Miércoles, 16 Agosto, 2017

“En esta familia no hay respeto, aquí sólo se busca herir”


Lo malo de depender de un texto teatral es que el teatro puede volcar toda su arena sobre el trabajo del director de la película, y así pasa con Agosto. Elia Kazan lo hizo francamente bien con Tenesse Williams, pero aquí no ocurre. La familia paranormal de Agosto es un pozo de sorpresas, a cual más hiriente, un tour de force por saber quien suelta el insulto mayor o revela el secreto menos violado hasta la fecha.

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Una madre de familia de Oklahoma (Meryl Streep) recibe en su casa a sus hijas para buscar al marido, que ha desaparecido inesperadamente. Todo el metraje es la revelación de una personalidad repugnante, la de una madre mitad arpía mitad bestia salvaje, que irá asesinando con sus palabras a todos los miembros de la familia que se juntan a la mesa. Hay crímenes mayores que los que dejan cadáveres en los armarios, como la crueldad escondida en los diálogos cuando no hay reserva, cuando el hombre abandona la contención. Lo dice el cuñado de Meryl Streep a su mujer, “en esta familia no hay respeto, aquí sólo se busca herir”. Todo resulta excesivo y tan grandilocuentemente negativo, que el espectador no llega a experimentar sorpresa por no entrever un hilo de optimismo en la trama, o algo de nobleza. Quizá el momento más trágico de la película, pero verosímil, sea el de la bendición de la mesa. El cuñado se explaya en un discurso sin fin y vacuo. Se observa que en ninguno de los miembros que se reúnen a comer, hay una certidumbre más allá de sus propias pasiones.

Los grandes protagonistas de la película son los fármacos adictivos, el tabaco, el alcohol, la marihuana, todo aquello que sirve de sustituto de una unidad perdida. La familia entendida como mito al que no se puede poner carne y las relaciones humanas más parecidas a las riñas de los gorilas. Bienvenidos a Agosto, a pasar calor y a helarse….

Javier Alonso Sandoica

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