miércoles, 22 noviembre, 2017

Cinco meses de secuestro, se teme por su vida


Han pasado exactamente cinco meses del secuestro del jesuita padre Paolo Dall’Oglio, fundador de la comunidad monástica de Mar Musa que tras treinta años viviendo a la sombra del régimen de Damasco, ha tomado partido por los rebeldes recibiendo en cambio la expulsión del país.

Padre1Desobedeciendo las recomendaciones vaticanas, Abuna Paolo, como lo llaman los suyos, ha vuelto varias veces a Siria después de su expulsión en junio de 2012 hasta que fue secuestrado en la ciudad de Raqqa mientras, parece ser, estaba tratando con los guerrilleros del Estado Islámico de Irak (ISIL) la puesta en libertad de un equipo de ‘Orient TV’, la emisora de la disidencia con base en el Kurdistán de Irak con los que había colaborado. “Estamos trabajando a fondo sobre el terreno, tanto a nivel diplomático como con colaboradores institucionales y no institucionales”, dice la Unidad de Crisis de la Farnesina, la central operativa que en los últimos dos años ha devuelto a casa a 37 secuestrados italianos (quedan prisioneros padre Paolo y Giovanni Lo Porto).

En un cierto momento, después de meses de silencio sobre el paradero del jesuita de 59 años, el secretario del Frente Nacional Sirio, una de las miles siglas de la oposición, había denunciado su ejecución, noticia que fue poco después desmentida gracias a “fuentes de confianza” del activista y director del Arab Reform Initiative, Salam Kawakibi. En realidad, repite la familia Dall’Oglio, hablar lo menos posible del secuestro es lo que más puede ayuar para que se resuelva con éxito, sobre todo considerando las coordinadas geográficas.

padre3Raqqa, en la región oriental que se extiende entre Aleppo, en la frontera turca y la iraquí, no es una localidad cualquiera en el rompecabezas de la guerra civil siria, que ya ha costado la vida a más de 110 mil personas. Desde que hace nueve meses fuera conquistada por los rebeldes, la ciudad se ha convertido en una especie de Kandahar, el bastión de los talibanes en Afganistán, donde un letrero a la entrada da la bienvenida al ‘Estado Islámico de Irak y Siria’, e implícitamente anuncia la feroz ley islámica a la que son hoy sometidos los ciudadanos. El mérito de la victoria sobre los lealistas al régimen no pertenece a los opositores armados del Ejército Libre Sirio (casi inexistente en Raqqa), sino a las milicias anti-régimen yihadistas, entre las que se incluyen el Isis y Jabhat an-Nusra, que para declarar la primera provincia “liberada” no han tenido que combatir ni siquiera demasiado.

Según la reconstrucción del periódico libanés ‘al Akhbar’, Raqqa, que hasta finales de 2012 era tan tranquila que dada cobijo a medio millón de prófugos de Idlib, Deir ez-Zor y Aleppo, y a Asad de visitar l’Eid al-Adha, había caído “misteriosamente” en pocas horas, con los gobernantes en retirada, bajo la mirada en lugar de bajo los tiros de los adversarios. Desde aquel momento la ciudad se ha convertido en un infierno, con ejecuciones sumarias de alauitas, cristianos y activistas liberales acusados de espionaje, las rivalidades internas entre el Isis y al-Nusra, y los golpes periódicos de la artillería del gobierno, los choques con los milicianos curdos respecto a los cuales Paolo Dall’Oglio intentaba desde hace tiempo negociar una tregua.

Padre4Los nuevos señores de Raqqa, muchos de los cuales no son sirios, tienen una agenda diferente de la de los rebeldes del principio de la guerra, contra los que sucede a menudo que luchen, y, como prueban sus actuaciones militares, no les falta dinero. Si el padre Paolo está en sus manos, el tiempo podría no ser breve. Un destino amargo para el jesuita que hace pocos meses había puesto sobre el papel su fe en el diálogo interreligioso con el libro ‘Enamorado del Islam, creyente en Jesús’, una apertura de crédito a los musulmanes tan avanzada que le había procurado no pocas antipatías entre sus hermanos.

Francesca Paci

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