martes, 17 octubre, 2017

El innato sentido del asombro


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Para mantener vivo en un niño el innato sentido del asombro, sin contar con ningún don concedido por las hadas, se necesita la compañía al menos de un adulto, con quien pueda compartirlo, redescubriendo con él la alegría, la expectación y el misterio del mundo en que vivimos. Los padres a menudo tienen un sentimiento de incompetencia cuando se enfrentan, por un lado, con la impaciente y sensitiva mente de un niño, y por el otro, con un mundo físico de naturaleza compleja. Bajo este estado derrotista, exclaman, “cómo es posible que enseñe a mi hijo sobre la naturaleza, si no sé ni siquiera distinguir un pájaro de otro”.

Yo creo que los años de la infancia son el tiempo para preparar la tierra. una vez que han surgido las primeras emociones, el sentido de la belleza, el entusiasmo por lo nuevo y lo desconocido, la sensación de simpatía, compasión, admiración o amor, entonces deseamos el conocimiento sobre el objeto de nuestra conmoción. Una vez que lo encuentras tiene un significado duradero

¿Cuál es el valor de conservar y fortalecer el sentido de sobrecogimiento y asombro, este reconocer algo más allá de las fronteras de la existencia humana?, ¿es explorar la naturaleza sólo una manera agradable de pasar las horas doradas de la niñez o hay algo más profundo?

Yo estoy segura de que hay algo más profundo, algo que perdura y tiene significado. Aquellos que moran, tanto científicos como profanos, entre las bellezas y misterios de la tierra, nunca está solos o hastiados de la vida. Cualquiera que sean las contrariedades o preocupaciones de sus vidas, sus pensamientos pueden encontrar el camino que lleve a la alegría interior y a un renovado entusiasmo por vivir. Hay algo infinitamente reparador en los reiterados estribillos de la naturaleza.

Me gusta recordar al distinguido oceanógrafo sueco Otto Petterson, que murió hace pocos años a la edad de 93, en plena posesión de sus facultades mentales. “Era un incurable romántico”, escribió su hijo, “profundamente enamorado de la vida y de los misterios del cosmos”. Cuando se dio cuenta de que no le quedaba mucho para disfrutar del escenario terrenal, Otto Patterson le dijo a su hijo “lo que me sostendrá en mis últimos momentos es una infinita curiosidad por lo que sigue”

Rachel Carson

Comentarios

  1. Precioso artículo Rachel. Ojalá mantengamos la mirada de niño hasta el final de nuestros días con la misma atención y entusiasmo que Otto Patterson. Gracias por regalar belleza.

  2. Este libro es buenísimo!!! Pequeño, intenso y verdadero

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