la de saberlo contar están en muchos frentes en franca retirada. Hace falta ejercitar el ojo y el oído y hoy, y creo que también el corazón y la cabeza, pero hoy todos vamos demasiado rápido.

Pero, además, el marketing ganó la partida a los contenidos hace tiempo. Que es como decir que el dinero es más importante que lo que pasa. No hay  más que ver dónde están muchos buenos periodistas, en el paro, y cómo las redacciones son cada vez más delgadas, mientras los despachos de los que organizan las que hoy se llaman empresas informativas son cada vez más grandes.

Que hoy yo lea antes que el periódico a un par de blogueros se lo han ganado a pulso los medios, por así decirlo, tradicionales. Aunque todavía, es cierto, hay periodistas de talla en las viejas naves. Sin ir más lejos, Manuel Jabois, cuya Crónica de Nora en El Mundo me tuvo varios días pensando y toda una noche sin pegar ojo. Me gusta también mucho Vidal Arranz, que en El Norte de Castilla hace cada sábado una entrevista a conciencia a alguien interesante.

Qué difícil escribir tan bien y contar algo espeluznante sin pasarse un gramo. Qué difícil también saber entrevistar a alguien de peso y sacarle algo de lo que sabe. Yo quiero periodistas así, que me hagan pensar y que me den un mal rato o uno muy bueno. No quiero migajas. No quiero vivir en un parque temático.

Escribía Antonio Pérez Henares que Manu Leguineche invocaba a Santa Rebeca de Mornay. Me pareció un detalle entrañable. Como decía que en Dios solo creían los que escriben los editoriales, no los reporteros. Me pregunto qué reportaje estará haciendo ahora que tiene un jefe que no tiene despacho.

Aurora Pimentel

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