martes, 17 octubre, 2017

Rosa Valdeón y el valor de las emociones


ecoEl aborto también tiene su economía por eso me permito traerlo a estas páginas digitales en plena avalancha de falacias por la nueva ley propuesta por Gallardón. Sigue sin ser la mejor pero qué duda cabe que ha mejorado bastante respecto a esa situación lograda por Bibiana Aído que convertía, literalmente, el acto de matar fetos (llámelo usted vida humana, vida animal, pero vida en cualquier caso) en un derecho adquirido por la madre bajo la falacia deductiva que encubre el refrán “eres mi gato y si quiero te mato”.

Permitan mi crudeza. Se mata. No se interrumpe ni se aborta. Se mata por decisión propia. Es una puntualización muy interesante porque los defensores del aborto se ocupan siempre de suavizar este concepto. El que decide abortar elige entre que siga habiendo vida donde la había y hacer que deje de haber vida donde la había. Igual que el gato, que si quiero, lo mato.

Pues eso, en vez de gato, ponga usted hijo. Y es que para algunos, hijo es animal de compañía que llega cuando al dueño le apetece y no llega cuando al dueño le apetece. Porque detrás de esta defensa a ultranza de la libertad de conciencia y decisión de la mujer no se esconde una lucha encarnizada por sus derechos sino una lucha encarnizada por sus comodidades. La economía de los preaborto computa en: vida de la madre tal cual era ayer frente a cambios en la vida de la madre más una nueva vida. Y en la economía de la sociedad de consumo muchas mujeres se decantan por lo malo conocido.

nosoyunjugueteLo ha expresado tan claramente la alcaldesa de Zamora que le vuelve a uno el estómago del revés pensar cuál es el motor de la acción de la sociedad actual. El término que ha utilizado Valdeón es “libertad emocional”. Esgrime que la emoción de una madre al recibir la noticia de que su hijo llega con malformaciones puede ser insuperable, insufrible, inaguantable. Para esta política debería entrar dentro de su libertad, protegida por sus derechos, no tenerse que enfrentar a esas emociones. Claro, olvida oponer en el binomio que, para no enfrentarse a esas emociones, tiene que matar a la causa de esas emociones que no es otro que su propio hijo.

Hagamos el ejercicio, siempre divertido, de trasladar el concepto por analogía a otras situaciones. Un caso terrible: un brutal accidente culpa de un conductor borracho deja viuda con tres hijos, uno de ellos en silla de ruedas. La viuda sufre un dramático impacto emocional aparentemente insuperable, insufrible, inaguantable. Su deseo, en momentos de infinito dolor, quizá habrá previsto la muerte del infractor que ha destrozado su vida hasta extremos absolutamente incompresibles.

Otro ejemplo plausible: si un feto malformado causa a la madre daños emocionales irreparables, ¿cómo actuamos ante un hijo drogadicto que extorsiona a su familia constantemente? ¿Podría la madre, la misma madre que tuvo libertad de elección en el vientre materno, velar por la “libertad emocional” del resto de su familia y deshacerse de ese hijo? Inasumible.

Desde la pendiente deslizante del aborto que propone la señora Valdeón, se pasa de la “libertad emocional” de no sufrir a un niño con malformaciones a la “libertad emocional” de matar al que destrozó la vida. El problema de razonamiento de los proabortistas es que no existe la “libertad emocional” porque no controlamos los sucesos que afectan a nuestras emociones.

La realidad es que se intenta disfrazar la “comodidad personal” como “libertad emocional”. Pero, gracias a Dios, no existe el derecho a matar porque a alguien le provoque “emociones” negativas aquello que le ha pasado.

María Solano Altaba
@msolanoaltaba

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo.
    Yo siempre les digo lo mismo, “si no es una vida, si no es nada, dejémoslo… no es nada ¿no?”. Respuestas que tuve: “¡Oh no!, que si no crece”.
    Aaah…. ¿entonces sí es algo ?, luego es cuando llega la callada por respuesta….
    En fin….

  2. Muy bueno¡¡¡ con buenisimos y verdaderos ejemñlos

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