Miércoles, 26 Julio, 2017

Arte, cosa de otro tiempo


Arte 1Recuerdo que hace unos años, la noticia de que unos barrenderos de Frankfurt habían mandado a la incineradora municipal una escultura, nos dibujó una enorme sonrisa. La obra en cuestión estaba realizada a base de plásticos arrugados y objetos variopintos agrupados a criterio del “artista”, de tal manera que el conjunto de la obra no dejaba lugar a dudas, aquello era una basura. Así lo comprendieron los empleados de la limpieza, y actuaron en consecuencia. El problema estriba es que nos hemos acostumbrado a que cualquier obra de arte primero tenga que ser etiquetada como “obra de arte” para ser apreciada como tal, y no al contrario, que es lo que debería suceder de forma natural si el artista consigue su objetivo. Cualquiera puede reconocer que una pintura de Goya es arte antes de leer la chapa del marco.

Arte 2Los autodenominados “artistas” se empeñan en difuminar la definición de arte para conseguir ocultar su falta de talento. A ello también han contribuido las instituciones del Estado al dar cancha a cientos de caraduras, que han sabido vivir de la teta de las subvenciones a base de pinchar un palo en una mierda. Los ministerios de cultura europeos son una lacra para el arte y la cultura. Por definición, arte y cultura deben tener la independencia necesaria para desarrollarse y crecer. Una vanguardia debe romper con lo establecido para poner sobre la mesa nuevas propuestas que hagan reflexionar a la sociedad, y eso, es precisamente lo que ningún Estado del mundo quiere. Es más fácil ejercer el control sobre lo ya conocido, que ir a remolque de lo que los nuevos creadores propongan. Así, tener alimentado el “mercado del arte contemporáneo” a base de obras apadrinadas, con un escaso componente de rebeldía, protesta y transgresión, resulta más cómodo. El que paga manda.

Arte 3A pesar de todo ello, atrapar un rayo en una botella no resulta sencillo. Y las “obras” que se crean acaban por convertirse, para disgusto de las instituciones que las amparan, en espejo de su propio tiempo. Ahora vemos como el Palau de Les Arts de Valencia se desmorona. El omnipresente Santiago Calatrava ha vuelto a dar muestra de su verdadera condición: arquitecto de moda, nacido a la sombra de políticos y chupatintas, cuyo trabajo hace aguas allá donde se levanta.

Arte 4Lo que sí ha sabido dibujar con precisión el arquitecto valenciano es la metáfora del momento que nos ha tocado vivir: estamos construyendo un mundo con frágiles cimientos, que se tambalean al más mínimo movimiento. El arte como motor de la civilización, como base del pensamiento, como esqueleto en el que se debe ir formando el hombre, ha desaparecido para dar paso a la techumbre del Palau o la escultura de Frankfurt.

Arte 5Hace unos días, el muro vacío de una calle de Madrid amaneció sembrado con más de cien cámaras de vigilancia apuntando hacia nada en concreto. Se trata de una instalación creada por el “artista urbano” conocido por el seudónimo de SpY. Sus obras llevan arrancado sonrisas y reflexiones a los madrileños desde hace años. Tal vez no sea ARTE con mayúsculas, pero sí que sus trabajos empujan a la meditación y la crítica. Parece que este última obra ha sido financiada por el Ayuntamiento en una especia de huida hacia delante. Si tu enemigo es más fuerte, únete a él. Espero que la mirada de SpY siga siendo tan ácida e independiente como lo ha sido todo este tiempo, pero lo dudo. El dinero acomoda incluso a los que ven en Orwell el oráculo de un futuro en el que ya estamos instalados.

Arte 6Mientas siga existiendo Ministerio de Cultura (y similares), la cultura permanecerá en hibernación. Eso sí, tendremos Calatravas a los que venerar y un vacío tremendo que dejar como herencia.

José Cabanach

 

 

 

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