Miércoles, 26 Julio, 2017

Javier Klajner, colaborador de Bergoglio con jóvenes en Buenos Aires


El miércoles 22 Klajner sorprendió al pontífice en la Plaza de San Pedro con un mate, la típica infusión argentina. Al ver el termo y la yerba los guardias vaticanos se alarmaron, pero luego comprendieron el gesto. Francisco disfrutó aquel mate, en una mañana fría y lluviosa. Un día después el sacerdote concelebró con el pontífice en Santa Marta

f835bf9930Como responsable de la pastoral juvenil en Buenos Aires usted no sólo trabajo muy de cerca con Bergoglio sino que conoce bien su pensamiento. ¿A qué se refiere él cuando pide “hagan lío”?

Él siempre ha usado estas frases. Como aquello de “no balconeen la vida”, es decir no mirar la propia existencia desde el balcón sin involucrarse. En sus neologismos, los “bergoglismos”, él busca que en una frase quede algo mucho más profundo. El “hacer lío” quiere decir que no se conformen, intenten buscar caminos alternativos. No se trata del “lío” de la revolución, sino de buscar un cambio en las cosas. Por eso en Brasil, cuando pronunció esta frase, pidió que le perdonen los obispos. Recuerdo también otra frase fuerte de él: “Cuando no podés manejar las cosas, recién ahí está el Espíritu Santo”. En definitiva es como decir: “Si podés controlar todo, las cosas son tuyas y no de Dios, pero cuando no lo podés controlar es Dios quien está obrando”. En este hacer lío el Papa invita a intentar, a no desanimarse, a insistir, a no tener miedo a servir.

¿Qué te ha sorprendido más desde que es Papa?

Todo y nada al mismo tiempo, porque sigue siendo el mismo. Mi sensación más profunda es que vivimos una cultura huérfana que hoy tiene un padre en el Papa. A esto se suma otro deseo de Bergoglio de una Iglesia que sea madre, por eso le pide a la Iglesia que exista un espacio de maternidad donde se exprese la figura tierna de María, en una doble dimensión que incluye la firmeza de Pedro.

Antes de ser elegido él ya había presentado su renuncia como arzobispo, había preparado un cuarto donde mudarse en la Casa Sacerdotal, era el número 13. Quizás por eso se le veía quizás un poco cansado. Pero ahora se le ve revitalizado, como rejuvenecido, sin olvidas que se trata de un hombre de 77 años.

¿Hasta dónde crees que puede llegar?

Esa es una pregunta para él. Puedo decir que en él es muy marcado su espíritu ignaciano, es un hombre de oración profunda y siempre con una palabra justa. Tiene muy marcado el discernimiento, ha buscado consejo y ya está marcando hacia dónde quiere que vaya la Iglesia por ejemplo en la exhortación apostólica “Evangelii gaudium” que debe ser leída junto a otros documentos importantes que dan la continuidad al magisterio de la Iglesia.

Pero también existe cierto temor (y no pocas turbulencias) porque algunos lo consideran como el Papa de la ruptura, no tan ligado a la tradición de la Iglesia.

Él siempre ha pedido dialogar desde la verdad; pero si uno no escucha, ¿cómo puede hablarle al mundo moderno? Para escuchar hay que hacer silencio, reflexionar y descubrir qué está pasando. Es un hombre de mucha contemplación, pero también de acción. En él se ve una enorme continuidad profunda con Benedicto XVI quien, en algunos campos, fue mucho más “revolucionario” que Francisco, aunque se trate de dos modos distintos. En el diálogo ecuménico, en la tolerancia cero con la pederastia, en el poner en orden las finanzas del Vaticano. A veces la gente quiere ver lo que quiere ver. Por ejemplo en el avión de Brasil a Roma dijo a los periodistas que él no juzgaba (a los gay) pero aclaró que existe una enseñanza de la Iglesia al respecto.

Esa frase sobre los homosexuales fue muy comentada, pero no fue casual que el Papa la pronunciase, ¿no?

Recuerdo que la gran crítica a Jesús fue porque estaba con los pecadores o no porque estaba con los santos de estampita. ¿Cuál es el modo para que las personas distantes puedan acercarse a este encuentro con Jesucristo? Él le pide a la Iglesia que sea un “hospital de campaña”, donde prive la misericordia. Se trata de volver la mirada al Evangelio, vuelve a la raíz profunda en un contexto cultural distinto donde una cosa es el acompañamiento y otra cosa es decir que eso está bien. Nunca lo ha dicho y nunca lo dirá, es objetivo. Hay que pensar en una madre con varios hijos, si uno es delincuente o está en la droga ella lo va a querer igual. Incluso lo va a cuidar más, lo acompañará y lo cuidará. Ella te puede decir: “él es quien más necesita amor”. No se trata de una cuestión de formas exteriores, es una actitud del corazón. Quién más lo necesita no tiene lugar, el hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. ¿Qué madre va a estar de acuerdo con que su hijo robe? No estará de acuerdo, pero eso no impide que lo ame. El Evangelio abre e invita a un salto de calidad, a ser mejor.

Andrés Beltramo

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