sábado, 23 septiembre, 2017

Sobran charlatanes y faltan filósofos

Sobran charlatanes y faltan filósofos


Hay una deriva que se fragua desde hace muchos años y que viene a sustituir lo que uno es, la verdad o lo bueno, por la percepción del público, por el reconocimiento o el éxito, sea éste mediático, de voto, de compra, etc.

Sobran charlatanes y faltan filósofos




En resumen: al final no hace falta ser honrada, sino sólo parecerlo. Y esto pasa en muchos lares. Pues vaya mandanga.


Sobran charlatanes y faltan filósofos, ingenieros, agricultores y madres y padres, artistas. Y esto no es a nivel social, es dentro de cada uno de nosotros.

charlatanes-de-feriaDicen las encuestas que tal o cual partido o tal o cual ministro bajan en consideración. Y ciertamente es importante saber, en el ámbito político, cuál es el pulso de la calle, la intención de voto y lo que piensan las personas de nuestros gobernantes. Especialmente porque ellos deben rendirnos cuentas y, también, saber qué pensamos los ciudadanos.

Pero hay otra parte que yo creo que es perversa en todos esos datos, una deriva que se fragua desde hace muchos años y que viene a sustituir lo que uno es, la verdad o lo bueno, por la percepción del público, por el reconocimiento o el éxito, sea éste mediático, de voto, de  compra, etc.

Quienes trabajamos en comunicación, y a pesar de ello no hemos llegado todavía a ser tontos de remate, cosa francamente difícil –es uno de los ámbitos donde puede tragarte la estupidez reinante- sabemos que muchas empresas, partidos políticos, entidades no lucrativas y hasta los más diversos personajes tienen cifradas en lo que llaman reputación muchas de sus esperanzas.  Y esto es un gran fracaso a mi entender.

Esto de la reputación es lo que antaño se llamaba imagen, más o menos el conjunto de las percepciones de los públicos diversos con los que trata una organización o persona y nos hace tener confianza en una entidad o persona, y en consecuencia votarles, comprarles, etc.

Pues bien, uno de los mantras que más se repite sin pensar es precisamente lo importante que es “gestionar” la reputación, o, también, la marca, otro concepto muy en boga.

Es decir, que al final lo que importa no es ser una buena empresa, sino lo que piensen de ti todos esos públicos con los que te relacionas, lo que piensen de tu producto, de tu candidato, etc. Por eso se dedican tantos esfuerzos a “gestionar” la reputación y marca, algo que no tiene en sí nada de malo si no se le diera tantísima importancia, a veces prioritaria y casi exclusiva en relación a otras.

De hecho, todo esto se ha explicado en las facultades de comunicación sin el menor sonrojo, y ha impregnado de tal manera al ámbito corporativo y de comunicación institucional que uno tiene la sensación de que se dedican muchos más esfuerzos y presupuesto a decir qué buenos somos que a serlo, a contar algo que a dedicar tiempo y ganas a hacer un buen producto o servicio o mejorarlo.

En resumen: al final no hace falta ser honrada, sino sólo parecerlo.  Y esto pasa en muchos lares. Pues vaya mandanga.

charlatanes_9_160111_110112_okSupongo que hay filósofos que lo explicarán mejor y con más fundamento, pero  creo que no hace falta serlo para caer en la cuenta que desde el momento en que una sociedad renuncia a aceptar que no es el reconocimiento de los demás lo que hace a algo o alguien bueno o bello, mejor o peor, que no es el voto o la compra, el aplauso o el éxito, lo que dice la verdad de las personas, las organizaciones o las cosas, algo muy serio pasa.

Nótese por ejemplo el esfuerzo que se pone en hablar de marca España, el dinero que posiblemente se gasta y lo endeble de esta construcción que se pretende edificar en el aire, con mimbres endebles, frívolos, sin peso, nada.

Sólo hace falta ver el anuncio de Campofrío de estas  navidades pasadas y las del otro año para caer en la cuenta de que si lo que nos une es que hablamos a gritos y nos abrazamos somos un país de muy poco fuste, no tenemos ni media bofetada, por mucha gracia que te haga el spot.

Es fundamental comunicar, claro. Algo que, además, dos partes, saber escuchar y saber también contar un relato. Sin embargo creo que renunciar a la realidad y la verdad de las personas o las cosas es cavar nuestra tumba. Una cosa es que la verdad y la realidad sean poliédricas y complejas, tengan capas y profundidades, y podamos acceder a ellas con dificultades, o que Dios, si eres creyente, sea el único que sabe la verdad de todo, y otra, muy diferente, renunciar a ellas a priori.

Sobran charlatanes y faltan filósofos, ingenieros, agricultores y madres y padres, artistas, mujeres y hombres, personas.  Y esto no es sólo a nivel social, es dentro de cada uno de nosotros.

Y todo esto venía por lo que opinen de Gallardón y el aborto.

Aurora Pimentel

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