Lunes, 26 Junio, 2017

Burbujas eléctricas y otras burbujas


msolano20140106-foto1La cuesta de enero es un típico tópico del que escribir en las primeras semanas del año pero es que en este 2014 recién inaugurado se convierte en casi imprescindible, no tanto para volver a lloriquear sobre nuestra funesta suerte, toda vez que no es tan funesta comparada con otras mucho más funestas, sino porque merece la pena detenerse sobre la realidad del precio de la electricidad.

La cuestión de la energía es, sencillamente, otro ejemplo de burbuja y se podría trazar una analogía respecto a lo que ha ocurrido con el ladrillo. A nadie se le escapa que la promoción de las energías renovables con primas elevadas tenía más de limpiar la imagen de la España contaminante del carbón que de cálculo sincero de necesidades de electricidad. Luego hubo una sobrevaloración similar a la que los bancos hicieron de la capacidad de sus clientes para pagar las deudas hipotecarias.

Pero si ese es el origen, y ahora ya  lo sabe la sociedad, no por la claridad expositiva de los medios sino por el acierto de las eléctricas al elaborar unos sencillos y didácticos spots radiofónicos que dejan al descubierto el peso impositivo que lastra cada kilowatio, queda otra cuestión más compleja: el poder de los mercados de futuros.

Les voy a hacer una confesión. El día en que, con 18 años, me explicaron en un aula de la Facultad de Económicas cómo funcionaba el mercado de futuros,  comprendí que esto de la economía era tan etéreo como las pompas de jabón con las que juegan los niños.

msolano20140106-foto2Mientras aquel profesor explicaba sus complejos conceptos de matemáticas financieras y repetía términos irrepetibles que nos han llevado al hoyo, yo me imaginaba a los mercaderes de los futuros, los swaps y demás jerigonza frente a una enorme ruleta. En lugar de rojo y negro, aquí se apuesta si subirá el trigo o qué precio tendrá la energía del mañana. Era como dejar que los jugadores del Monopoly cambiaran el tablero por la vida real pero jugaran con las vidas reales de los demás.

Si yo, que no soy muy lista y que entonces era bastante más simple y menos leída, me di cuenta de que había algo raro en aquel tráfico  de precios futuros de bienes y servicios de primera necesidad, otros mucho más listos que yo pudieron prever las consecuencias que esas negociaciones tendrían sobre el precio real de los productos del mañana.

El problema de la burbuja eléctrica, como el de la inmobiliaria, es que nos mienten los que dicen que llegó de repente. Hasta las miradas menos sagaces sospechaban que el crecimiento no podía ser ilimitado más que en el papel. Y como estas, quedan otras muchas burbujas que nadie se atreve a pinchar. Ahí está, por ejemplo, la del fútbol. Ahí está la de las autonomías, que se critica pero no se toca; la de los diputados, la de los senadores, la de los asesores… Y todas, todas, las vemos venir, fascinados por sus delicadas irisaciones, incapaces de reconocer que son tan etéreas que se van a estallar.

María Solano Altaba

Deja un comentario